China sería el único país preparado para atender una crisis alimentaria

La seguridad alimentaria, un concepto que ha tenido auge no solo por la pandemia, sino también por la actual crisis producto de la guerra de Rusia y Ucrania, es un tema que inquieta a varios países del mundo en la actualidad.

A raíz de esto, la consultora especializada, McKinsey & Company realizó un análisis de los roles vitales que desempeñan los actuales países en conflicto en el sistema alimentario mundial, y detalla lo que está en riesgo a medida que la guerra continúa. Lea más Noticias Económicas Internacionales.

Según el informe, en este momento el único país que estaría preparado para abordar el impacto de los alimentos es China, ya que ha aumentado significativamente su reserva estratégica en más de 70 % desde 2008.

Y es que expertos como Nicolas Denis, socio de McKinsey, expresan que hacía 2023 entre 10 y 43 millones de toneladas de producción para la exportación podrían desaparecer.

La inestabilidad empieza a crear un efecto de latigazo con implicaciones secundarias en otras regiones granero, como Brasil. Rusia y Bielorrusia son fundamentales para la exportación de fertilizantes, que es el impulsor de las cosechas más importante para los agricultores de todo el mundo”, comentó Daniel Aminetzah, líder de las Prácticas de Química y Agricultura de la firma.

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La región de Rusia y Ucrania es responsable por, aproximadamente, 30 % de las exportaciones mundiales de trigo y 65 % de las de girasol; esto refleja que los mercados son cada vez más estrechos y están interconectados por lo que una pequeña disrupción en el suministro impacta el precio y el abastecimiento de alimentos”, se lee en la investigación.

Disrupciones en la siembra

El informe de McKinsey anota que los fertilizantes como la potasa que son fundamentales para los agricultores han duplicado su precio en los últimos dos meses.

En el caso del nitrógeno, dice, al estar directamente relacionado con la energía, la crisis energética y los precios actuales de la energía también tienen un efecto directo en los precios y en la disponibilidad del suministro.

A la escasez de fertilizantes se suma la disrupción en la cadena de valor agrícola, pues al tener unas ventanas específicas para preparar el campo, sembrar y cosechar con un conflicto prolongado estas ventanas podrían no cumplirse, como el cultivo de trigo cuya temporada de siembra es alrededor de julio-agosto”, se lee en la investigación.

Y es que el impacto no solo se limitaría a la siembra y cosecha, sino que se espera una disrupción de la logística de transporte, que no podrá ser totalmente absorbida por alternativas como el ferrocarril y la carretera.

Pero además, se hace énfasis en que los inconvenientes en lo referente a la crisis alimentaria venían desde mucho antes de la invasión a Ucrania por productos básicos destinados a la producción de proteínas, el desperdicio de alimentos, efectos en las cosechas por fenómenos climáticos, entre otros.

Ante esto, los expertos de McKinsey afirman que sus investigaciones han sugerido que esas disrupciones se multiplicarán por cuatro hasta 2050.

“La posibilidad de una emergencia alimentaria global existe y tendrá que evaluarse en los próximos meses. Lo que realmente importa es cuáles de estos hitos en los diferentes graneros del mundo, desde la preparación de los campos hasta la siembra y la cosecha, se alcanzarán y cuáles no”, finaliza el documento.

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