Por: Juan David Muñoz, Socio, McKinsey & Company
Durante meses nos hemos estado haciendo la pregunta equivocada. Nos preguntamos qué trabajos iba a reemplazar la inteligencia artificial, cuando la verdadera pregunta siempre fue otra: ¿cómo cambia el trabajo cuando humanos, agentes de IA y robots empiezan a trabajar juntos?
Ese cambio ya comenzó. La inteligencia artificial dejó de ser una promesa tecnológica para convertirse en una decisión de negocio. Todos los días, empresas en América Latina están redefiniendo quién hace qué, cómo se toman las decisiones y dónde realmente se crea valor.
Nuestro más reciente reporte de McKinsey, Agents, robots, and us: How AI reshapes work and skills in Latin America, llega a una conclusión que llama la atención: hasta el 57% de las horas trabajadas en América Latina podría automatizarse con tecnologías que ya existen. De ese total, un 39% corresponde a agentes de IA para trabajo no físico y un 18% a robótica para actividades físicas.
Es un dato que suele malinterpretarse. No significa que el 57% de los empleos vaya a desaparecer. Significa que la forma en que trabajamos está a punto de cambiar radicalmente. El trabajo ya no será exclusivamente humano.
El nuevo campo laboral
El futuro del trabajo no pertenece únicamente a las personas ni únicamente a la inteligencia artificial. Pertenece a ambos. La enorme mayoría de los cargos combina actividades repetitivas —que hoy pueden ejecutar agentes— con otras que siguen requiriendo criterio, contexto, creatividad, empatía y responsabilidad. El reto ya no consiste en decidir qué automatizar, sino en rediseñar cada proceso para que humanos y máquinas hagan aquello en lo que realmente son mejores.
Y América Latina tiene una realidad distinta a la de otras regiones. Mientras en Estados Unidos y Europa cerca de un tercio del trabajo es físico, en nuestra región esa proporción se acerca a la mitad. Eso significa que los robots tendrán un papel más importante que en otros mercados, aunque el mayor potencial económico seguirá viniendo de los agentes de IA.
Hoy, aproximadamente el 36% del empleo latinoamericano está concentrado en ocupaciones centradas en personas, un 28% en funciones híbridas y un 37% en trabajos que probablemente se volverán mucho más intensivos en inteligencia artificial.
Cuál es el premio económico
Colombia refleja bien esa realidad. Alrededor del 55 % de las horas actuales de trabajo podría automatizarse, ligeramente por debajo del promedio regional. Aun así, el potencial económico ronda los US$27.000 millones anuales hacia 2030, una de las oportunidades más grandes de América Latina.
Al mismo tiempo, cerca del 80 % de las habilidades humanas seguirán siendo relevantes. Lo que cambia no es la necesidad de las personas, sino la naturaleza de su trabajo. De hecho, el número de profesionales colombianos en posiciones que requieren fluidez en IA creció 3,7 veces entre 2023 y 2025.
La región proyecta automatizar apenas el 14 % de las horas actuales de trabajo, frente al 27 % en Estados Unidos y el 25 % en Europa. Los menores costos laborales reducen el incentivo económico para automatizar; la robótica sigue siendo relativamente costosa y muchas organizaciones aún no cuentan con las capacidades necesarias para integrar estas tecnologías.
Sin embargo, incluso con esas limitaciones, cerca del 80% del valor económico potencial proviene de agentes de IA, no de robots. Incluso en industrias intensivas en trabajo físico, al menos dos terceras partes del beneficio esperado surge de automatizar actividades intelectuales.
Las habilidades más valiosas seguirán siendo humanas.
Existe otra conclusión que merece mucha más atención. El 66% de las habilidades más demandadas aparece tanto en actividades automatizables como en aquellas que no lo son. Resolver problemas complejos. Trabajar con otros. Comunicar. Tomar decisiones. Nada de eso pierde valor. Todo lo contrario: se vuelve más importante.
Las personas dedicarán menos tiempo a producir información y mucho más a interpretar resultados, cuestionar recomendaciones, manejar excepciones y asumir la responsabilidad final de las decisiones. Ya estamos viendo ese cambio.
En un banco latinoamericano, 45 agentes de IA elaboran memorandos de crédito con un ahorro del 85 % en horas de trabajo, mientras los analistas se concentran en revisar, desafiar y decidir. El tiempo total de decisión cayó un 55%.
En una aerolínea de la región, cuatro agentes redujeron de varias horas a apenas cinco minutos el análisis de una disrupción operacional. Los operadores siguen siendo quienes validan, coordinan y responden por la decisión final.
El camino está trazado
Las organizaciones tendrán que rediseñar procesos completos alrededor de las fortalezas de humanos y máquinas. Tendrán que invertir en nuevas capacidades, transformar la forma en que lideran y asegurar que el criterio y la rendición de cuentas permanezcan en manos de las personas.
Y las organizaciones que entiendan primero cómo combinar el talento humano con agentes inteligentes no solo serán más productivas. También construirán una ventaja competitiva mucho más difícil de copiar. Porque el futuro del trabajo no será humano. Tampoco será artificial. Será colaborativo.




