Las inundaciones que golpean a Córdoba y las alertas sobre el río Sinú vuelven a poner en el centro del debate la gestión del agua en Colombia. Mientras más de 200.000 personas enfrentan afectaciones y se reportan pérdidas superiores a 125.000 hectáreas en el agro y la ganadería, el embalse de Urrá opera bajo presión por el aumento sostenido de aportes hídricos debido a las lluvias intensas en Colombia.
Este 25 de febrero, la hidroeléctrica Urrá I confirmó un incremento en las descargas tras registrarse crecientes con picos de hasta 1.784 metros cúbicos por segundo.
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A través de un comunicado, la compañía explicó que “operativamente, y pese a los altos aportes recientes, se tratará de seguir manteniendo las descargas totales al río en el orden de los 700 metros cúbicos por segundo, máximo caudal de operación de la hidroeléctrica en época de lluvias”.
La empresa añadió que “esta disminución de los aportes y la operación del embalse han permitido controlar la creciente del día 24 de febrero, que tuvo picos de hasta 1.784 metros cúbicos por segundo, sin descargar al río caudales superiores a los 700 metros cúbicos por segundo, evitando de esta manera más afectaciones aguas abajo del embalse”.
Sin embargo, advirtió que, ante nuevos pronósticos de lluvia, no se descartan incrementos en el nivel del río Sinú y se deben mantener evacuadas las zonas en riesgo.
Embalses al tope y presión sobre el sistema hídrico en Colombia
El caso de Urrá no es aislado. De acuerdo con reportes recientes de XM, administrador del Sistema Interconectado Nacional, el nivel agregado de los embalses de energía en el país ha superado los promedios históricos para esta temporada, en medio de una hidrología atípica.
Paralelamente, el Ideam ha emitido alertas especiales por saturación de suelos y niveles críticos de almacenamiento en varias cuencas del norte y centro del país.
Este escenario, que históricamente se asociaba con tranquilidad energética tras periodos de sequía, hoy plantea un reto operativo distinto: cómo gestionar la sobreabundancia de agua sin trasladar el riesgo a comunidades, infraestructura y sectores productivos.

Para la industria, acostumbrada a planear bajo escenarios de escasez —especialmente tras episodios recientes de El Niño— el giro es estratégico. Los embalses al tope implican mayores vertimientos, presión sobre los sistemas de drenaje urbano y riesgos de inundación que pueden derivar en interrupciones productivas.
¿Cómo la industria puede convertir las lluvias y los embalses llenos en una ventaja?
Expertos plantean que la gestión de aguas lluvias puede convertirse en un activo empresarial al integrar el uso de aguas pluviales en procesos productivos.
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Ecolab, empresa líder mundial en sostenibilidad , sostiene que la denominada “cosecha de agua” debe entenderse como infraestructura crítica.
“Los datos de monitoreo en tiempo real nos muestran que, aunque el agua lluvia es una fuente valiosa, su variabilidad química requiere un tratamiento de precisión. No se trata solo de recoger agua, sino de integrarla al ciclo productivo sin poner en riesgo calderas o sistemas de enfriamiento”, explica Juan Pablo Contreras, Líder de Cluster Colombia para Ecolab
La oportunidad es doble: reducir la presión sobre los sistemas públicos de acueducto y mitigar riesgos de paradas operativas por inundaciones. “Con los embalses al tope, la industria tiene la oportunidad de despresurizar el sistema público de acueducto. Al tratar y usar el recurso pluvial in situ, las empresas no solo ahorran, sino que contribuyen a que el sistema hídrico nacional respire”, agrega Contreras
No obstante, la captación de aguas pluviales en entornos industriales implica desafíos técnicos. El agua de escorrentía puede arrastrar sedimentos y contaminantes atmosféricos que afectan la integridad de maquinaria y procesos sensibles.

Por ello, el enfoque propuesto incluye sistemas de tratamiento avanzado que garanticen estándares de calidad adecuados para usos industriales exigentes.
Adicionalmente, la gestión digital y el monitoreo en tiempo real permiten equilibrar el uso de agua lluvia con el suministro de red, optimizando consumos y reduciendo la huella hídrica corporativa.
En un entorno regulatorio que avanza hacia mayores exigencias ambientales y reportes ESG más estrictos, esta capacidad puede traducirse en ventajas reputacionales y financieras.
Para el sector energético, embalses llenos significan respaldo para la generación hidroeléctrica, pero también mayores riesgos de vertimientos controlados y presión social.
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Para el agro, las cifras en Córdoba muestran el costo de no contar con infraestructura de drenaje y almacenamiento adaptativa. Y para la industria, el mensaje es claro: la gestión del agua ya no puede limitarse a asegurar abastecimiento en sequía, sino a integrar estrategias flexibles frente a extremos climáticos.




