Entrevista | Bancolombia señala que la seguridad energética es clave para la competitividad del país

El vicepresidente Corporativo del Negocio Bancolombia explica por qué la energía se ha convertido en un factor determinante para la competitividad.

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Colombia enfrenta un doble desafío: atender una demanda de energía que sigue creciendo y, al mismo tiempo, avanzar hacia una matriz más diversificada y sostenible.

En conversación con Valora Analitik, Mauricio Rosillo, vicepresidente Corporativo del Negocio Bancolombia, explica por qué la energía se ha convertido en un factor determinante para la competitividad y el crecimiento económico del país, y qué inversiones se necesitan para garantizar un sistema energético más confiable, resiliente y preparado para el futuro.

Colombia necesita crecer, pero ese crecimiento también significa consumir más energía. ¿Qué tan determinante es hoy la seguridad energética para la competitividad y el crecimiento económico del país?

La energía es una condición habilitante para el crecimiento. Un país no puede pensar en más industria, más infraestructura, más digitalización, más centros de datos, más agroindustria o más vivienda si no tiene detrás un sistema energético suficiente, confiable y competitivo.

Y eso hoy es especialmente importante porque estamos viendo una demanda que crece. En julio, por ejemplo, la demanda de energía eléctrica en Colombia aumentó 6,49 % frente al mismo mes del año anterior y el país alcanzó un máximo histórico de demanda diaria.

Por eso, cuando hablamos de seguridad energética no estamos hablando solamente de evitar un racionamiento. Estamos hablando de tener la capacidad de acompañar el crecimiento económico.

Para mí, el reto es que la energía deje de verse únicamente como un sector y la entendamos como parte de la infraestructura productiva del país. Si queremos que Colombia sea más competitiva, necesitamos energía disponible, a precios competitivos y con una matriz cada vez más diversificada.

En otras palabras, la energía no es consecuencia del crecimiento; es una de sus condiciones.

¿Cómo debería evolucionar la matriz energética del país para fortalecer la seguridad energética y mantener la competitividad?

Creo que Colombia no tiene que escoger entre transición energética y seguridad energética. Necesitamos las dos.

Nuestra matriz tiene una fortaleza enorme en la generación hidráulica, pero justamente por esa concentración también estamos expuestos a la variabilidad climática. Al mismo tiempo, estamos incorporando rápidamente energía solar: al cierre del primer trimestre de 2026, la hidráulica representaba cerca del 62 % de la capacidad efectiva neta del sistema, la térmica cerca del 28 % y la solar 11,2%. Es importante resaltar que en 6 años la participación de las plantas solares en la generación real de energía en Colombia pasó del 0,3 % al 11,2 % mencionado, tomando cada vez mayor relevancia.

Lo que necesitamos es una matriz más diversificada y, sobre todo, un sistema capaz de integrar esas fuentes. Porque la seguridad energética no depende de una sola tecnología, sino de la capacidad del sistema para garantizar energía confiable en diferentes escenarios.

Eso significa seguir incorporando solar y otras renovables, pero también fortalecer transmisión, almacenamiento y fuentes de respaldo. La transición no consiste simplemente en instalar más megavatios renovables; consiste en construir un sistema más flexible y resiliente.

Y hay un elemento adicional: debemos mirar toda la cadena. No podemos hablar de generación sin hablar de transmisión, ni de generación térmica sin hablar de gas, ni de renovables sin hablar de almacenamiento y respaldo.

La matriz del futuro será más diversa, pero también tendrá que ser más inteligente y flexible. Porque, al final, fortalecer la seguridad energética del país implica combinar diversificación, confiabilidad y capacidad de respuesta para acompañar el crecimiento de la demanda y el desarrollo económico.

¿Cuáles son las inversiones más urgentes que necesita Colombia para garantizar energía suficiente y confiable durante la próxima década?

Yo pondría el foco en cuatro frentes, pero con una prioridad muy clara: Colombia necesita aumentar su capacidad de generación al mismo tiempo que desarrolla la infraestructura que permita integrar esa nueva energía al sistema.

Primero, necesitamos nueva generación, especialmente fuentes renovables que nos permitan diversificar la matriz. El crecimiento de la demanda hace necesario que esa nueva capacidad llegue oportunamente.

Segundo, y quizás uno de los mayores retos, está la transmisión. No sirve de mucho tener nuevos proyectos de generación si la energía no puede conectarse y llegar a los lugares donde está creciendo la demanda. Por eso, acelerar la expansión de las redes es fundamental.

Tercero, necesitamos capacidad de respaldo y firmeza. Una matriz más renovable también requiere mecanismos que permitan responder cuando las condiciones de generación cambian. Ahí las térmicas siguen teniendo un papel importante y, hacia adelante, el almacenamiento tendrá cada vez mayor relevancia.

Y cuarto, debemos desarrollar almacenamiento, porque nos va a permitir aprovechar mejor las fuentes renovables, darle flexibilidad al sistema y responder a los momentos de mayor demanda.

