Por: Carlos Andres Suarez, Socio y Location Manager Colombia, McKinsey & Company
La paradoja latinoamericana sigue vigente.
Con cerca de 670 millones de habitantes, el 8 % de la población mundial, una de las regiones más urbanizadas del planeta y una posición geopolítica relativamente neutral, América Latina representa apenas el 6 % del PIB global. Una región de enorme potencial que rara vez logra convertir sus ventajas en crecimiento sostenido.
Más aún, su participación en la economía mundial se ha reducido cerca de 15 % en los últimos 25 años, incluso después del auge de las materias primas que impulsó el crecimiento regional durante la primera década del siglo.
Sin embargo, el contexto internacional está cambiando de manera acelerada.
La transición hacia un mundo multipolar, la expansión de la economía digital, la transición energética, la creciente demanda global de alimentos y minerales críticos, así como la reorganización de las cadenas globales de suministro, están creando una ventana de oportunidad que podría redefinir el papel de América Latina en la economía mundial.
Pero para aprovecharla, la región debe enfrentar primero su principal desafío estructural: la productividad.
Destacado: La moda entra en la era de la inteligencia artificial
Durante los últimos 25 años, América Latina creció en promedio 2,3 % anual, por debajo del promedio mundial de 3 %. Además, cerca de dos terceras partes de ese crecimiento provinieron de la expansión de la fuerza laboral y no de mejoras sustanciales en productividad.
Mientras economías comparables como Polonia, Turquía, Egipto o Malasia lograron aumentos de productividad significativamente superiores, América Latina registró apenas 0.8 puntos porcentuales de crecimiento anual.
La productividad se convierte entonces en el gran imperativo económico de la región.
Si América Latina hubiera igualado el desempeño productivo de algunos países comparables durante las últimas dos décadas, hoy podría haber alcanzado niveles de ingreso propios de economías de altos ingresos.
La raíz de este rezago está estrechamente relacionada con la inversión. Durante los últimos 25 años, el aumento de capital por trabajador aportó apenas 0.9 puntos porcentuales al crecimiento de la productividad regional, aproximadamente la mitad de lo observado en economías comparables.
En este escenario, Colombia ocupa una posición particularmente interesante.
Durante los últimos 25 años, el país registró un crecimiento promedio cercano a 3.2% anual, superior al promedio regional. No obstante, buena parte de ese crecimiento también estuvo impulsado por el aumento de la fuerza laboral.
De cara al futuro, el reto es fortalecer la productividad para sostener la competitividad en un contexto global cada vez más exigente.
Las estimaciones sugieren que Colombia podría alcanzar un PIB de entre US$570.000 y US$650.000 millones hacia 2040 si logra aprovechar plenamente las oportunidades asociadas a estos cambios estructurales.
Una parte importante de ese potencial estaría vinculada a los grandes motores de crecimiento identificados para la región.
Entre ellos destacan la cadena agroalimentaria y los centros de datos.
El sector agroalimentario representa otra de las grandes apuestas. Colombia tiene la oportunidad de ir más allá de sus tradicionales exportaciones de café y banano para desarrollar cadenas de valor más sofisticadas, incrementar la transformación industrial y aprovechar la creciente demanda mundial de alimentos.
La combinación de recursos naturales, biodiversidad y acceso a mercados internacionales ofrece una plataforma difícil de igualar.
Al mismo tiempo, en centros de datos, Colombia cuenta con atributos diferenciales. La disponibilidad de energías renovables, la conectividad internacional mediante cables submarinos y una infraestructura creciente ofrecen condiciones favorables para consolidarse como un nodo regional de procesamiento y almacenamiento digital.
Destacado: El ROI más alto de su portafolio: su propia biología
Se trata de una oportunidad alineada con la expansión de la economía digital y con la creciente demanda de infraestructura tecnológica en la región.
La pregunta ya no es si existen oportunidades. La pregunta es si la región y el país lograrán capturarlas.
La historia económica latinoamericana está llena de oportunidades desaprovechadas. Hoy, sin embargo, el entorno global presenta condiciones distintas. La reorganización de las cadenas globales de suministro, la transición energética, la digitalización y la demanda de alimentos y minerales críticos están redefiniendo la economía mundial.
Para Colombia, el desafío consiste en transformar sus ventajas comparativas en ventajas competitivas.
Y para lograrlo, la fórmula es clara: inversión, innovación y productividad.
La oportunidad está sobre la mesa. Convertirla en crecimiento sostenido dependerá de la capacidad de la región para traducir su potencial en resultados.




