La desinformación, una amenaza para la ciencia

Por: Juan Noriega del Águila, Gerente de Marca y Comunicaciones de 3M para la Región Andina

A lo largo de la historia de la humanidad, y, en el caso particular de la ciencia, han existido teorías, hipótesis y conclusiones acerca de fenómenos y/o situaciones de terceros que, en muchas de las ocasiones, parten de información errónea.


Muestra de ello se puede ver en los resultados de la sexta edición del Estudio del Estado de la Ciencia (SoSi) realizado por 3M en 17 países, incluyendo a Colombia, el cual revela que al menos el 79% de las personas en Latinoamérica cree que existe una desinformación generalizada en las noticias tradicionales y/o en las redes sociales, lo cual afecta a múltiples sectores de relevancia para el desarrollo de la sociedad, tal como lo es el campo científico. Así como que, cada día más, las personas consideran que las redes sociales tienen un mayor peso, a pesar de que son conscientes de que existe información innecesaria difícil de filtrar en ellas.

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Y es que la cantidad de información generada día a día en los diferentes medios no sólo implica la desinformación, sino también noticias falsas. Es decir, no es que como sociedad nos haga falta información, sino que la que recibimos se hace de forma incorrecta, imparcial y sin fuentes fidedignas como lo son los respaldos de autoridad.


Además, existen noticias falsas que suelen generar empatía con las personas y tienden a no ser cuestionadas, analizadas ni investigadas desde el origen, al apelar a las emociones, a los sesgos, y al estar arraigadas con sistemas de creencias específicos, generando aún una mayor desinformación.


Bajo ese contexto, vale la pena destacar que la desinformación tiene efectos y consecuencias que representan una amenaza para todas las fuentes fidedignas, tal como los es el caso de la ciencia, pues se genera una amenaza a la credibilidad y la confianza, así como un potencial menor interés parte de los jóvenes para que estudien carreras afines a este campo que ayuden a abordar los fenómenos cotidianos.


A pesar de esto, el Estudio del Estado de la Ciencia (SoSi) de 3M también demuestra que actualmente la ciencia es una de las industrias que está por encima de la credibilidad de la gente con un 31% en comparación con temas de entretenimiento (17%), o deportes (26%). Además, casi el 90% de los latinoamericanos estamos interesados en conocer los desarrollos científicos y quiénes están detrás de ellos.


Con lo anterior, quiero hacer una invitación para que ayudemos a disminuir la desinformación usando métodos que ayudan a identificar la autenticidad de la información que consumimos. Por ejemplo, el “Método S.I.F.T”, por sus siglas en inglés, que consiste en hacer un tamiz de la información a través de:


● El “detenerse”, lo cual ayudará a analizar si las afirmaciones del contenido son creíbles. Por lo que si en este punto, no se tiene certeza sobre el origen de la información, es recomendable que no se le haga difusión a la misma mientras se investiga más a fondo.
● El “investigar”, lo que permitirá indagar sobre la fuente y/o el origen, ya sea sobre la historia, el medio de comunicación o bien, el periodista. Esto ayudará a la interpretación de lo que se está leyendo.
● El “buscar”, lo cual brindará la posibilidad de obtener múltiples fuentes que respalden el contenido a difundir, y a no dejarse llevar por titulares engañosos.
● El “rastrear”, para identificar la declaración, cita y/o medio para dirigirse a la fuente original y reconstruir el contexto, para poder evaluar la información de manera efectiva y precisa.


Si bien este método no resulta una verdad absoluta para la filtración de información verídica y creíble, funciona como una guía para poder combatir los errores de la información, y así, poder continuar con una línea de difusión científica respaldada en investigación y las pruebas

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