Instrumentos financieros para promover la inclusión financiera y la equidad de género

Por: Catalina Morales, vicepresidenta de Responsabilidad Social Corporativa Credicorp Capital

Son muchas las historias de mujeres en Colombia que día a día se levantan con el único propósito de trabajar incansablemente para tener ingresos que les permitan tener cómo llevar el sustento a su hogar, pagar las cuentas y satisfacer las necesidades básicas propias y/o de sus familias.

De hecho, la más reciente radiografía poblacional del Dane indica que cerca de 12,9 millones de mujeres son cabeza de familia en el país y, sin ánimo de caer en generalizaciones, es claro que muchas de ellas enfrentan situaciones que las sumergen en contextos de vulnerabilidad, que pueden estar relacionadas a temas estructurales como la violencia, la inequidad o la fragmentación familiar, entre otras.

Un caso con el que varios podemos estar familiarizados es el de las mujeres que trabajan en las actividades del hogar o la oficina, a quienes –por la propia interacción diaria que se genera en desarrollo de su trabajo– muchos llegamos a conocer a profundidad, junto con los desafíos que enfrentan a diario para “darse el lujo” de salir adelante, y entre los que el acceso a al financiamiento desde el sistema financiero formal destaca como una tarea pendiente.

Pero ¿cómo hacer para que estas mujeres o cualquier otra persona acceda a los recursos que necesita para salir adelante? y no menos relevante, ¿cómo ayudarles a que no caigan en los peligros del ‘gota a gota’ cuya “garantía” crediticia es la violencia? Estas son las cuestiones que el sistema y las empresas que lo conforman deben abordar para garantizar no solo el acceso, sino también una fuente que brinde un efectivo flujo de recursos para atender esas demandas.

Diferentes estrategias podrían aplicarse, pero, personalmente, considero que los fondos de inversión y la capitalización a través de la emisión de bonos temáticos son dos instrumentos financieros con gran potencial para poner a disposición, de quienes más lo requieren, el dinero que les brinde la oportunidad para gozar una mejor calidad de vida. 

Es fácil pensar que la relación entre una mujer que trabaja en labores de hogar y algunos de los instrumentos financieros más sofisticados del mercado es nula, pero la realidad es que confluyen en que la necesidad del uno puede ser solucionada con los recursos del otro.  

En el caso de los fondos de inversión vemos que estos vehículos cada vez encuentran menos alternativas para invertir el capital y tener los rendimientos financieros que sus accionistas/afiliados esperan y, a su vez, enfrentan la presión de entrar al Capitalismo Consciente, así como cumplir las metas ESG. En conjunto, esto abre una ventana de oportunidad para aprovecharlos como fuente de financiación por medio de estructuras de financiamiento innovadoras.

Por su parte, las emisiones de bonos etiquetados se convierten en una herramienta al servicio de las personas vulnerables porque ayudan a atender dos de los principales retos y desafíos estructurales en el sistema financiero de Colombia, siendo estos la reducción de brechas (sociales o de genero) y la promoción de la equidad.

Una emisión de esta naturaleza permite conseguir fondos, vía deuda en el mercado de capitales, para realizar préstamos direccionados a clientes específicos. Así, en el caso de emisiones con etiquetas de sostenibilidad y/o género la entidad emisora tiene la obligación de prestar los recursos obtenidos únicamente a mujeres cabeza de familia o emprendedoras, alejándolas de los peligros del endeudamiento informal y generando soluciones que atienden sus necesidades.

Puede que esas mujeres nunca sepan que quien le está prestando el dinero que necesita para impulsar su micronegocio, llevar comida a la casa o pagar la educación de sus hijos son Inversionistas Profesionales (AFPS, compañías de seguros, FICs, Multilaterales, etc), pero lo que sí tiene presente es que el sistema financiero la apoya para romper el ciclo de pobreza; que el crédito al que accede tiene menos requisitos –menos codeudores, hipotecas, presentación de certificados de ingresos–; que si eventualmente falta a un pago no le van a cobrar con un martillo en la mano.

Asimismo, se debe resaltar que no hay mayor dependencia que la económica, de tal manera que el acceso a créditos con enfoque de género, desde fondos de inversión o a través de bonos de deuda, permite impulsar cambios culturales y sociales que incentivarán a que las mujeres tengan más control sobre sus finanzas, pero, sobre todo, a que tengan medios para avanzar en la sociedad.

Finalmente, y no menos relevante, se debe destacar que ese acercamiento al sistema formal le permitirá a las mujeres, así como a cualquier otro ciudadano que enfrenta una situación de vulnerabilidad socioeconómica, adquirir un mejor nivel de educación financiera, aprendiendo elementos para mejorar su salud financiera.

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