
El Ministerio de Hacienda confirmó que un fenómeno de El Niño de intensidad moderada podría disminuir el crecimiento de la economía en 0,1 puntos porcentuales. La entidad señaló que los sectores que más saldrían afectados serían principalmente dos: el primero, la industria agrícola y ganadera; y el segundo, el suministro de gas, electricidad y agua.
Dentro del sector agropecuario, los más afectados serían los cultivos, por ejemplo, la yuca, la caña de azúcar, la papa y el arroz. A la vez, mercados como la pesca sufrirían el impacto. En cuanto a la electricidad, la cartera mencionó que, al tener Colombia un sistema energético que depende en buena medida de fuentes hídricas, una disminución del agua genera menores rendimientos para la generación de energía a través de hidroeléctricas.
Teniendo en cuenta la cifra del Ministerio, el impacto que sufriría Colombia sobre su economía podría ser de $2 billones. Lo anterior se deduce mediante cifras del Banco de Bogotá, las cuales indicaron que un punto porcentual del PIB en 2026 equivale a cerca de $20 billones. Por lo tanto, una variación de 0,1 % del PIB tendría esa equivalencia en la economía. La misma cartera manifestó que, si el crecimiento económico llega a ser de 2,6 %, el riesgo de un fenómeno de El Niño haría disminuir esa cifra a 2,5 %.
Pero esto no es todo. El Ministerio indicó que un fenómeno de El Niño de intensidad moderada generará presiones inflacionarias, junto con la mencionada desaceleración de la actividad económica. Estimó que este suceso incrementará la inflación de alimentos y bienes regulados en 2,2 puntos porcentuales y 0,4 puntos porcentuales, respectivamente. Lo anterior se daría por una menor oferta de productos agropecuarios y un alza en las tarifas de energía, asociada a una disminución del volumen de los embalses.

Sumados el agro y la energía, los efectos sobre la inflación total serían de 0,4 puntos porcentuales sobre el bolsillo de los colombianos en 2026. Sin embargo, las presiones que la ola de calor tendría sobre la inflación serían transitorias y se disiparían rápidamente, según el Ministerio de Hacienda. Lo anterior permitiría que, sin el impacto de la ola de calor, la inflación total en 2027 sea de 4,3 %. Esto se daría por la corrección en los precios cuando el fenómeno climático pase, así como por el impacto de una política monetaria más restrictiva en 2026, en respuesta a los riesgos inflacionarios.
Cabe recordar que, cuando existen riesgos inflacionarios, es decir, de un incremento en el costo de vida, el Banco de la República sube las tasas de interés con la finalidad de evitar un mayor gasto al interior de la economía. Lo anterior busca reducir la circulación de dinero en la compra y venta de bienes y servicios, incentivando en su lugar el ahorro, y así controlar la inflación.
La misma cartera de Hacienda expresó que para 2027 el impacto de El Niño sería limitado, manifestando que tanto en crecimiento económico como en inflación y tasa de cambio los riesgos están previstos para 2026. Sin embargo, nuevas previsiones del Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima de la Universidad de Columbia revelaron que la ola de calor se extenderá hasta marzo de 2027, lo que puede tener implicaciones sobre los dos sectores mencionados anteriormente: agro y energía. Sin embargo, está por verse si esto se hará realidad.

¿Por qué el fenómeno de El Niño impacta a la economía?
Colombia es un país en el que la principal fuente de electricidad son las hidroeléctricas, que generan energía con agua. Si los niveles de los embalses disminuyen, su capacidad de generación también. Cuando esto sucede, el sistema energético colombiano recibe apoyo de plantas térmicas para generar electricidad; estas tienen como uno de sus principales insumos el gas, que actualmente está siendo importado en casi un tercio para abastecer la demanda local.
Todo lo anterior contribuye a que incrementen los precios de la energía, y si estos aumentan, también lo hacen los bienes y servicios, porque en última instancia serían los usuarios quienes asumirían el alza con su bolsillo. Por otro lado, cálculos de Corficolombiana señalaron que la vulnerabilidad del agro en Colombia radica en que 72 % de la agricultura depende del agua lluvia, por lo cual es difícil reemplazar un insumo tan esencial para esta actividad.

¿Cómo mitigar su impacto?
Fabián Osorio, directora de análisis sectorial y sostenibilidad de Corficolombiana, afirmó que para mitigar un Niño de intensidad fuerte o muy fuerte sobre el PIB, el Gobierno Nacional debe establecer medidas que garanticen el suministro de energía y la oferta de alimentos a precios asequibles. Indicó que la prioridad en materia energética es evitar los racionamientos y contener el alza de tarifas, lo que sería posible si se administran bien los embalses, se activan medidas de ahorro, se aseguran los combustibles para las plantas térmicas y se resuelven las deudas del sector para que opere con normalidad. También destacó que señales regulatorias claras para incentivar la inversión a corto plazo podrían reforzar el sistema.
“En el frente agropecuario, la clave es reducir la dependencia del clima en el corto plazo. Esto implica mejorar la gestión del agua y apoyar a los productores para enfrentar mayores costos y evitar pérdidas de cosechas y de ganado. Es importante consolidar y escalar medidas que ya se han puesto en marcha, como la inversión de $110.000 millones en el Fondo de Acceso a Insumos Agropecuarios. A eso se pueden sumar el fortalecimiento de instrumentos como seguros agropecuarios o apoyos focalizados que ayuden a amortiguar las pérdidas en los momentos más críticos”, advirtió.
Por su parte, David Cubides, economista jefe del Banco de Occidente, aseguró que es necesario financiar infraestructura que permita almacenar agua y fortalecer los sistemas de riego en zonas como el Caribe y la región Andina. Incluso expresó que el Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario (Finagro) podría disponer de líneas de crédito especiales con períodos de gracia para aliviar el flujo de caja de productores afectados por el verano. También propuso brindar asesoría a campesinos sobre qué sembrar y cuándo aplazar cultivos vulnerables como arroz o plátano.

En cuanto a la ganadería, manifestó que los subsidios y el apoyo a infraestructura para el almacenamiento preventivo de alimentos para el ganado, junto con medidas para evitar la escasez de pastos que afecta a los productores de carne y leche, podrían ser otras alternativas. A la vez, pueden facilitarse puntos de abastecimiento de agua en zonas críticas para evitar la muerte de animales o la pérdida de peso del ganado.
“Asegurar el correcto funcionamiento de la energía térmica para sustituir la menor generación de las hidroeléctricas, promover medidas de ahorro para evitar que los embalses lleguen a niveles críticos, diseñar campañas nacionales y esquemas de incentivos o tarifas diferenciales para promover el ahorro de energía y agua en hogares y comercios, junto con destrabar proyectos solares y eólicos en construcción para inyectar energía independiente de las lluvias”, fueron algunas de las ideas planteadas por el economista para reducir los impactos de El Niño.
Por su parte, el exministro de Minas y Energía y docente de la Universidad Externado de Colombia, Amylkar Acosta, expresó que el plan de choque en el sector agropecuario también debería incluir la promoción del aprovechamiento de reservas de agua subterránea mediante la perforación de pozos profundos en acuíferos y zonas de recarga hídrica. También dijo que el Banco Agrario podría promover seguros de cosecha frente a riesgos climáticos.
Como experto del sector energético, concluyó que debe incentivarse a la población para consumir menos energía. Lo anterior podría lograrse mediante una tarifa diferencial que disminuya la demanda en horas pico y la traslade a otras franjas de menor consumo, tal como ocurrió durante el apagón de 1992 y 1993, según dijo.




