La situación del recurso hídrico en Colombia vuelve a encender alertas entre expertos ambientales y económicos. Aunque el país es reconocido por su alta disponibilidad de agua, problemas estructurales de contaminación, gestión ambiental y presión sobre las cuencas podrían terminar impactando directamente el precios de alimentos y el gasto de los hogares.
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El tema adquiere relevancia en un momento en que algunos productos de la canasta familiar comienzan a mostrar señales de alivio en los supermercados. Sin embargo, especialistas advierten que el deterioro del agua y los riesgos de escasez podrían revertir parte de esa moderación en los precios, especialmente en alimentos agrícolas.
El panorama del agua en Colombia genera preocupación
De acuerdo con el último estudio de calidad del agua del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), una parte significativa del recurso hídrico en el país presenta problemas ambientales.
El informe señala que más del 40 % de las estaciones monitoreadas registran algún grado de contaminación, mientras que cerca del 50 % de las aguas residuales domésticas e industriales no reciben tratamiento adecuado.
Esta situación afecta especialmente a grandes cuencas del país. Ríos estratégicos como el Bogotá, Cauca y Magdalena enfrentan fuertes presiones derivadas del crecimiento demográfico, la expansión industrial y actividades como la minería ilegal, que generan vertimientos contaminantes y presencia de metales pesados en el agua.

El deterioro del recurso hídrico no solo tiene implicaciones ambientales. También impacta la productividad agrícola, la seguridad alimentaria y, en última instancia, el comportamiento de los precios de los alimentos.
Por qué el agua puede afectar precios de alimentos
El vínculo entre el agua y el costo de los alimentos es directo. El sector agropecuario depende de este recurso para la producción y es uno de los mayores consumidores del país.
Según expertos en gestión ambiental, la agricultura utiliza cerca del 40 % del agua captada en Colombia, lo que convierte a este recurso en un factor determinante para la producción de cultivos.
La directora del Departamento de Ingeniería Ambiental de Uniagraria, Melizza Ordoñez, advierte que los problemas de disponibilidad hídrica pueden traducirse en impactos económicos concretos.
“Si hay escasez, disminuye la productividad de los cultivos, aumentan los costos por el riego tecnificado y pueden generarse pérdidas de cosechas en épocas de sequía, como ocurre durante fenómenos como El Niño”, explicó.
Esto no solo afecta a los productores rurales. También termina reflejándose en el precio que pagan los consumidores en supermercados y mercados mayoristas.
Cuando el agua escasea o pierde calidad, se reducen los rendimientos agrícolas, disminuye la oferta de alimentos y aumentan los costos de producción.
Señales mixtas en los precios de la canasta familiar
El posible impacto del agua en la inflación alimentaria aparece justo cuando algunos productos de la canasta básica comienzan a mostrar reducciones en sus precios.
Según el Panel de Precios de la Canasta Familiar elaborado por Emporia Consultores y Asociados, el costo promedio del mercado registró una reducción anual de 1,8 % entre febrero de 2025 y febrero de 2026.
El valor promedio de la canasta pasó de $151.188 a $148.567, lo que refleja una moderación parcial en la presión de precios sobre los hogares colombianos.
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El estudio monitorea 23 productos esenciales en siete ciudades principales del país: Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Pasto y Villavicencio.

Entre los productos que más contribuyeron a reducir el gasto del mercado se encuentran:
- Detergente en polvo (500 g): cayó de $5.199 a $4.636, una reducción cercana al 12,1 %.
- Arroz (1.000 g): pasó de $4.540 a $4.411.
- Papa pastusa (500 g): bajó de $2.086 a $2.023.
- Queso campesino (250 g): pasó de $9.253 a $8.745.
- Café (125 g): bajó de $7.589 a $7.418.
También se registraron descensos en productos como azúcar, huevos, fríjol, aceite vegetal, carne, pasta y jabón de barra.
Estas reducciones han ayudado a aliviar parcialmente el costo del mercado en cadenas de supermercados como Éxito, Jumbo, Ara, D1 y Surtifamiliar.
Los alimentos frescos siguen siendo volátiles
A pesar de la moderación en algunos productos de consumo masivo, el Panel de Precios de la Canasta Familiar advierte que los alimentos frescos siguen mostrando mayor volatilidad, lo que mantiene presiones sobre el gasto de los hogares colombianos.
Entre los productos que registraron incrementos o variaciones al alza se encuentran varios alimentos sensibles a factores climáticos y a la disponibilidad de agua.
Por ejemplo, la pechuga de pollo (500 gramos) pasó de $10.102 en febrero de 2025 a $10.146 en febrero de 2026, reflejando un incremento leve pero persistente dentro del análisis del panel.
Otros alimentos básicos también evidenciaron presiones en su comportamiento de precios:
- Cebolla cabezona (1.000 gramos), con aumentos en varias ciudades monitoreadas.
- Plátano verde (1.000 gramos), que registró incrementos en algunos mercados regionales.
- Tomate chonto (1.000 gramos), con variaciones al alza en diferentes plazas del país.
Estos productos tienen una característica común: dependen directamente de las condiciones climáticas, del agua disponible para riego y de la oferta agrícola en las centrales mayoristas.
Los problemas de agua en Colombia no responden únicamente a factores climáticos. La contaminación y la mala gestión ambiental también tienen un papel determinante.
Las aguas residuales domésticas e industriales son una de las principales fuentes de deterioro de las cuencas. A esto se suman actividades como la minería ilegal, que introduce sustancias tóxicas como mercurio en los ecosistemas acuáticos.
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Además, la deforestación y la expansión agropecuaria están alterando el equilibrio natural de las cuencas hidrográficas.
Según Ordoñez, cuando se pierde la cobertura vegetal también se afecta la capacidad del suelo para retener agua: “Si no tenemos árboles ni cobertura vegetal, los residuos del suelo terminan llegando a las cuencas hídricas y se pierde la capacidad del suelo para retener el agua”, explicó la experta.




