Por: Yi He, Co-CEO y fundadora de Binance
Cuando me enteré de que aparecería en la lista de las Mujeres Más Poderosas en los Negocios de Fortune, mi primera reacción fue: “¿Qué he hecho para merecer esto?” Lo segundo que sentí fue una profunda sensación de responsabilidad ante lo que viene.
El reconocimiento lleva mi nombre, pero le pertenece al equipo de Binance, a los usuarios de Binance, a Satoshi Nakamoto y a cada miembro de la comunidad cripto que ayudó a convertir esta industria de una idea en una ola global.
Hace unos años, habría parecido inusual que una fundadora de la industria cripto apareciera en una lista como esta. Hoy, se siente más como una señal de que nuestra industria ha avanzado, paso a paso, desde los márgenes de las finanzas y la tecnología hasta el centro del escenario.
Este no es mi “logro”. Si acaso, vi venir la ola, tuve el coraje de subirme a la tabla de surf y aprendí, a base de prueba y error, cómo cabalgarla. Pero este reconocimiento sí representa un paso más en el largo recorrido de la blockchain desde el mundo de nicho de los entusiastas tecnológicos hasta la vida cotidiana.
Aún queda un largo camino por recorrer. Tenemos que seguir construyendo, un pequeño paso a la vez, refinando, mejorando, día tras día.
A menudo me llamo a mí misma “directora de Atención al Cliente”, y me encanta ese título. En Binance, cualquier persona que se incorpora al equipo directivo pasa su primer mes trabajando en primera línea en atención al cliente, y cada trimestre vuelve a rotar. Yo hago lo mismo. La idea es que los usuarios notan todos los días lo que uno podría perderse sentado detrás de un escritorio.
El año pasado en Dubái, un joven de Kenia me detuvo al terminar un evento. Cada mes usa Binance para enviar su sueldo a casa, a su madre. No me preguntó nada sobre arquitectura blockchain ni sobre tokenomics. Solo quería que supiera lo mucho más rápido que su madre recibe el dinero ahora, y lo poco que se pierde en el camino. Él no necesitaba que le educaran sobre criptomonedas; necesitaba un producto que funcionara.
No está solo. En los últimos cinco años, más de 34 millones de personas han utilizado Binance Pay para remesas, moviendo más de US$87.000 millones en volumen acumulado. Frente a la comisión media global de remesas del Banco Mundial del 6,36 %, eso representa más de US$5.000 millones ahorrados. Dinero que no desapareció en manos de intermediarios, sino que quedó donde le corresponde: en las mesas familiares, en las matrículas escolares de los niños, en el capital semilla de pequeños negocios.
La puerta tiene que caer
Nací en un pequeño pueblo de Sichuan, del tipo que es difícil encontrar en un mapa. De pequeña, a veces se iba la luz y tenía que hacer los deberes con una lámpara de queroseno. En mi pueblo, algunas chicas entraban a trabajar en fábricas antes de cumplir los 16 años, usando documentos de identidad ajenos.
Cuando tenía nueve años, murió mi padre. Mi tío le dijo a mi madre: “No tiene sentido gastar tanto en la educación de una niña. Mejor guarda el dinero para que tu hijo pueda casarse algún día”. Pero mi madre no le escuchó, y era increíblemente fuerte. Trabajó como maestra sustituta mientras cultivaba nuestra tierra, mantuvo a toda la familia sola y aun así logró enviarme a la universidad.
Con los años, la gente me ha preguntado a menudo: “¿Por qué sigues trabajando tan duro si ya tienes libertad financiera?” Para ser sincera, no todo el mundo tiene la oportunidad de cambiar el mundo, pero si te encuentras en posición de ayudar a moldear el futuro, ¿por qué no intentarlo? Como reza el viejo proverbio: “En la pobreza, cultívate a ti mismo. En la prosperidad, sirve al mundo”.
En las ciudades de segundo y tercer nivel de la India, hay un grupo de mujeres de entre 36 y 50 años. Sus madres nunca tuvieron una cuenta bancaria en toda su vida, y hace un año, ellas tampoco. En el último año, se han convertido en uno de nuestros grupos de usuarios de más rápido crecimiento.
Las personas a las que nadie escuchaba están recuperando gradualmente el control sobre su propio dinero y el futuro de sus familias, alejándose de sistemas obsoletos. Conquistando el derecho a saber, el derecho a decidir y la capacidad de acceder a un mundo financiero más eficiente y de menor costo. Me recuerdan a mí misma hace 12 años, cuando empecé a preguntarme: “¿Qué es el dinero?” Para mí, eso importa más que cualquier gran narrativa.
A lo largo de los años, Binance ha llevado a cabo decenas de miles de pequeños eventos e iniciativas en zonas rurales de Sudáfrica, Brasil e India: desde becas y talleres de formación hasta clases básicas de educación financiera. Ninguno de estos esfuerzos llega a los titulares, pero están ocurriendo, uno a uno.
No me gusta la expresión “empoderar a las mujeres”. Suena como si alguien tuviera la llave y decidiera si te deja entrar o no. Lo que yo prefiero es derribar la puerta, para que más personas puedan cruzarla. Las mujeres deben decidir por sí mismas quiénes quieren ser y qué tipo de vida quieren vivir.
De 300 millones a 3.000 millones
Cuando dijimos por primera vez que Binance serviría a 1.000 millones de usuarios, los de fuera de la empresa pensaron que estábamos soñando. Hoy tenemos más de 300 millones de usuarios y 1.000 millones ya no parece un sueño lejano,así que este año elevamos el objetivo a 3.000 millones.
Para ser honesta, antes de pronunciar esas palabras en voz alta, me pregunté: “¿Es correcto este número? ¿Somos dignos de él?” Pero hay algo que sé con certeza: si nosotros no apuntamos a eso, nadie más lo hará por esos 3.000 millones de personas.
3.000 millones es aproximadamente el número de adultos en el mundo que aún permanecen fuera del sistema financiero formal. Eso significa que lo que estamos construyendo ya no puede ser solo un exchange de criptomonedas; tiene que convertirse en una infraestructura financiera capaz de sostener la vida cotidiana de miles de millones de personas en todo el mundo.
La IA está redefiniendo la productividad, pero si esa productividad pertenece solo a un puñado de empresas, eso no es una revolución, sino un nuevo monopolio. En el último año, poco a poco, hemos ido poniendo en manos de los usuarios comunes herramientas que antes solo estaban al alcance de instituciones profesionales.
Permitir que alguien sin conocimientos de programación use la IA para tomar mejores decisiones, y que alguien nuevo en el mundo cripto pueda hacer preguntas en lenguaje natural y obtener las respuestas que necesita. Las finanzas no deben ser un idioma que hablan solo unos pocos.
La blockchain aspira a resolver un problema diferente: garantizar que todos los que usen la IA puedan participar del valor que esta crea y recibir la parte que legítimamente les corresponde. Solo cuando estas dos fuerzas se unan tendremos una oportunidad real de dar el salto de 300 millones a 3.000 millones.
De pequeña escuché a menudo: “Si no te gusta el mundo, cámbialo”. Me abrí camino paso a paso desde un pequeño pueblo de Sichuan hasta la ciudad más cercana, luego hasta ciudades más grandes y, finalmente, al mundo entero. Así que sé mejor que nadie que el mundo que uno desea, como Roma, no se construye en un día.




