Un nuevo mapa científico encendió las alertas sobre el riesgo de inundación en una de las zonas más estratégicas para el abastecimiento de agua de Bogotá. Investigadores de la Universidad del Rosario identificaron que casi un tercio de la cuenca del río Guatiquía —territorio que hace parte del sistema Chingaza— presenta vulnerabilidad moderada-alta o alta frente a este tipo de eventos.
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El hallazgo no solo tiene implicaciones ambientales, sino también económicas y de planificación territorial para municipios en expansión y para Bogotá, que depende en gran medida del sistema Chingaza para su suministro hídrico.
El estudio, desarrollado por el semillero Dinámica Clima-Ecosistemas (Dicemas) del programa de Ciencias del Sistema Tierra, elaboró el primer mapa integrado de vulnerabilidad a inundaciones en la cuenca del río Guatiquía.
De acuerdo con la investigación, “cerca de un tercio de la cuenca presenta vulnerabilidad moderada-alta o alta a inundaciones”, especialmente en las zonas media y baja del río, impactando municipios como Villavicencio, Puerto López, Restrepo y Cumaral.

En términos porcentuales, el área más vulnerable equivale al 32% del total de la cuenca.
El mapa —que clasifica el territorio en cinco niveles de vulnerabilidad, desde baja hasta alta— muestra que el 10,64% del área presenta vulnerabilidad alta, mientras que el 21,19% se ubica en un nivel moderado-alto, según la convención incluida en la investigación
Para Bogotá, el dato no es menor. El sistema Chingaza abastece una parte sustancial del agua potable de la capital, por lo que cualquier alteración significativa en sus cuencas asociadas podría generar presiones adicionales sobre la gestión del recurso hídrico.
El riesgo de inundación no es solo por la lluvia
Uno de los principales aportes del estudio es desmontar la idea de que las inundaciones dependen exclusivamente de la intensidad de las lluvias.
“La lluvia no es el único factor que determina la inundación. Si bien es un detonante, la urbanización como superficie impermeable, las pendientes y la densidad poblacional configuran una vulnerabilidad que debe ser analizada de manera integral”, explicó Juan Felipe T. Bateman, autor de la investigación.
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Esto implica que el crecimiento urbano desordenado, la expansión agrícola y la ocupación de zonas inundables están incrementando la exposición de comunidades y activos económicos.
En municipios como Villavicencio —que ha registrado una expansión urbana acelerada en los últimos años— el riesgo no solo es ambiental, sino también fiscal y social.
El hidrólogo Álvaro Ávila-Díaz advirtió que “los análisis técnicos son fundamentales para prepararnos y entender lo que está sucediendo, pero, como sociedad, debemos preguntarnos cómo hemos transformado el territorio con la ocupación de zonas inundables”
Más allá del diagnóstico, el estudio propone una herramienta aplicable a la gestión territorial. El mapa puede apoyar la actualización del Plan de Ordenamiento y Manejo de Cuencas (POMCA) y contribuir al diseño de estrategias de adaptación al cambio climático en ciudades andinas de rápido crecimiento.
Un aspecto clave es que la metodología empleada permite realizar evaluaciones robustas incluso en regiones con escasa información climática.
“Sin duda este estudio demuestra que sí es posible realizar una evaluación de vulnerabilidad robusta aun con poca información observacional; los bancos de datos alternativos derivados de tecnología satelital abren más posibilidades para la gestión de cuencas tropicales”, señaló María Angélica Moreno, autora de la investigación
Las inundaciones generan costos directos en infraestructura vial, redes de servicios públicos, vivienda y actividad agropecuaria. En territorios estratégicos como la cuenca del Guatiquía, el impacto potencial se amplifica por su conexión con el sistema Chingaza.
El mapa evidencia que la vulnerabilidad no es homogénea: mientras el 24,09% del área presenta vulnerabilidad baja y el 20,96% moderada-baja, una proporción significativa se concentra en rangos medios y altos. Esto obliga a priorizar intervenciones diferenciadas según el nivel de exposición.

El profesor Benjamín Quesada, director del programa de Ciencias del Sistema Tierra, subrayó que “comprender cómo y dónde ocurren las inundaciones resulta fundamental para gestionar de manera integral los territorios y aportar a las comunidades herramientas para adaptarse a los cambios en los fenómenos atmosféricos”
La investigación fue publicada recientemente en la revista científica Environmental Research Communications, lo que le otorga respaldo académico internacional.
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El reto ahora será trasladar estos hallazgos a decisiones concretas en ordenamiento territorial, licenciamiento urbanístico y planificación de infraestructura.




