El fenómeno de El Niño vuelve a encender las alertas en Colombia. Sus efectos no solo se sienten en las temperaturas, las lluvias y la disponibilidad de agua: también pueden poner a prueba uno de los servicios que más necesitan los hogares y las empresas: la energía eléctrica.
Lea también: Así será la megaobra para descontaminar el río Bogotá que impactaría a 80 municipios del país
La preocupación aumenta ante las proyecciones del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam). Su director, Andrés Herkrath, señaló que existe una probabilidad del 90 % de que el fenómeno sea clasificado como muy fuerte y del 75 % de que alcance la mayor intensidad registrada desde que existen datos. Según la actualización científica divulgada en septiembre, sus efectos podrían extenderse hasta junio, julio o agosto de 2027.
Recibe nuestro boletín en tu correo
Este escenario representa un desafío para el sistema eléctrico colombiano, cuya generación depende en buena medida de las centrales hidroeléctricas. Si disminuyen las lluvias y los ríos aportan menos agua a los embalses, el país necesita recurrir con mayor intensidad a las plantas térmicas y garantizar que estas tengan combustible suficiente para producir electricidad.
Pero ¿significa esto que Colombia tendrá apagones en 2027? No necesariamente. David Felipe Celeita, director de Proyección y Relacionamiento y profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Sabana, explicó que un posible déficit energético no equivale automáticamente a un racionamiento. El riesgo depende de factores como el crecimiento de la demanda, la disponibilidad de las plantas, las condiciones hidrológicas y el suministro de combustibles.
¿Colombia podría tener apagones en 2027 por el fenómeno de El Niño?
La primera aclaración del experto es que hablar de un posible déficit de energía no significa que el país necesariamente vaya a quedarse sin electricidad. Se trata de un escenario en el que los recursos disponibles para generar y suministrar energía podrían resultar insuficientes bajo determinadas condiciones.

Celeita explicó que es necesario diferenciar entre dos conceptos: el déficit de energía firme y el déficit de potencia. El primero se refiere a una insuficiencia de respaldo para garantizar el suministro en condiciones críticas. El segundo ocurre cuando el sistema no cuenta con capacidad disponible suficiente para atender la demanda en determinados momentos.
El académico señaló: “Cuando hablamos de un posible déficit energético en 2027, no estamos diciendo que Colombia necesariamente vaya a experimentar apagones. Bajo determinados escenarios de crecimiento de la demanda, disponibilidad de generación, hidrología y combustibles, la energía que el sistema puede suministrar de manera confiable podría resultar insuficiente para atender el consumo nacional”.
Y agregó: “Es importante diferenciar entre un déficit de energía firme, que representa una insuficiencia de respaldo en condiciones críticas, y un déficit de potencia, que ocurre cuando no existe suficiente capacidad disponible para atender la demanda en determinados momentos. Ambos representan riesgos, pero no significan automáticamente un racionamiento”.
En otras palabras, el país puede enfrentar dificultades para garantizar el suministro en determinados escenarios sin que eso implique necesariamente cortes programados o apagones generalizados. La capacidad de respuesta dependerá de qué tanta generación esté disponible y de si puede llegar a los lugares donde se necesita.
¿Por qué El Niño representa un riesgo para la energía en Colombia?
La dependencia de las hidroeléctricas es uno de los principales factores que explican la preocupación. En condiciones normales de lluvias, estas centrales pueden aportar alrededor del 70 % de la electricidad producida en el país, según explicó Celeita.
Puede interesarle: El Dorado busca conectarse con el Metro y Regiotram: así es el megaproyecto Bogotá Ciudad Aeropuerto
Cuando aparece un fenómeno de El Niño fuerte, disminuyen las precipitaciones y los aportes de agua a los embalses. Esto obliga a utilizar más las plantas térmicas, que generan electricidad a partir de combustibles como el gas natural.
El experto advirtió que el problema no consiste únicamente en tener menos agua almacenada, sino en garantizar que el sistema cuente con otras fuentes capaces de responder durante un periodo prolongado de bajas lluvias.
