El Banco Mundial, en su más reciente informe Perspectivas económicas mundiales, advierte que la economía global atraviesa una etapa marcada por contrastes relevantes.
Aunque los principales indicadores muestran una capacidad de resistencia mayor a la prevista frente a un entorno caracterizado por alta incertidumbre política y comercial, el dinamismo del crecimiento se está debilitando y la recuperación continúa siendo desigual entre regiones y niveles de desarrollo.
De acuerdo con el organismo multilateral, la actividad económica mundial mantendrá una senda de expansión en los próximos años, aunque a un ritmo moderado. Para 2026 se estima un crecimiento cercano al 2,6 %, con una leve aceleración hasta el 2,7 % en 2027.
Estas proyecciones indican que el riesgo de una contracción global generalizada es bajo, pero también confirman que el avance de la economía internacional es insuficiente para generar mejoras amplias y sostenidas en los niveles de bienestar de la población.
El informe señala que, hacia finales de 2025, la mayoría de las economías avanzadas habría logrado recuperar los niveles de ingreso per cápita previos a la pandemia. Sin embargo, el panorama es distinto para los países en desarrollo. Cerca de una cuarta parte de estas economías continuaría por debajo de esos registros, lo que consolida un rezago persistente y dificulta la reducción de las brechas sociales, productivas y de ingreso.
Desde una perspectiva regional, América Latina y el Caribe presentarían un crecimiento gradual, limitado por factores estructurales y por condiciones financieras aún restrictivas en algunos países. En contraste, Asia meridional y África subsahariana mantendrían ritmos de expansión más dinámicos, apoyados en el crecimiento demográfico y en una mayor demanda interna, aunque estos avances no serían suficientes para cerrar la distancia frente a las economías más desarrolladas.
Uno de los mensajes centrales del Banco Mundial es que la resiliencia observada en la economía global no sustituye la necesidad de implementar reformas estructurales.
El organismo subraya que, sin políticas orientadas a estimular la inversión privada, fortalecer el capital humano y reducir la incertidumbre regulatoria, el crecimiento seguirá siendo limitado y no permitirá responder de manera efectiva a los desafíos económicos y sociales actuales.
Aun así, el informe reconoce la presencia de algunos factores que podrían amortiguar la desaceleración. Entre ellos se destacan una eventual flexibilización de las condiciones financieras globales y una mayor expansión fiscal en determinadas economías de gran tamaño, lo que podría sostener la demanda agregada en el corto plazo.
En materia de precios, se proyecta una reducción gradual de la inflación mundial, respaldada por mercados laborales menos presionados y por la moderación de los precios de la energía. Este proceso ofrecería cierto alivio a los hogares y a las finanzas públicas, aunque el Banco Mundial advierte que la normalización será progresiva.
Para las economías en desarrollo, el crecimiento pasaría del 4,2 % en 2025 al 4 % en 2026, con una leve recuperación posterior. Los países de ingreso bajo registrarían tasas relativamente más altas, pero todavía insuficientes para cerrar la brecha frente a las naciones avanzadas, lo que refuerza la necesidad de políticas de largo plazo orientadas a un crecimiento más inclusivo y sostenible.




