El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto volvió a poner una pregunta sobre la mesa: ¿en qué lugares del país es menos frecuente que ocurran terremotos? La inquietud cobra especial relevancia después de una emergencia que, con corte al 14 de agosto a las 6:30 a. m., dejaba 285 personas fallecidas, 3.975 heridas, 379 desaparecidas y más de 102.000 personas afectadas.
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Colombia es un país sísmicamente activo, pero los movimientos no se distribuyen de manera uniforme. Hay regiones donde la actividad registrada históricamente es considerablemente menor que en otras, una diferencia relacionada con las características geológicas y la ubicación de las principales zonas de actividad sísmica.
Estas son las regiones donde menos riesgo hay de terremotos
El Servicio Geológico Colombiano (SGC) explica que la mayor concentración de sismos del país se encuentra en la zona de las cordilleras y en el denominado Nido Sísmico de Bucaramanga. En contraste, la Amazonía y la Orinoquía presentan una menor actividad sísmica.
Para ubicar estas regiones, la Amazonía colombiana comprende principalmente los departamentos de Amazonas, Caquetá, Guainía, Guaviare, Putumayo y Vaupés, mientras que la Orinoquía está integrada por Arauca, Casanare, Meta y Vichada.

Sin embargo, la división territorial requiere una precisión: las regiones naturales no coinciden necesariamente de manera exacta con los límites departamentales. Parte del territorio de departamentos como Meta y Vichada, por ejemplo, tiene características asociadas a diferentes regiones naturales.
La menor actividad sísmica de estas zonas tampoco significa que sus habitantes estén fuera del alcance de un terremoto. El propio SGC mantiene vigilancia sobre ellas y cuenta con estaciones en departamentos como Guaviare y Putumayo.
¿Por qué hay menos estaciones en Amazonía y Orinoquía?
Esta fue precisamente una de las preguntas planteadas al Servicio Geológico Colombiano, que explicó que la menor cantidad de estaciones en estas regiones responde, entre otros factores, a su menor amenaza sísmica.
“En Colombia, la mayor concentración de la sismicidad está en la zona de las cordilleras y el nido sísmico de Bucaramanga. En la Orinoquía y Amazonía, los suelos son rocas más duras, por lo que la amenaza sísmica es más baja”.
Esto no significa que el país deje sin vigilancia a esos territorios. El SGC señaló que las estaciones ubicadas en Guaviare y Putumayo permiten registrar eventos que puedan producirse allí.
Además, el sistema colombiano aprovecha infraestructura de países vecinos para mejorar la capacidad de detección. Según la entidad, “incluso, utilizamos estaciones compartidas con Brasil y Perú para poder registrarlos”.
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La diferencia en el número de estaciones, por tanto, no debe interpretarse como una ausencia de monitoreo, sino como una distribución que responde a las características de la actividad sísmica del territorio.
Colombia registra unos 2.500 sismos al mes
Que una región registre pocos movimientos perceptibles no significa que Colombia tenga poca actividad sísmica. El SGC señala que el país registra alrededor de 2.500 sismos al mes, movimientos que son monitoreados permanentemente por la Red Sismológica Nacional.
La mayoría de estos eventos no es percibida por la población debido a su magnitud o profundidad. El monitoreo permite determinar dónde ocurre cada movimiento y entregar información a las autoridades encargadas de la gestión del riesgo.

El SGC enfatiza que esta vigilancia funciona de manera permanente: “Estos eventos los monitoreamos las 24 horas del día, los 7 días de la semana a través de nuestra Red Sismológica Nacional”.
La actividad sísmica, por tanto, no es un fenómeno excepcional en Colombia. Lo excepcional son los eventos de gran magnitud capaces de producir daños importantes y ser sentidos en amplias zonas del territorio.
¿Por qué el terremoto de Chocó se sintió en tantas zonas?
La profundidad del terremoto del 10 de agosto también ayuda a entender por qué el movimiento fue percibido a grandes distancias.
El SGC explicó que el sismo ocurrió a una profundidad cercana a 100 kilómetros y tuvo una magnitud de 7,4. Para explicar el fenómeno, la entidad utilizó una comparación con una fuente de luz: “Piensa en una linterna: si la acercas a una pared, ilumina un área pequeña; si la alejas, la luz cubre una superficie mayor”.
Con las ondas sísmicas ocurre algo similar. Al originarse a una profundidad considerable, la energía liberada se propaga en diferentes direcciones antes de alcanzar la superficie.

“Al originarse a casi 100 km de profundidad y tener una magnitud de 7,4, la energía liberada viaja en todas las direcciones hasta llegar a la superficie, abarcando una amplia zona donde se alcanza a percibir”.
Esto permite entender por qué un terremoto puede sentirse en lugares alejados del epicentro sin que eso signifique que todos esos territorios tengan el mismo nivel de amenaza o hayan recibido la misma intensidad del movimiento.
¿Dónde se concentra el mayor riesgo?
El mapa sísmico de Colombia presenta un contraste importante con las zonas de menor actividad. La región de las cordilleras concentra buena parte de los movimientos registrados y allí se encuentra además el Nido Sísmico de Bucaramanga, una de las áreas de mayor actividad sísmica del país.
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El modelo nacional de amenaza sísmica también identifica sectores como el litoral Pacífico y el Borde Llanero, además de áreas de Santander, Norte de Santander y Arauca, entre las zonas que pueden experimentar mayores aceleraciones durante un periodo de 50 años.
Aquí es importante separar dos conceptos: frecuencia sísmica y amenaza sísmica no son exactamente lo mismo. Una región puede registrar menos terremotos y, aun así, tener condiciones que hagan relevante el impacto de un evento fuerte.