Entonces, más que escoger entre generación, transmisión o respaldo, lo que Colombia necesita es invertir de manera coordinada en todo el sistema. Si una de esas piezas se queda atrás, terminamos limitando el potencial de las demás.

Y ahí veo uno de los grandes retos de la próxima década: no solamente conseguir los recursos para invertir, sino lograr que esos recursos se conviertan oportunamente en infraestructura operando.

Desde la banca, precisamente, tenemos que ayudar a cerrar esa brecha: entender dónde están las necesidades de inversión, estructurar proyectos financieramente viables y movilizar capital de largo plazo hacia esas prioridades.

¿Qué papel está jugando Bancolombia en la transformación de la matriz energética del país?

Una de las principales lecciones es que financiar la transición energética no consiste simplemente en poner recursos. También implica ayudar a que los proyectos sean viables, encontrar estructuras adecuadas para cada necesidad y entender que la transición ocurre a distintas escalas.

En Bancolombia hemos acompañado tanto grandes proyectos de generación renovable como iniciativas de generación distribuida que acercan los beneficios de la transición energética a empresas, territorios y comunidades en distintas regiones del país.

En los últimos años hemos acompañado grandes proyectos de energías renovables que cuentan con una capacidad instalada de más de 2,6 GW, con capacidad de generar energía eléctrica equivalente al consumo de casi 2,7 millones de hogares.

La financiación de Bancolombia en estos proyectos asciende a cerca de $3,4 billones, distribuidos en más de 20 proyectos solares. De estos se destacan Puerta de Oro de 300 MW, Puertos de Santander de 250 MW, Guayepo III y Atlántico de 200 MW cada uno, Shangri La de 160 MW, y Barzalosa de 100MW. Adicionalmente destacamos la financiación de un portafolio de 17 granjas solares con una capacidad instalada de 373 MW, ubicadas en Boyacá, Valle del Cauca, Tolima y Cesar, operación que se estructuró mediante leasing por $937.000 millones a un plazo de 17 años para el cliente C2 Energía.

Sin embargo, la transformación de la matriz energética no puede pensarse únicamente desde los grandes proyectos. También debe llegar a las regiones, impulsar el desarrollo local y ampliar el acceso a nuevas soluciones energéticas.

Un ejemplo reciente de generación distribuida son las mini granjas solares que estamos acompañando en el Cesar, con una financiación cercana a $36.000 millones. Estas iniciativas no solo generan energía limpia, sino que también promueven la participación de las comunidades en los beneficios de la transición. A esto se suma cerca de 12 proyectos solares de generación distribuida con capacidad para producir alrededor de 24 GWh de energía limpia al año, equivalente al consumo de cerca de 7.000 hogares y a evitar más de 2.300 toneladas de CO₂ anuales.

Por eso nuestro papel como banco también ha evolucionado. Más que ser una fuente de financiación, queremos ser un habilitador de la transformación energética del país, acompañando la estructuración de proyectos, desarrollando soluciones financieras y movilizando capital hacia iniciativas que contribuyan a una matriz energética más diversificada, confiable y sostenible.

A junio de 2026, estos esquemas nos habían permitido movilizar cerca de $120.000 millones en proyectos solares. Pero más allá de la cifra, lo importante es demostrar que existen modelos capaces de escalar y replicarse en diferentes regiones y segmentos.

La transición energética requiere grandes inversiones, pero también necesita democratizar el acceso a nuevas soluciones. Y la banca puede ayudar a que ambas cosas ocurran.

Si miramos los próximos diez años, ¿qué tendría que ocurrir para que la energía deje de ser solamente una necesidad que Colombia debe garantizar y se convierta en una verdadera ventaja competitiva para el país? ¿Y qué papel quiere jugar Bancolombia en esa transformación?

Yo creo que Colombia tiene una oportunidad enorme.

Tenemos recursos hídricos, un potencial solar muy importante, recursos eólicos y una ubicación que puede permitirnos desarrollar nuevas capacidades productivas alrededor de la energía.

Pero para convertir esos recursos en una ventaja competitiva necesitamos tres cosas: inversión, infraestructura y capacidad de ejecución.

Necesitamos que los proyectos entren a tiempo, que tengamos las redes para conectarlos, que exista suficiente respaldo y almacenamiento y que logremos movilizar capital de largo plazo.

Y hay una oportunidad todavía mayor: que esa energía no solamente sirva para atender la demanda existente, sino que ayude a atraer nueva inversión. Que Colombia pueda decirle a una empresa industrial, tecnológica o de servicios: aquí hay energía suficiente, confiable y competitiva para crecer.

Ese es el salto que tenemos que dar: pasar de pensar en la energía como un servicio que debemos garantizar a entenderla como una plataforma para desarrollar el país.

Desde Bancolombia queremos seguir jugando un papel de apalancador. No solamente financiando proyectos, sino acompañando a los empresarios, estructurando soluciones, movilizando capital y conectando las necesidades de inversión con las oportunidades de desarrollo.

Porque al final, hablar de energía es hablar de crecimiento. Y financiar energía es, en buena medida, financiar la capacidad de Colombia para crecer en los próximos años.