El café colombiano, uno de los productos insgnias del país y clave en la economía, enfrenta uno de sus momentos más desafiantes en años recientes. Las cifras del primer trimestre de 2026 confirman un deterioro sostenido en la producción y en la capacidad exportadora del país, en un contexto marcado por condiciones climáticas adversas, altos costos y precios internacionales menos favorables.
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La Federación Nacional de Cafeteros (FNC) encendió las alarmas al evidenciar que el arranque del año no solo mantiene la tendencia negativa observada en meses previos, sino que la profundiza. El impacto no es marginal: compromete la dinámica de uno de los principales renglones exportadores de Colombia.
Entre enero y marzo de 2026, la producción de café alcanzó 2,51 millones de sacos de 60 kg, una cifra significativamente inferior a los 3,78 millones registrados en el mismo periodo de 2025. Esto representa una caída cercana al -33,5 %, reflejando un deterioro acelerado en la productividad del sector.
El dato de marzo no logró revertir la tendencia. Con una producción de 754.000 sacos, el mes consolidó la desaceleración, en lugar de marcar un punto de inflexión. Esto sugiere que no se trata de un fenómeno puntual, sino de un cambio estructural en las condiciones productivas del café colombiano.

La comparación en otras métricas refuerza esta lectura. En el año cafetero —entre octubre de 2025 y marzo de 2026— la producción acumulada fue de 6,22 millones de sacos, frente a 8,68 millones del ciclo anterior. En la medición de los últimos doce meses, el total llegó a 12,41 millones de sacos, también por debajo de los niveles previos.
Clima, costos y precios: la presión combinada que tiene en jaque al café colombiano
Detrás de estos resultados hay una convergencia de factores que vienen afectando al sector. Las lluvias persistentes han reducido la productividad de los cultivos, impactando directamente la cantidad de café recolectado.
A esto se suman condiciones económicas menos favorables. Los precios internacionales han mostrado debilidad relativa, mientras que los costos de producción —insumos, mano de obra y logística— se mantienen elevados.
El gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros, Germán Bahamón, fue enfático al señalar el alcance del problema: “El balance del trimestre no admite lecturas simplistas. Hay una menor producción y una menor capacidad exportadora. La convergencia de presiones: productivas, climáticas y de costos, explica la dificultad que enfrentamos como renglón exportador más importante de Colombia”.
Además, la advertencia ya había sido anticipada por el gremio: “El resultado de lo que hoy enfrenta la caficultura colombiana debido a las lluvias incesantes era predecible: productividades más bajas… el negocio cafetero de 2026 será muy exigente”.
La menor disponibilidad de café tiene efectos inmediatos en el comercio exterior. Al cierre de marzo, las exportaciones acumuladas se ubicaron en 2,56 millones de sacos, frente a 3,59 millones en el mismo periodo de 2025, lo que implica una reducción del –29 %.
Este ajuste en la oferta exportable se da en paralelo a un comportamiento llamativo en las importaciones. En marzo, estas crecieron +8 %, y en los últimos doce meses alcanzaron 1,33 millones de sacos.
El aumento de las compras externas responde a una necesidad concreta: garantizar el abastecimiento de la industria local en medio de la caída de la producción nacional. Es decir, Colombia —tradicional exportador— está recurriendo más a importaciones para sostener su cadena productiva.

En contraste con la debilidad productiva, el consumo interno muestra una dinámica más estable. En los últimos doce meses, el consumo estimado se ubicó en 2,28 millones de sacos, lo que evidencia la resiliencia del mercado colombiano.
Esto ocurre a pesar de la presión al alza en los precios al consumidor, lo que sugiere que el café mantiene su relevancia cultural y económica dentro del país.
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El panorama hacia adelante plantea desafíos importantes. La caída simultánea en producción y exportaciones reduce la capacidad del país para generar divisas a partir del café, en un momento en que este sigue siendo un pilar del comercio exterior.
Al mismo tiempo, el aumento de importaciones y la estabilidad del consumo interno generan nuevas tensiones en la cadena de valor, especialmente para la industria torrefactora y los productores.
Los próximos meses serán clave para evaluar si las condiciones climáticas mejoran y permiten una recuperación gradual, o si la tendencia a la baja se consolida durante el resto de 2026.




