Fernández derrota a Macri en las presidenciales argentinas

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El candidato a la Presidencia de Argentina, Alberto Fernández (izquierda en la foto), logró este domingo el 47,7 % de los votos en las elecciones generales, con el 90 % de las mesas escrutadas, lo que supondría una victoria en primera vuelta, según informó a la prensa el ministro del Interior, Rogelio Frigerio.

Por su parte, el actual presidente, Mauricio Macri, cosechó el 40,8 %.

«Se terminó el nosotros y ellos. Vamos a trabajar por un país mejor», anunció Fernández antes de tener datos oficiales de su victoria. Macri, por su parte, advirtió: «Los sondeos no tiene rigor científico. Hay que esperar al recuento oficial».

La duda instalada no existía en la provincia de Buenos Aires, donde se concentra el 38 por ciento de los votos.

Aquí, Axel Kicillof, ex ministro de Economía de Cristina Kirchner, emblema de La Cámpora, la organización que dirige Máximo Kirchner y símbolo de los modos –y el fondo político- en estado puro del kirchnerismo, le arrebató a María Eugenia Vidal la Gobernación. Kicillof necesitaba apenas un voto más que ella para imponerse y los tuvo sobradamente.

Artífice de la intervención y posterior expropiación de la mayoría de las acciones de Repsol a YPF, aquella decisión suya supuso el mayor revulsivo para las inversiones que aún dudaba si poner un céntimo en Argentina.

En la ciudad de Buenos Aires, bastión del macrismo, se impuso con claridad el actual jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, pero estaba en duda que alcanzara el 50 por ciento de los votos necesarios para proclamar su reelección. Meta mucho más complicada que la exigida para ser presidente.

En el barrio de Chacarita donde estaba instalado el «bunker» del Frente de Todos, la gente cantaba y celebraba el, «regreso de Cristina. Aguantamos cuatro años de pobreza, de Macri. ¡Vamos Cristina!», vociferan una mujeres. Cerca suyo, otros buscaban con furor un micrófono para burlarse:«!Fuiste, Macri, fuiste!» (que era un derrotado).

En el interior del edificio, en los despachos, antes de que llegara la estrella de la noche, Cristina Fernández, el protagonista era el ganador de la noche. Su círculo más cercano le coreaba, «Alberto presidente. Alberto presidente!». La misma escena que se había visto poco antes en las puertas de su domicilio de Puerto Madero, barrio que tiene el metro cuadrado más caro de Buenos Aires. Solidario con la vecindad, «Alberto» les pidió que se dispersaran.

Entre los «invitados» internacionales del Frente de Todos, destacaban Celso Amorín, ex ministro de Asuntos Exteriores de Luiz Inacio Lula Da Silva (ayer cumplía años), Fernando Lugo, expresidente de Paraguay y el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero.

El bunker de la victoria parecía un regreso al pasado de los Gobiernos del matrimonio Kirchner (2003-2015): Figuras emblemáticas como Hebe de Bonafinia, titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo y fanática activista política, Estela Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, incondicional kirchnerista y combativa al Gobierno de Mauricio Macri y al grupo de comunicación Clarín, así como los principales aliados de la coalición como Sergio Massa, el kichnerista descarriado que volvió a las filas del peronismo y se «encolumnó» con la fórmula «Fernández-Fernández», se sumaron al festejo. Mientras, el el «directorio» del Banco Central se reunía de urgencia para decidir si abren los bancos, cierran o anuncian nuevas restricciones.

En este revival de hace apenas cuatro años sacó la cabeza Mariano Recalde, el ex titular de Aerolíneas Argentina, compareció para pedir «responsabilidad» al Gobierno y recordó que sus datos del Centro de Verificación Electoral les daban ya la victoria en todo el país. Dicho de otro modo, que reconociera la derrota cuanto antes. Santiago Caffiero, nieto del histórico peronista, Antonio Cafiero y uno de los hombres de confianza de Alberto Fernández, insistió en que habían mejorado los resultados de las primarias, «tanto a nivel nacional como en la provincia».

En el otro «bunker», el del oficialismo el mensaje que daba Marcos Peña, el jefe de Gabinete de Mauricio Macri era diferente. Además de celebrar la altísima participación, (votó más del 80 por ciento del padrón electoral) pedía esperar a conocer los resultados oficiales y que estos porcentajes fueran significativos. Peña confiaba en que eso «seis, siete puntos» que se peleaban inclinaran la balanza al balotaje.

Preguntado por las denuncias de irregularidades en algunos centros de votación reflexionó: «Siempre hay situaciones puntuales en distintas escuelas, hace mucho que decimos que es un sistema arcaico, un sistema que no garantiza que sea fácil el trámite electoral». El Gobierno perdió la batalla por el voto electrónico que había dado en la ciudad de Buenos Aires. El sistema de votación con papeletas como sábanas y la «viveza criolla» (picaresca española), tradicionalmente logran arañar entre dos y cuatro puntos en la provincia de Buenos Aires.

(Con información de ABC)

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