La reactivación del mercado de vivienda en Colombia enfrenta retos relacionados con la demanda, la capacidad de financiación, la sostenibilidad y la evolución de las necesidades de los compradores. En este contexto, Javier Rangel, gerente comercial de Construcciones Planificadas, dijo a Valora Analitik sobre los desafíos que afronta el sector y las condiciones necesarias para dinamizar el acceso a la vivienda.
Uno de los principales desafíos consiste en reducir la brecha entre el interés de los hogares por adquirir vivienda y su capacidad efectiva para financiarla. La necesidad habitacional permanece, pero las familias evalúan con mayor detenimiento cuánto pueden destinar de sus ingresos, cuál será el valor de la cuota y qué impacto tendrá una obligación de largo plazo sobre sus finanzas.
Por esta razón, el mercado no puede entenderse como un escenario sin compradores, sino como uno en el que los consumidores son más selectivos. Esta situación exige proyectos con características adecuadas y soluciones financieras que respondan a la capacidad de pago de los hogares. El sector debe ofrecer productos correctamente estructurados y ubicados, además de esquemas de pago y alternativas que faciliten el cierre financiero.
En Construcciones Planificadas, 2025 registró un comportamiento positivo, con ventas superiores a $300.000 millones, uno de los mejores resultados en la historia de la compañía. Para 2026, la empresa continúa identificando demanda, aunque reconoce cambios en los tiempos y criterios de decisión de los compradores. Actualmente, el consumidor analiza con mayor detalle su capacidad financiera y busca un valor agregado que justifique asumir un compromiso de largo plazo.
Este escenario también plantea la necesidad de una mayor articulación entre los diferentes actores del mercado. Constructoras, entidades financieras, cajas de compensación y sector público pueden trabajar en mecanismos que faciliten el acceso a la vivienda, especialmente para los hogares que mantienen la intención de compra, pero encuentran dificultades para concretarla.
El desafío no se limita a estimular la demanda en el corto plazo. También es necesario generar confianza y condiciones financieras sostenibles que permitan a las familias adquirir una vivienda sin comprometer de manera desproporcionada su estabilidad económica.
En materia de expansión, la compañía considera que las oportunidades no deben definirse únicamente a partir de ciudades específicas. El potencial estará en territorios donde converjan una necesidad estructural de vivienda, conectividad, acceso a servicios, infraestructura, posibilidades de desarrollo urbano y condiciones financieras que permitan materializar la compra.
El mercado inmobiliario tampoco presenta un comportamiento homogéneo. Mientras algunos segmentos y proyectos enfrentan mayores dificultades, otros mantienen resultados favorables. Por ello, las decisiones de crecimiento deben partir de un análisis detallado de la demanda, la capacidad de pago de los hogares, la infraestructura disponible y las perspectivas de desarrollo de cada territorio.
La estrategia de Construcciones Planificadas apunta a priorizar proyectos correctamente estructurados y respaldados por una demanda comprobable, en lugar de buscar crecimiento únicamente mediante una mayor presencia geográfica.
Sostenibilidad y nuevas necesidades del comprador
La sostenibilidad también está adquiriendo una dimensión económica para los hogares. Una edificación eficiente puede contribuir a reducir los consumos de agua y energía, mejorar las condiciones de habitabilidad y disminuir los costos asociados a la operación del inmueble durante su vida útil.
Estos factores comienzan a tener mayor relevancia en el proceso de decisión de los compradores. Ya no se trata únicamente de identificar si un proyecto incorpora características sostenibles, sino de comprender cómo las decisiones de diseño y construcción pueden generar efectos concretos sobre los costos futuros de habitar una vivienda.
En Construcciones Planificadas, la compañía busca incorporar criterios de sostenibilidad desde las etapas de diseño y construcción y mantiene como criterio comunicar únicamente aquellas certificaciones e indicadores que hayan sido debidamente verificados.
De esta manera, la sostenibilidad deja progresivamente de ser un elemento adicional para convertirse en una condición cada vez más relevante dentro del mercado, tanto por la creciente conciencia ambiental como por los posibles beneficios económicos que puede representar para las familias.
A su vez, la oferta inmobiliaria deberá concebirse cada vez menos como una edificación independiente y más como parte de un ecosistema urbano. En el segmento residencial, esto implica analizar cómo se desplazan las personas, qué servicios requieren en su entorno, cómo utilizan las zonas comunes y qué tan eficiente resulta el inmueble durante su vida útil.
El mercado ya evidencia nuevas configuraciones, como viviendas más compactas acompañadas de una mayor oferta de zonas compartidas, proyectos de usos mixtos que integran vivienda, comercio y oficinas, alternativas de movilidad diferentes al automóvil y una mayor valoración de la cercanía a servicios.
En el segmento de oficinas ocurre un proceso similar. La ubicación, la conectividad, la eficiencia de las edificaciones y su integración con los servicios del entorno adquieren mayor importancia, junto con las características propias de los espacios corporativos.
El desafío para el sector inmobiliario durante los próximos años será superar una visión centrada exclusivamente en los metros cuadrados y avanzar hacia proyectos diseñados a partir de la manera en que las personas viven, trabajan y se movilizan. Bajo esta perspectiva, la ciudad y su entorno se convierten en componentes cada vez más relevantes del producto inmobiliario.




