La demanda energética en Colombia sigue creciendo de manera sostenida, aun cuando la infraestructura no lo hace al mismo ritmo. Ese es uno de los mensajes en los que viene haciendo énfasis el sector, desde donde también se ha hecho un llamado a la necesidad de ampliar la capacidad de generación para respaldar el suministro.
Para hacerse una idea, la Unidad de Planeación Minero-Energética (UPME) proyecta que la demanda en el Sistema Interconectado Nacional (SIN) se incrementará cerca de un 10 % entre 2026 y 2030, lo cual presionaría tanto la oferta del sistema como la red de transporte de energía.
Ahí es donde entra el tema de la diversificación de la matriz, en especial en un contexto en el que los impactos del fenómeno de El Niño empiezan a sonar con más fuerza.
Necesidad de respaldo
De acuerdo con Jesús Pérez Benito-Revollo, gerente de RAP Caribe, el problema no está en la disponibilidad de energía, sino en cómo se está realizando la articulación en términos de regulación, capacidad y uso de fuentes.
En el caso puntual del Caribe, por ejemplo, el sistema de prestación tiene unas condiciones particulares que requieren de una apuesta regulatoria y normativa específica. A eso se suma una generación limitada, puesto que muchos de los proyectos de generación aprobados no logran inyectar energía al sistema por falta de infraestructura de conexión.
El panorama cobra mayor relevancia ante la posibilidad de periodos secos. La generación hidráulica continúa siendo la principal fuente de energía del país, pero cuando llegan estas condiciones, su participación tiende a reducirse de manera estratégica para conservar el agua de los embalses y enfrentar los meses de mayor sequía.
Es ahí donde aparece la generación térmica como complemento para respaldar el sistema y garantizar la prestación del servicio, y en donde tanto el carbón como el gas vuelven a ganar protagonismo.

El peso del carbón
Según explicó Carlos Cante, presidente de Fenalcarbón, durante su intervención en el 13° Foro Energético de la Asociación Nacional de Empresas Generadoras (Andeg), el carbón ha venido ganando participación como fuente de respaldo para el sistema. El dirigente señaló que durante 2025 su aporte se ubicó alrededor de 5,1 %, mientras que este año alcanza niveles cercanos al 12 %.
Teniendo en cuenta el peso que tiene este energético, el líder gremial también abordó la necesidad no solo de que se amplíe la capacidad de generación a través de este recurso, sino también de que se estructure un esquema de suministro diferente. Eso sin dejar de lado las energías limpias, sino sirviendo como complemento a la matriz.
Una de esas propuestas consiste en que los nuevos proyectos con gran capacidad de suministro se lleven a cabo bajo el modelo de boca de mina para ahorrar costos de transporte del mineral y logística.
Para Cante, este escenario de mayor demanda energética obliga a pensar en nueva capacidad de generación firme. En ese sentido, sostuvo que el país requeriría entre 600 y 800 megavatios (MW) adicionales de generación térmica a carbón para cerrar brechas entre oferta y demanda y fortalecer la seguridad energética.
Un ejemplo de ello es el proyecto que se está planteando en San Jorge (Córdoba), que consiste en la construcción de dos plantas gemelas bajo el esquema de zona franca, lo que generaría economías en el transporte y manejo del carbón. Según explicó, la iniciativa permitiría incorporar cerca de 434 MW de capacidad adicional de generación, demandaría alrededor de 5.000 toneladas diarias de carbón y podría generar cerca de 1.000 empleos permanentes durante su operación.
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¿Y el gas?
Otro recurso al que se le suele apostar para reforzar la firmeza del sistema de generación térmica y evitar desabastecimientos es el gas. En especial, el Gas Natural Licuado (GNL).
En la discusión del panel ‘Cadenas de valor para la seguridad energética’, representantes del sector hicieron énfasis en la competitividad alrededor del recurso, destacando algunos proyectos claves en torno a la infraestructura de GNL en materia de importación y regasificación. Eso incluye el papel de SPEC en el abastecimiento de la demanda nacional y otras iniciativas que están en desarrollo, como Amazonica LNG y Puerto Bahía.
En esa misma línea, se hizo un llamado al Gobierno para que se creen reglas de juego claras que permitan atraer la inversión que se requiere para mantener y ampliar los equipos y la estructura. Además de pedir a la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) una regulación que se adapte a las dinámicas del mercado internacional, permitiendo la contratación a largo plazo.
Así las cosas, el carbón y el gas buscan mantener un papel como complementos de las fuentes de generación que vienen ganando espacio. Pero el desafío para el sector no solo pasa por sumar nuevos megavatios, sino en lograr que exista la infraestructura, la regulación y la capacidad de respaldo necesarias para que esa energía pueda llegar efectivamente al sistema.

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