El crecimiento de un país está ligado a su capacidad para conectar regiones, movilizar bienes y personas, atraer inversión y facilitar el acceso de sus empresas a nuevos mercados. En Colombia, sin embargo, el reto de cerrar las brechas de infraestructura convive con una realidad fiscal que limita la capacidad del Estado para financiar por sí solo las grandes obras que necesita el país.
El desafío no es únicamente construir la infraestructura esencial y estratégica para Colombia, sino encontrar mecanismos que permitan movilizar los recursos que esta requiere, acelerar proyectos y garantizar que las obras puedan ejecutarse sin trasladar toda la presión al presupuesto público.
En ese escenario, el Túnel de Oriente 2 en Antioquia se convierte en un caso de éxito que pone sobre la mesa las posibilidades que tienen las regiones del país para desarrollar megaobras de gran escala, financiadas 100 % con recursos privados que amplía una infraestructura existente y que se desarrolla a partir del crecimiento de una conexión que ya se consolidó como estratégica para la región.

El megaproyecto contempla una inversión de $1,8 billones y avanza tras el trabajo conjunto entre la concesión Túnel de Oriente, Odinsa (empresa de concesiones de Grupo Argos) y la Gobernación de Antioquia. Este genera más de 10.000 empleos entre directos e indirectos y busca ampliar la capacidad de una conexión que actualmente utilizan más de 29.000 vehículos cada día.
Pero su alcance va más allá de la construcción de una nueva infraestructura vial, pues su importancia está en lo que representa para una discusión que Colombia debe abordar: cómo seguir construyendo grandes obras cuando las finanzas públicas enfrentan restricciones y el país necesita recuperar el ritmo de inversión en infraestructura.
Según Jean Pierre Serani, presidente de Odinsa, “vemos en la segunda fase del Túnel una oportunidad para aportar a la capacidad y la calidad de la conectividad en el Oriente antioqueño, un territorio que sigue desarrollándose y creciendo en población, comercio, turismo e infraestructura”.
Y agregó además que este megaproyecto representa “nuestra visión de conectividad y compromiso de largo plazo desde Odinsa y Grupo Argos con el desarrollo sostenible de Antioquia y la construcción de una Colombia más competitiva”.
Una ampliación que nace del crecimiento de la infraestructura existente
El Túnel de Oriente conecta el Valle de Aburrá con el Valle de San Nicolás y el aeropuerto José María Córdova. Desde su entrada en operación, se ha consolidado como una de las conexiones más importantes entre Medellín, Rionegro, Guarne, Las Palmas y el aeropuerto. Durante el último año, cerca de 10,8 millones de vehículos transitaron por el Túnel de Oriente.

Las voces de líderes, empresarios y actores involucrados no han sido ajenas a su desarrollo. El gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, destacó la relación entre el crecimiento de la concesión y la ejecución de la nueva fase del proyecto.
“Todo esto es un ejemplo para el país en estas circunstancias, donde los privados hacen un trabajo formidable, donde el flujo vehicular que transita por el Túnel de Oriente y que ha crecido y se ha mantenido de forma vigorosa, es lo que nos está permitiendo hoy ejecutar la ampliación que conocemos como el Túnel de Oriente 2”, afirma.
La segunda fase, de esta manera, no parte de cero, ya que es la ampliación de una conexión que demostró su importancia para la movilidad y la actividad económica de Antioquia. Es así como la megaobra proyecta que el tráfico alcance los 34.000 vehículos diarios a 2029, equivalentes a 12,4 millones de vehículos al año.
Túnel de Oriente 2: el modelo que Colombia necesita volver a mirar
La experiencia del Túnel de Oriente 2 adquiere relevancia en este momento, considerando que las Asociaciones Público-Privadas (APP) y las iniciativas privadas aparecen como mecanismos para complementar la capacidad de inversión pública.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha señalado que las APP pueden contribuir al desarrollo de infraestructura en términos de calidad, sostenibilidad, competitividad y eficiencia. A su vez, identifica como elementos centrales para el desarrollo de estos proyectos la regulación y la institucionalidad, la factibilidad y estructuración de proyectos sostenibles, el financiamiento, la gestión de riesgos, el monitoreo y la evaluación del desempeño y el impacto.
En otro análisis, el BID hace énfasis en que las APP pueden constituirse en un mecanismo clave para el desarrollo de infraestructura y la provisión de servicios públicos, al permitir a los gobiernos acceder a una mejor calidad y mayor eficiencia en la entrega, además de atraer capital privado.
Así, la segunda fase del Túnel de Oriente no representa únicamente una nueva obra financiada por capital privado, también muestra cómo una infraestructura que ha consolidado una demanda puede convertirse en la base para una nueva etapa de inversión.
Carlos Preciado, gerente de Túnel de Oriente, informó que, actualmente, el megaproyecto avanza en seis frentes de obra y registra un avance del 17 % en las obras civiles y superior al 20 % en el avance general, que incluye también las actividades previas ambientales, sociales y de gestión predial.
También complementó que, durante el segundo semestre de 2026, está prevista la culminación del Puente Sajonia 2, una estructura de 355 metros que conectará el Túnel Santa Elena 2 con la doble calzada Sajonia-Aeropuerto. A su vez, la finalización del Puente Bocaná 2, de 335 metros de longitud, ubicado en el costado occidental del proyecto.

De manera simultánea, se pondrán en operación los 13 frentes de obra requeridos para la construcción de la ampliación a doble calzada, con trabajos coordinados en túneles, puentes y vías a cielo abierto.
A nivel nacional, la megaobra también ha despertado el interés de entidades relevantes para el sector. Tal es el caso de la Cámara Colombiana de Infraestructura, que en cabeza de María Consuelo Araújo, su presidenta, ha hecho énfasis en su aporte.
“Mejora la movilidad en uno de los puntos más sensibles del oriente antioqueño. En últimas, el Túnel de Oriente 2 es una muestra de cómo la infraestructura se convierte en habilitador de competitividad regional: conecta a Antioquia con el país y el mundo, estimula el turismo, la logística y la actividad empresarial, y facilita el acceso a nuevos mercados”.
El respaldo a las APP como mecanismo de desarrollo
La discusión sobre el modelo de infraestructura no se limita al caso colombiano, pues el BID ha planteado que la participación privada es necesaria para ayudar a cerrar la brecha de infraestructura en América Latina y el Caribe, bajo condiciones adecuadas de estructuración, sostenibilidad, regulación y gestión.
Esta discusión también coincide con la hoja de ruta planteada por Elsa Noguera, ministra de Transporte designada, quien ha señalado que una de las prioridades del próximo Gobierno será recuperar la confianza del sector privado, destrabar proyectos estratégicos y reactivar las inversiones en infraestructura. En ese marco, las APP y los esquemas de participación privada adquieren relevancia como mecanismos para movilizar recursos hacia obras que el país necesita, especialmente en un contexto de restricciones fiscales.
En ese orden, Túnel de Oriente 2 aparece como un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando confluyen una infraestructura estratégica, una demanda creciente, una concesión con capacidad de ejecución y capital privado dispuesto a financiar una nueva etapa de inversión.




