La agencia Fitch Ratings afirmó las calificaciones nacionales de largo y corto plazo de Bancoomeva en ‘AA-(col)’ y ‘F1+(col)’, respectivamente, con perspectiva estable, destacando la solidez relativa de la entidad dentro de su nicho y su vínculo con el Grupo Empresarial Cooperativo Coomeva.
La calificación incorpora el respaldo que le brinda su integración al Grupo Coomeva, así como su enfoque en asociados de la cooperativa, pymes y el sector solidario. A diciembre de 2025, el 56,7 % de los asociados eran clientes del banco, lo que evidencia un acceso directo a su base de usuarios. No obstante, Fitch subraya que se trata de una franquicia de tamaño moderado, con una participación de mercado de 0,6 % tanto en cartera como en captaciones.
En términos de riesgo, la entidad mostró mejoras en la calidad de cartera: el indicador de cartera vencida a más de 30 días bajó a 5,1 % desde 5,7 % en 2024, aunque aún por encima del promedio del sistema financiero (3,8 %). Fitch prevé que este indicador continúe mejorando en 2026, impulsado por una mayor participación de créditos comerciales y clientes con perfiles más sólidos.

La rentabilidad sigue siendo un punto de presión. Al cierre de 2025, el indicador de utilidad operativa sobre activos ponderados por riesgo fue de -0,9 %, afectado por altos gastos de provisiones. Sin embargo, hubo avances en el margen de interés neto, que subió a 5,4 %. Para 2026, la calificadora espera una recuperación gradual, aunque estima que la rentabilidad no superaría el 1 % en el corto plazo.
Por otra parte, en capitalización, Fitch considera que el banco mantiene niveles moderados pero suficientes. El indicador CET1 se redujo a 11,4 % en 2025, por debajo del promedio del sistema (14,9 %), aunque se espera un fortalecimiento con una capitalización proyectada de $30.000 millones durante 2026. En fondeo y liquidez, los indicadores se mantienen adecuados, con niveles por encima de los mínimos regulatorios.
Finalmente, la agencia indicó que la perspectiva estable refleja que no se anticipan cambios en la calificación en el corto o mediano plazo. Una eventual baja podría darse por deterioros sostenidos en cartera, rentabilidad o capitalización, mientras que una mejora dependería, en el largo plazo, de un fortalecimiento consistente del perfil financiero del banco.




