La diversificación energética en Colombia avanza a través de proyectos que buscan responder a diferentes necesidades del país: aumentar la capacidad de generación eléctrica, ampliar la matriz energética y llevar el servicio a territorios donde el acceso a la electricidad sigue siendo limitado.
En ese proceso, cuatro iniciativas respaldadas por la Financiera de Desarrollo Nacional (FDN) muestran cómo la financiación y la estructuración especializada pueden convertir estos objetivos en infraestructura concreta. Se trata de los proyectos solares Puerta de Oro, Barzalosa, Terra Site I y Sol-Kai, que combinan generación a gran escala, inversión extranjera, participación comunitaria y soluciones para zonas no interconectadas.
Mientras Puerta de Oro y Barzalosa buscan incorporar nueva capacidad solar al sistema eléctrico, Terra Site I integra al pueblo Arhuaco en el desarrollo y los beneficios de la infraestructura, y Sol-Kai lleva energía continua a hogares Wayúu en La Guajira.
Del potencial a los proyectos
Recibe nuestro boletín en tu correo
Colombia tiene proyectos con gran potencial, pero entre una buena idea y la energía que llega a las personas hay un camino exigente: permisos, conexión a la red, acuerdos con las comunidades, construcción, contratos y financiación. Si alguna pieza falla, el proyecto puede quedarse en el papel.
Estas inversiones requieren recursos elevados y muchos años para recuperarlos. Por eso necesitan financiación especializada. En el modelo conocido como Project Finance, los ingresos futuros del proyecto respaldan la deuda y los riesgos se distribuyen entre quienes tienen mayor capacidad para gestionarlos.
Esto supone anticipar dificultades y acordar quién responde y cómo. Los contratos, las garantías, las reservas y los análisis técnicos, legales, financieros, ambientales y sociales ayudan a dar confianza a inversionistas y prestamistas.
Barzalosa: estructurar para atraer inversión
En Nariño, Cundinamarca, Barzalosa combina capital internacional, un contrato de venta de energía de largo plazo y una gestión integral de riesgos. Respaldado por Scatec y Norfund, cuenta con 100 MW nominales y US$110 millones de inversión extranjera.
La FDN participó como financiador y coestructurador. Antes del cierre financiero fue necesario fortalecer los contratos de construcción y venta de energía, la estrategia predial y el modelo financiero, así como definir reservas y mecanismos de protección frente a retrasos o cambios del mercado. El caso muestra cómo la estructuración contribuye a transformar una iniciativa en una inversión viable.
Puerta de Oro: financiación a gran escala
Ubicado en Guaduas y Chaguaní, Puerta de Oro reunió a inversionistas, bancos colombianos y recursos concesionales internacionales. Con 300 MW nominales y una inversión cercana a COP 1 billón, aportará energía equivalente al consumo de 390.000 hogares.
La FDN aportó cerca de COP 203.800 millones y ayudó a incorporar recursos del Banco Interamericano de Desarrollo y del Climate Investment Funds. Durante la estructuración fue necesario sustituir a un proveedor con dificultades financieras, verificar la capacidad del nuevo contratista y crear mecanismos para atender situaciones prediales.
También se evaluaron el recurso solar, los contratos y la capacidad de pago bajo escenarios exigentes. Resolver estos riesgos protegió la viabilidad de la inversión y dejó una estructura financiera que puede servir de referencia para otros proyectos.
Terra Site I: construir con el territorio
La viabilidad energética también depende de entender el territorio y construir confianza. Terra Site I, desarrollado por Greenwood Energy junto con el pueblo Arhuaco en El Copey, Cesar, incorporó desde el diseño la visión de la comunidad, sus sitios sagrados.
El modelo contempla un aporte ambiental por cada kilovatio-hora vendido, destinado a un fondo administrado por la comunidad para adquirir y preservar tierras. También prevé la transferencia futura de los activos solares al pueblo Arhuaco y la construcción de La Estrella del Amanecer, una aldea de 126 viviendas para más de 350 personas.
La FDN actuó como único financiador de la primera fase, con una operación de hasta $163.000 millones. Con 52,4 MWp, el proyecto vincula la generación de energía con beneficios duraderos para la comunidad y la protección del territorio.
Sol–Kai: seguridad energética hogar por hogar
En las rancherías de Uribia, Sol–Kai llevará servicio continuo a 840 hogares Wayúu en su primera etapa. Los sistemas individuales integran paneles solares, baterías y equipos para administrar el consumo, sin depender de una conexión permanente de datos.
La solución incluye un centro de operación en Uribia, repuestos, técnicos y asesores vinculados a las comunidades, agentes de pago y capacitación para los usuarios. La FDN financia el 100 % de la deuda del proyecto, cuya inversión es de US$5,4 millones.
Dos etapas adicionales están en estructuración, con la aspiración de alcanzar 3.000 hogares. El impacto se refleja en alimentos mejor conservados, estudio nocturno y oportunidades para pequeños comercios y emprendimientos.
Una ruta para más proyectos
Estos casos muestran cuatro dimensiones complementarias de la seguridad energética: acceso para comunidades históricamente desatendidas, construcción con el territorio, generación a gran escala y estructuras capaces de atraer capital internacional. También revelan que no existe una fórmula única. Cada iniciativa exige combinar financiación, contratos, conocimiento técnico, gestión social y capacidad para resolver riesgos concretos.
Sus resultados no se explican solamente en megavatios o cifras de inversión. Se explican en hogares con luz, empleos locales, empresas con energía para producir y regiones con nuevas oportunidades.



