Venezuela no es solo un país petrolero: es el que posee las mayores reservas probadas de crudo del planeta. Con cerca de 303.000 millones de barriles, concentra alrededor del 17 % de las reservas globales, superando a potencias como Arabia Saudita (267.000 millones) e Irán (209.000 millones), según datos del U.S. Energy Information Administration (EIA) y reportes de la OPEP.
Este volumen de petróleo en Venezuela ubica al país en el centro del mapa energético mundial desde hace más de una década, en un ranking donde los cinco mayores productores concentran buena parte del petróleo disponible a largo plazo.
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Sin embargo, la mayor parte de estos recursos se encuentra en la Faja del Orinoco, una de las mayores acumulaciones de crudo pesado del mundo, lo que implica mayores costos y complejidad técnica para su extracción y procesamiento frente a otros productores globales.
Bajo este contexto de abundancia en reservas y complejidad operativa, cualquier variación en los niveles de producción adquiere una relevancia particular para los mercados energéticos.

En 2026, esa dinámica vuelve a cobrar protagonismo: Venezuela muestra señales de recuperación en su bombeo de crudo, en medio de ajustes en su industria, participación de socios internacionales y un entorno global que sigue atento a cualquier cambio en la oferta petrolera.
El nuevo hito en la producción de petróleo en Venezuela
De acuerdo con cifras presentadas por el Gobierno venezolano y sustentadas en datos de la estatal PDVSA, la producción de petróleo —incluyendo condensados y líquidos de gas— alcanzó 1,1 millones de barriles diarios en marzo de 2026.
El dato representa un salto frente a los 942.000 barriles diarios registrados en enero, evidenciando una aceleración reciente en la actividad del sector.
El incremento no es menor si se analiza en perspectiva. Venezuela llegó a producir más de 3 millones de barriles diarios a finales de los años noventa y principios de los 2000, cuando era uno de los principales exportadores mundiales de crudo.
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Hoy, aunque la cifra de 1,1 millones todavía está lejos de esos niveles, muestra una recuperación relevante tras haber caído incluso por debajo de 500.000 barriles diarios en 2020, en medio de sanciones, falta de inversión y deterioro operativo.
El dato cobra relevancia en un contexto internacional donde la oferta de crudo sigue siendo un factor clave para los precios, y donde cualquier incremento sostenido en la producción de un país con reservas tan grandes puede alterar expectativas del mercado.
Durante la última década, la industria enfrentó múltiples obstáculos: sanciones internacionales, salida de empresas extranjeras, caída de la inversión y pérdida de talento técnico. Todo ello derivó en una contracción sostenida de la producción y en el deterioro de refinerías y campos maduros.
A pesar de este panorama, en los últimos años se ha observado una recuperación gradual impulsada por acuerdos con compañías internacionales y flexibilizaciones parciales en el entorno regulatorio.

El salto de producción entre enero y marzo de 2026 implica un aumento cercano a 160.000 barriles diarios en apenas dos meses, una variación significativa para una industria que venía de niveles históricamente bajos.
Además, la estructura productiva sigue concentrada en dos grandes zonas: los campos tradicionales del Lago de Maracaibo y el oriente del país, y el desarrollo de crudo pesado en el Orinoco, donde operan proyectos con participación internacional.
En paralelo, el país también ha mostrado señales de mejora en refinación. La producción de gasolina y diésel alcanzó 166.700 barriles diarios en 2025, frente a los 146.200 barriles diarios de 2024, lo que sugiere avances en la recuperación de capacidad industrial.
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