Fitch rebajó perspectiva de Argentina y advirtió riesgos

Foto: Archivo Valora Analitik

La agencia Fitch Ratings ratificó hoy la calificación de incumplimiento de emisor (IDR) en moneda extranjera a largo plazo de Argentina en ‘B’, pero revisó la perspectiva de calificación hasta negativa desde estable.

La revisión de la perspectiva refleja para la firma una actividad económica mucho más débil y perspectivas inciertas para la consolidación fiscal plurianual y la disponibilidad de financiamiento del mercado a medida que se agotan los fondos del FMI, lo que representa un riesgo para la sostenibilidad de la deuda soberana.

Fitch asume que en 2019 el gobierno logrará el ajuste fiscal previsto en el presupuesto y que el programa recientemente renegociado por el FMI lo ayudará a cubrir completamente sus necesidades de financiamiento, pero ve riesgos a la baja en medio de una recesión económica naciente y un ciclo electoral.

Después de 2019, advirtió, las perspectivas de una mayor consolidación fiscal, recuperación económica y restauración del acceso al mercado externo son inciertas y es probable que sean sensibles al resultado de las elecciones.

La inestabilidad macroeconómica intensa en 2018, marcada por una depreciación importante en el peso, ha debilitado dramáticamente las perspectivas de crecimiento a corto plazo de Argentina, dijo la agencia en un informe.

Fitch proyecta que el PIB real se contraerá 2.7% en 2018 y 1.7% en 2019, impulsado por un colapso en la confianza y la erosión de los ingresos reales a medida que la inflación se disparó.

Las autoridades persiguen un endurecimiento más agresivo de la política fiscal y monetaria como parte de un programa renegociado con el FMI, que pesará más en el crecimiento, aunque también podría brindar algún apoyo en la medida en que ayude a estabilizar las expectativas.

Las perspectivas de recuperación económica a medio plazo no están claras para la calificadora.

Es probable que la inversión privada permanezca cautelosa en medio de la incertidumbre macroeconómica y política. Los ajustes macroeconómicos difíciles han involucrado contratiempos en la agenda microeconómica, como los aumentos de impuestos presupuestados que revierten un impulso previo hacia la reducción de las altas presiones fiscales, y pueden desviar el capital político de otras prioridades de reforma (por ejemplo, reforma laboral).

La inflación proyectada por Fitch aumentará a un 47% en 2018 desde un 25% en 2017 debido al traspaso de la depreciación del peso y moderada al 27.5% en 2019 debido a una demanda interna débil y una mayor estabilidad del peso. Es probable, dijo, que una disminución más rápida se vea obstaculizada por las presiones inerciales de las negociaciones salariales en 2019 y la reapertura de los acuerdos de 2018 antes de esa fecha, que probablemente otorguen grandes aumentos nominales para compensar las pérdidas salariales reales de este año.

En este contexto difícil, Fitch estima que el gobierno parece estar en camino de cumplir sus objetivos de consolidación fiscal más ambiciosos, el criterio clave en el nuevo programa del FMI.

Fitch espera que las autoridades cumplan (y probablemente superen) su objetivo de reducir el déficit primario a 2.7% del PIB en 2018, de 3.8% en 2017, y asegurar la aprobación de un presupuesto propuesto para 2019 que apunta a una reducción ambiciosa a 0% mediante impuestos alzas (a saber, nuevos derechos de exportación) y recortes de gastos.

Su capacidad para avanzar un presupuesto austero para un año electoral sin una mayoría en el Congreso parece ser una señal alentadora de que la oposición tiene incentivos para apoyar en lugar de obstruir el ajuste fiscal en este momento. Fitch espera que se cumplan estos objetivos, reduciendo el déficit general al 5,5% del PIB en 2018 y al 3,7% en 2019.

Sin embargo, los riesgos fiscales se inclinan a la baja, dijo. La seguridad social ya representa la mayor parte del gasto primario y podría continuar creciendo en términos reales, dada la indexación a una mayor inflación pasada.

Las autoridades esperan que los ingresos (netos de los derechos de exportación) sean resistentes a la recesión, pero esto podría suponer un mayor riesgo a la baja tras los descensos reales en la recaudación de impuestos y las contribuciones de seguridad social en los últimos meses. La perspectiva fiscal después de 2019 es más incierta dadas las elecciones. La implementación de una reducción importante en el gasto discrecional dejará un espacio más estrecho para futuros recortes, y la voluntad política para emprender una reforma de la seguridad social, la principal fuente de presión presupuestaria, aún no está clara.

Fitch estima que las necesidades de financiamiento soberano de US$39 mil millones en 2019 se cubrirán con US$23 mil millones en desembolsos programados del FMI, préstamos de otras IFI y traspaso de préstamos del sector público.

Esta disponibilidad de fondos y un poco de financiamiento excesivo en 2018 deberían permitirle al soberano evitar la búsqueda de nuevo financiamiento en el mercado externo.

El acceso al mercado externo volverá a ser importante a partir de 2020, a medida que se terminen los desembolsos programados del FMI y, un año más tarde, cuando se cumplan los reembolsos, pero es probable que el sentimiento del mercado sea sensible a un panorama económico y político incierto.

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