Por: Alex Cabrera, CEO de Prevsis
La minería es una de las industrias que más presión ha ejercido sobre los recursos hídricos. Solamente en Estados Unidos la extracción de minerales consume 15.141 millones de litros diarios, el equivalente al uso doméstico de 13 millones de hogares. Otro punto importante es que estas minas están en sectores con alta escasez hídrica. En regiones como el norte de Chile, la minería del cobre consume gran parte del agua extraída a nivel regional.
El costo de no gestionar bien los recursos hídricos son altos. En 2018, el sector minero reportó pérdidas financieras que superaron los US$20.000 millones, lo que es la mayor parte de la cifra que el Carbon Disclosure Project documentó en US$38.000 millones a nivel global para todos los sectores. Eso incluye paralizaciones de operaciones, multas regulatorias, conflictos con comunidades y daño reputacional. No es un problema ambiental abstracto. Es un riesgo de negocio con impacto directo en la continuidad operacional.
La tendencia no mejora. A las estimaciones de estrés hídrico severo a largo plazo se suman las advertencias de S&P Global Market Intelligence, cuyos análisis señalan que, de cientos de proyectos activos de extracción de litio a nivel mundial, más del 40 % se encuentran en zonas proyectadas con un alto estrés hídrico para finales de esta década.
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¿Qué rol juega la tecnología, y en particular la IA, para superar esos desafíos?
La inteligencia artificial está cambiando cómo las industrias gestionan el agua, y los resultados son medibles. Según datos de Siemens y otras empresas tecnológicas, los sistemas basados en IA pueden identificar hasta el 90 % de los problemas potenciales en infraestructura hídrica, siendo más efectivos que los métodos tradicionales de inspección, algo que es altamente relevante cuando hablamos de operaciones que dependen del agua para funcionar.
En el contexto minero, la IA, junto con la información proveniente de sensores de IoT integrados con plataformas de analítica permiten monitorear en tiempo real los flujos de agua, detectar fugas, anticipar periodos de alta demanda, evaluar tendencias de manera predictiva para ajustar el consumo o mantenimiento, antes de que se convierta en un problema.
Los gemelos digitales, pueden simular escenarios de estrés hídrico y tomar decisiones en operaciones. Esto permite redistribuir recursos, planificar ciclos de producción producto de la disponibilidad de agua y cumplir con compromisos regulatorios. Para las empresas que ya operan con estándares ESG, tener esa trazabilidad en tiempo real es una ventaja competitiva real.
¿Cómo aportan las nuevas tecnologías a potenciar prácticas sostenibles en el uso del agua?
Los sistemas de reciclaje de agua con tecnología avanzada pueden reducir la demanda de agua fresca entre un 40 % y un 60 %. Eso ya está ocurriendo en operaciones que adoptaron circuitos cerrados de agua combinados con sistemas de filtración de última generación.
La desalinización, especialmente en sitios costeros de Chile y Australia, está dejando de ser una solución de nicho para convertirse en estándar en faenas donde el agua escasea. Glencore, por su parte, ya utiliza herramientas como el Aqueduct Water Risk Atlas para establecer metas contextuales en sus sitios más críticos, reconociendo en sus reportes ESG que aproximadamente 30 % de sus operaciones industriales están en áreas de estrés hídrico.
El mercado está respondiendo. La gestión de agua y residuos en minería valía US$7.500 millones en 2024 y se proyecta que alcanzará US$16.800 millones para 2035. Ese crecimiento se debe a que las empresas comprenden que el agua es un activo estratégico y no solo un insumo operacional.




