En las últimas décadas, Colombia ha experimentado una transformación social profunda, sin embargo, la igualdad plena entre hombres y mujeres sigue siendo una meta esquiva.
Un reciente estudio titulado «Explorando las brechas de género en Colombia», coordinado por la investigadora del Banco de la República María Teresa Ramírez-Giraldo y elaborado por un equipo de 37 autores de diversas instituciones, ofrece una radiografía detallada de los obstáculos que persisten en múltiples dimensiones.
Como señala Ramírez, «las brechas de género son las diferencias entre hombres y mujeres en ámbitos como la economía o lo social», manifestándose en el acceso al empleo, la educación, las remuneraciones y hasta en el uso de la tecnología.
Uno de los hitos más significativos del siglo XX fue el aumento de la participación femenina en el mercado de trabajo, que pasó del 18 % en 1951 al 43 % en 1984, alcanzando cerca del 60 % en 2024. No obstante, la brecha frente a los hombres, cuya participación se mantiene en torno al 75 %-78 %, sigue siendo de aproximadamente 18 a 20 puntos porcentuales.
Incluso cuando las mujeres logran insertarse laboralmente, enfrentan remuneraciones inferiores. El estudio revela que existe una brecha salarial promedio cercana al 13 % en 2024 que no puede ser explicada por factores observables como educación o experiencia.
«Si hombres y mujeres con características similares tienen diferentes salarios, es porque hay factores no observables, como estereotipos y discriminación», afirma Ramírez.
A esto se suma el llamado «techo de cristal»: en 2020, solo el 15 % de los miembros de juntas directivas eran mujeres, cifra que apenas subió al 25,6 % en 2025.
La paradoja educativa y el peso del cuidado
En educación, la brecha de matrícula se ha revertido: hoy el 45 % de las mujeres accede a la universidad frente al 35 % de los hombres. Sin embargo, esta ventaja en cobertura no se traduce en el desempeño académico.
Las mujeres obtienen puntajes inferiores en las pruebas Saber 11 y Saber Pro, especialmente en matemáticas y ciencias naturales, y siguen subrepresentadas en carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), que son las mejor remuneradas.
El mayor obstáculo estructural, no obstante, se encuentra dentro del hogar . Las mujeres dedican, en promedio, 5 horas más al día que los hombres al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. Esta carga se intensifica con la maternidad, un fenómeno denominado «penalidad por hijo».
Tras tener su primer hijo, la probabilidad de empleo formal para las mujeres cae un 16 %, mientras que para los hombres el evento no genera efectos negativos significativos en sus ingresos o estabilidad.»Parece que en el ámbito privado del hogar estamos más quedados; no hay una corresponsabilidad de las labores», advierte Ramírez.
Inclusión financiera y la vejez desprotegida
La desigualdad también permea el sistema financiero y la protección en la vejez. Aunque las mujeres muestran menores niveles de morosidad y riesgo, enfrentan tasas de interés más altas y acceden a créditos por montos menores que sus pares masculinos.
En la vejez, las brechas acumuladas durante la vida laboral estallan: solo el 20,4 % de las mujeres en edad de jubilación recibe una pensión contributiva, frente al 31 % de los hombres. Esto se debe a trayectorias laborales más cortas e interrumpidas por el cuidado, y a que a las mujeres se les exige cumplir requisitos en menos tiempo (jubilación a los 57 años vs. 62 en hombres).
Más allá de la justicia social, cerrar estas brechas es una necesidad económica. El estudio concluye que reducir la desigualdad salarial a la mitad impulsaría el PIB, el consumo y la inversión, generando un crecimiento económico adicional de 4,5 puntos porcentuales hacia 2035. «Cerrar las brechas nos va a llevar a un mejor crecimiento económico de largo plazo y beneficiará a toda la población», concluye Ramírez.
La hoja de ruta propuesta por los expertos incluye fortalecer el Sistema Nacional de Cuidado, promover licencias de paternidad equitativas y derribar los estereotipos que, desde la escuela, limitan el potencial de las niñas colombianas.