“El fenómeno de El Niño continúa siendo determinante porque Colombia tiene una matriz eléctrica estructuralmente dependiente del agua. En años de hidrología favorable, la generación hidroeléctrica puede representar alrededor del 70 % de la electricidad producida en el país. Pero durante un episodio fuerte de El Niño disminuyen los aportes de los ríos a los embalses y el sistema debe recurrir con mayor intensidad a la generación térmica”, explicó.
A esa situación se suma la disponibilidad de gas natural. Celeita señaló que el sistema enfrenta mayores restricciones en el suministro de este combustible y una exposición creciente a los precios internacionales del gas importado.
Por eso, el desafío no se limita a almacenar agua. También implica garantizar que las plantas térmicas puedan operar cuando se necesiten y que existan fuentes adicionales para complementar la generación hidroeléctrica.
¿En qué nivel deben estar los embalses para evitar un apagón en Colombia?
El nivel de los embalses es uno de los indicadores que más atención recibe cuando se habla de la confiabilidad energética. Sin embargo, el experto explicó que no basta con observar el porcentaje de agua almacenada: también es necesario calcular cuánta electricidad puede producirse con ese recurso y durante cuánto tiempo puede sostenerse la demanda.

Celeita recordó tres episodios que permiten dimensionar la importancia de este indicador. En 1992, durante el gran apagón que vivió Colombia, los niveles de los embalses cayeron por debajo del 30 %. En 2016, el almacenamiento estuvo cerca del 50 % y, según el experto, permitió evitar un apagón. En 2024, durante otro episodio de condiciones hidrológicas adversas, los niveles llegaron a cerca del 27 %.
Para 2026, el académico señaló que los embalses estaban por encima del 75 % en el momento de su análisis. No obstante, advirtió que el país debe mantener el monitoreo ante la demanda de electricidad y los pronósticos de variabilidad climática.
“Desde el punto de vista técnico, lo importante no es solamente cuánta agua tenemos almacenada, sino cuánta energía podemos producir con esa agua y durante cuánto tiempo podemos sostener la demanda si las lluvias continúan disminuyendo”, afirmó.
Esto significa que un nivel alto de almacenamiento puede ofrecer un margen de respaldo, pero no elimina por sí solo los riesgos. Si el periodo seco se prolonga, el sistema debe administrar el agua disponible y garantizar que otras tecnologías puedan cubrir una mayor parte del consumo.
¿Qué debe hacer Colombia para reducir el riesgo de déficit energético?
Para Celeita, uno de los principales problemas del sistema eléctrico es que no se puede analizar por separado la generación, la transmisión y el suministro de combustibles. Los tres componentes deben funcionar de manera coordinada.
El país necesita incorporar nuevas plantas de generación, pero también construir y habilitar las redes que permitan transportar esa electricidad desde los lugares donde se produce hasta las ciudades y regiones donde se consume. El experto destacó el potencial de los proyectos solares y eólicos, especialmente en la región Caribe, aunque advirtió que varios han enfrentado retrasos para entrar en operación.
También se refirió a los planes del Gobierno para ampliar la capacidad de regasificación, impulsar nuevos proyectos de gas y desarrollar infraestructura. A su juicio, estas medidas son necesarias, pero no garantizan por sí solas que exista combustible disponible para las plantas térmicas.
“Tener mayor capacidad de regasificación no garantiza automáticamente que exista gas contratado, disponible y económicamente accesible para las plantas térmicas. También necesitamos capacidad de transporte, contratos de suministro y condiciones comerciales que permitan operar esas centrales durante periodos prolongados”, explicó.
También puede leer: Impuesto predial en Colombia podría aumentarle más si hace alguna de estas acciones: tome nota
Por esa razón, Colombia debe acelerar los proyectos de generación, resolver los retrasos en las redes de transmisión y diversificar las fuentes de energía firme. Además de la solar y la eólica, Celeita mencionó la necesidad de evaluar tecnologías como la geotermia y otras alternativas de generación gestionable.
El académico insistió en que el resultado debe medirse por la infraestructura que efectivamente entre en funcionamiento y no solamente por los proyectos anunciados. “El indicador de éxito debe ser cuánta generación confiable y cuánta infraestructura de transmisión entran realmente en operación, con fechas verificables, para reducir los riesgos de abastecimiento en 2027 y los años siguientes”.



