Hablemos de energía. Hablemos de propósito.

Hablemos de energía. Hablemos de propósito.
Mónica Contreras, presidente de TGI. Foto: TGI

El concepto de energía se define alrededor de palabras como eficacia, poder, virtud para obrar. También se refiere a la capacidad que tiene un sistema para realizar un trabajo.

Si hacemos un recorrido por lo que ha sido la relación del ser humano con la energía, vemos como ésta llegó para cambiar el mundo.  Desde el fuego, producido con leña, pasando por el carbón como el primer energético fósil, hasta el uso de la energía eléctrica, el gas natural y las llamadas renovables, han venido transformando la humanidad con importantes incidencias en la forma de alimentar, vestir, transportar, trabajar, comunicarse con otros, resolver problemas de salud e incluso su percepción de la seguridad.

De la forma como lo queramos ver, los seres humanos utilizamos la energía a lo largo de nuestra existencia. Y ¿para qué? Para transformar. Para movilizar. Para avanzar. Sin embargo, de lo que no nos percatamos fue que a la par de esa evolución también avanzó la generación de carbono. Un tema que en el pasado descuidamos o desconocíamos al formular la ecuación desde nuestros objetivos y que ahora empieza a pasarnos la cuenta.

De allí, la importancia que tiene hablar también acerca de lo que significa la palabra propósito y su conexión con la energía. Definido como el ánimo o intención de hacer o de no hacer algo; el objetivo que se pretende conseguir; y el asunto, materia de que se trata.

Extendiéndolo al mundo organizacional, el propósito se convierte en esa razón de ser y existir de una empresa. En el por qué se hacen las cosas. En la guía para tomar decisiones. Yo diría que es una especie de energía interna que moviliza a todos aquellos que hacen parte de una organización.

Resulta, pues, una paradoja que no siempre adoptamos y concretamos en nuestro propósito esa contribución que como empresas hacemos en términos de consumo de energía para un mundo más sostenible. Y eso no se logra solo con agregar la palabra ‘sostenible’ en la misión o visión de nuestras compañías.

La energía que decidimos utilizar en nuestras operaciones y en general en nuestras empresas, productivas o de servicios, nos acerca o aleja del propósito, desde la perspectiva ambiental, social y también económica.

Bien lo plantea el Programa de Naciones Unidas para el medioambiente que busca la descarbonización de la economía. Estamos llamados a generar resultados, pero no a cualquier precio. Nuestras metas empresariales no sólo deben estar definidas en términos de utilidades; existen otros números que resultan igual de relevantes cuando hablamos de ser empresas de valor, y entre ellos están la huella ambiental y la prosperidad social que generamos. Así que los energéticos que utilizamos nos deben hacer más productivos, pero también más sostenibles y responsables con las emisiones de carbono emitidas. El tener claro esos números, facilita el proceso de consciencia y relevancia de nuestras decisiones al respecto.

Colombia enfrentará en el 2021 una agenda decisiva hacia la  transformación energética que tanto necesita el país y, en un escenario de reactivación económica, los retos de competitividad de Colombia no se pueden concebir aislados de nuestra matriz energética.

Así pues, hablando de propósito, este es un tema que nos compete a todos y como tal, siendo un compromiso con la agenda global de sostenibilidad para el 2030, cada uno de nosotros, de nuestras empresas y, también, de las decisiones que nuestros gobernantes tomen al respecto, nos vuelven responsables del logro o fracaso en la consecución del objetivo de transformar la manera en que utilizamos nuestros energéticos.

Los impactos del cambio climático se sienten en todas partes y están teniendo consecuencias muy reales en la vida de las personas. Escuchamos con frecuencia acerca de desastres naturales no previstos causados por variaciones inesperadas o extremas en el clima, sequías prolongadas que afectan la disponibilidad de alimentos y agua, o excesos de lluvia que provocan pérdidas económicas y de vidas, entre muchos otros impactos. La realidad es que las economías nacionales se están viendo afectadas por dicho cambio lo cual, al día de hoy, nos está costando caro y resultará aún más costoso en el futuro. Y aunque empiezan a aparecer importantes esfuerzos al respecto, y ahora reconocemos la existencia de soluciones asequibles y escalables para dar el salto a una economía más limpia y resiliente, debemos acelerar nuestras acciones para adoptarlas e igualmente implementar prácticas que coadyuven a lograr mayor eficiencia en la utilización de los energéticos.

Es importante que seamos cuidadosos en las decisiones que tomamos sobre aspectos como el tipo de energía que estamos promoviendo en materia de movilidad vehicular, en el desarrollo industrial y en la generación de la electricidad que requiere nuestro país. Decisiones como esas tendrán impacto en la salud de nuestra sociedad y definirán, como ya lo dije antes, si somos parte de la solución o si con nuestras acciones estamos llevando a esta economía hacia el fracaso.

La definición de políticas públicas es una buena forma de orientar a todo un país en la consecución de un mismo objetivo. Debemos ser conscientes que si se quiere reducir la huella de carbono debemos dar los incentivos necesarios para que ello ocurra. La utilización del carbón como energético no debe estar exenta del impuesto al carbono. No es coherente con el propósito. De igual manera, los vehículos de transporte que más contaminen deben tener impuestos más elevados. La generación eléctrica debe tener al gas natural y a las energías renovables como ejes fundamentales de su matriz.

Desde nuestros hogares, cada uno debe tomar consciencia en el uso racional de la electricidad, el agua y el gas, para que nuestra propia huella sea más limpia y podamos mirar de frente a hijos y nietos, con la certeza de que hemos hecho el esfuerzo para que su vida sea más saludable y grata.

Que sea un propósito de todos para el 2021 acompañar la transición energética que Colombia necesita y en la que todos estamos involucrados: gobierno, autoridades, reguladores, industriales, consumidores, usuarios, comunidades, medios de comunicación, además de quienes hacemos parte del sector energético.

Los invito a revisar sus propósitos empresariales y también personales.

¡A revisar su energía!


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