Venezuela vuelve a aparecer en los planes de expansión de las empresas colombianas. Después de años marcados por la contracción del comercio y una elevada percepción de riesgo, las compañías están nuevamente evaluando oportunidades en el mercado vecino, mientras una proporción importante del empresariado ya contempla desembolsos durante 2026.
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La magnitud del interés queda reflejada en una encuesta de KPMG Venezuela a 68 ejecutivos de 12 sectores: el 44 % de las empresas consultadas confirmó que realizará nuevas inversiones este año, mientras otro 40 % todavía evalúa hacerlo. En otras palabras, 84 % está contemplando algún nivel de inversión, frente a apenas 16 % que descarta nuevos desembolsos.
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El dato adquiere mayor relevancia cuando se observa la perspectiva que tienen las compañías sobre la economía venezolana. El 99 % de los ejecutivos consultados espera que la economía del país crezca durante 2026, mientras el 91 % proyecta aumentar las ventas de sus propias organizaciones.
KPMG describe este escenario como uno de “optimismo condicionado”: existe nuevamente una expectativa de crecimiento, pero las empresas están tomando decisiones con mayor disciplina financiera y operativa.
¿Por qué las empresas colombianas están mirando nuevamente a Venezuela?
Para Colombia, el movimiento tiene una particularidad que no necesariamente está presente para otros inversionistas internacionales: la cercanía geográfica, los vínculos comerciales históricos y el conocimiento del consumidor venezolano pueden reducir algunas de las barreras que enfrentaría una compañía completamente nueva en ese mercado.

El comercio bilateral ofrece una dimensión concreta de esa relación. En 2025 alcanzó US$1.170 millones, con exportaciones colombianas superiores a US$1.071 millones. Sin embargo, los primeros meses de 2026 también muestran que la recuperación todavía enfrenta obstáculos: durante el primer trimestre, el intercambio comercial cayó 8,4 % frente al mismo periodo del año anterior.
Por eso, el renovado interés empresarial no significa que las compañías estén entrando masivamente al país ni que hayan desaparecido los riesgos. La propia evaluación de KPMG diferencia entre tener interés comercial y estar en condiciones de ejecutar una inversión estructural.
“Tener una oportunidad de mercado no significa automáticamente que una inversión sea viable”, señaló Ramón Ostos, socio director de KPMG Venezuela. Según explicó, las empresas están evaluando variables como retorno, regulación, financiamiento, capacidad operativa y exposición al riesgo antes de comprometer capital.
Los sectores que están sobre la mesa en Venezuela
El análisis de KPMG identifica oportunidades y desafíos en diferentes actividades económicas. Entre ellas aparecen banca y seguros, tecnología y telecomunicaciones, petróleo y gas, turismo, startups y empresas emergentes.
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Para una compañía colombiana interesada en Venezuela, la decisión tampoco termina en identificar un producto que pueda venderse o un mercado con demanda. La estructura jurídica de la operación, el régimen tributario, las condiciones cambiarias, la regulación laboral, los mecanismos de pago y las normas particulares de cada actividad son factores que pueden determinar si un proyecto resulta viable.
“Entrar bien será más importante que entrar rápido”, explicó Ostos, quien advirtió que antes de invertir es necesario entender cómo se moverán los recursos, cómo se administrarán los riesgos cambiarios y tributarios y cuál será la estructura operativa y de socios.
Una de las variables que puede marcar la diferencia entre el interés y una inversión efectiva es el acceso al financiamiento. KPMG señala que la disponibilidad de crédito, la inflación, el tipo de cambio, la carga tributaria y la eficiencia de los servicios públicos continúan condicionando la capacidad de las empresas para ejecutar sus planes.

A esto se suma un cambio institucional que KPMG considera relevante: el restablecimiento de las relaciones de Venezuela con organismos multilaterales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Para las empresas, este proceso puede tener implicaciones que van más allá del eventual acceso a financiación y asistencia técnica.
También puede elevar las exigencias relacionadas con gobierno corporativo, transparencia, sostenibilidad, cumplimiento y rendición de cuentas, elementos que adquieren mayor importancia para compañías que pretendan atraer capital o participar en proyectos de mayor escala.
Venezuela vuelve al radar, pero no a cualquier precio
El escenario que se desprende de las cifras es, por tanto, más matizado que una simple vuelta de las empresas a Venezuela. Hay interés, expectativas de ventas y planes de inversión, pero las compañías están condicionando sus decisiones a que exista suficiente claridad sobre las reglas y los riesgos.
De hecho, KPMG no anticipa una entrada masiva e inmediata de capital. La perspectiva apunta más bien a una recuperación progresiva, en la que empresas e inversionistas aumenten su exposición a medida que obtengan mayor claridad sobre el entorno.
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Para los empresarios colombianos, esto implica que la oportunidad venezolana vuelve a estar sobre la mesa, pero requiere una evaluación distinta a la que se hacía antes de la crisis. La ventaja de conocer el mercado y tener una relación comercial histórica puede facilitar el ingreso, pero no elimina los riesgos asociados a regulación, divisas, tributación, financiación y cumplimiento. “La oportunidad existe; el reto es convertirla en inversión sostenible”, resumió Ostos.



