Criptomonedas y sostenibilidad: ¿qué tan ecoamigables son?

Foto: ebizlatam.com

Conocer el impacto de las criptomonedas dentro de la sostenibilidad es fundamental para entender las tendencias y las transiciones a las que se afrontarán económicamente estos medios digitales de intercambio. Para más información de Valora Sostenible haga clic aquí.

Gestión de Riesgos Sostenibles (GRS), organización que transfiere los riesgos de un mundo renovable, analizó el papel de las criptomonedas en la sostenibilidad ambiental. De acuerdo con Sergio Isaza Bonnet, fundador de la entidad, “una de las condiciones principales en el funcionamiento de las criptomonedas es su extrema seguridad, la cual requiere una gran red de ordenadores que consumen cantidades abismales de energía a comparación con otros métodos de interacción económica”.

Para Isaza Bonnet, compañías como Tesla dejaron de aceptarlas como medio de pago por su alto consumo energético. De acuerdo con el Ccaf (Cambridge Center for Alternative Finance) la actividad energética de Bitcoin representa 0,37 % de la producción total de energía y 0,43 % del consumo en el mundo. Es decir, que la actividad energética (consumo y producción) de Bitcoin es mayor que países como Holanda, Bélgica, Kazajistán o Chile.

“Expertos se han pronunciado frente a estas cifras; Norbert Rucker, afirma que comprar una criptomoneda es igual de contaminante como viajar ida y vuelta de Zurich a Berlín, es decir una emisión aproximada de 250 kilogramos de CO2. Las criptomonedas suponen un consumo de energía que incrementa cada día, los procesos digitales que manejan esas monedas de intercambio podrían ser direccionadas en favor de la sostenibilidad. Marco Accurso, responsable de Desarrollo de Negocio de South Pole, propone que para reducir el consumo de energía de las criptomonedas se invierta en hacer la transición a mecanismos de consenso y minado más eficientes energéticamente”, comentó el fundador de GRS. 

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En la actualidad existen criptomonedas enfocadas a la sostenibilidad tales como SolarCoin (SLR), BitGreen (Bitg) o Cardano (ADA), que están pensadas para que reduzcan su consumo energético en 99,5 % a partir de su propio funcionamiento ambiental.

De acuerdo con el GRS, la preocupación de las criptomonedas es cada vez más latente dentro de los propietarios, por eso nació Crypto Climate Accord (Acuerdo Cripto Climático), inspirado en el Acuerdos de París, con el cual desarrolladores de estas monedas de intercambio digital esperan cumplir el objetivo de volver verdes a las criptomonedas.

Esta propuesta, liderada por el sector privado, se enfoca en descarbonizar la industria a través del desarrollo acelerado de soluciones digitales Proof of green. En este sentido, buscan lograr que la industria sea 100 % renovable en 2025 de la mano con el despliegue acelerado de energías solares y eólicas.

Para el CCA, el problema ambiental de las criptomonedas gira en torno a la pregunta ¿cómo se produce y se utiliza la energía? Si estos servidores son alimentados por combustibles fósiles, el sistema de las criptomonedas va a ser cada vez más contaminante, pues el consumo se dispara sin fines ecológicos y las fuentes fósiles tienen mucha más demanda.

“Por eso, es fundamental que su funcionamiento sea a partir de un proceso madurado de energías renovables. Los desarrolladores deben ir de la mano de la transición energética para reducir el impacto ambiental de los procesos de intercambio digital”, destacó Sergio Izasa.

Y agregó que “la creación de estas monedas debe reflejarse en iniciativas ambientales. Por ejemplo, un SolarCoin es creado por cada Megavatio/hora generado a partir de fuentes fotovoltaicas, lo cual es verificado desde la documentación solicitada a los usuarios”

De esta manera, propone Izasa Bonnet, se incentivan prácticas de eficiencia energética con fuentes renovables con base a las criptomonedas. “Existen muchas iniciativas como estas en el mercado y algunas otras que están en desarrollo, por eso, es la responsabilidad de los usuarios premiar estas monedas y priorizarlas sobre las más contaminantes”, analizó Sergio Isaza.

Uno de los mayores beneficios de las monedas digitales es que su coste energético es medible, pues se sabe cuánto consumen las máquinas usadas para minar.

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Para GRS, en el sistema financiero es imposible calcular su impacto, solo se pueden hacer aproximaciones sin conocer los valores reales. En la actualidad se está implementando un software de código abierto en las criptomonedas que permite conocer el origen energético para alimentar los servidores.

Con esto, se busca un trabajo conjunto entre operadores de red, generadores fotovoltaicos, eólicos y desarrolladores de criptomonedas para reducir el consumo energético de estas monedas.

“Las criptomonedas consumen grandes cantidades de energía y suponen una nueva preocupación ambiental. Sin embargo, cuentan con procesos que deben ser utilizados en favor de la sostenibilidad. De la mano de la transición energética hacia fuentes renovables, es posible concebir a las cripto como un mecanismo ambientalmente responsable, cuya huella de carbono puede reducirse a cero y de la misma manera, incentiva a los usuarios a trasladarse a prácticas sostenibles a partir de una lógica de producción económica”, concluyó Isaza Bonnet.

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