Análisis | Un año de Trump 2.0: más poder ejecutivo y menos contrapesos

A doce meses de su regreso a la Casa Blanca, Trump gobierna con mayor control institucional, pero sin ampliar su respaldo ciudadano.

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El 20 de enero de 2026, Donald Trump cumplió un año de regreso a la Casa Blanca con un discurso centrado en recuperación económica, política exterior y un claro distanciamiento de la administración Biden. “Ha sido un periodo excepcional”, afirmó, asegurando que su gobierno había hecho “más que cualquier otra administración en términos de poner fin a guerras.”, que había acabado con la “Biden stagflation” una expresión utilizada por Trump para describir el periodo de alta inflación durante el gobierno anterior, y que Estados Unidos estaba, de nuevo, en plena expansión.

Trump citó como prueba el descenso del precio de la gasolina, refiriéndose a estados donde el galón se vende a US$1,99, las miles de empresas que se están creando y una economía que volvió a crecer con fuerza. Sin embargo, el balance del primer año de Trump, visto desde las cifras y no desde la retórica, muestra un escenario más complejo.

Donald Trump, presidente de EE. UU. Imagen: Flickr White House.
Donald Trump, presidente de EE. UU. Imagen: Flickr White House.

Uno de los cambios más evidentes del segundo mandato es la brecha entre la concentración del poder ejecutivo y respaldo de los estadounidenses. A doce meses de haber regresado a la Casa Blanca, según The Economist, la aprobación de Trump se mantiene en torno al 40 %: Trump no logró ampliar su base política tras volver al poder.

Esto se refleja en la percepción general del país. Casi la mitad de los estadounidenses considera que Estados Unidos está peor que hace un año, mientras apenas un tercio cree que la situación ha mejorado. En términos políticos, esto configura una paradoja: Trump gobierna hoy con más control del aparato estatal que en su primer mandato, pero con una legitimidad social más frágil.

Esta combinación tiene implicaciones. Un ejecutivo fuerte, pero con bajo consenso, tiende a adoptar decisiones más unilaterales, menos negociadas y con mayor riesgo de reversión futura. Para los mercados y para los aliados internacionales, esto incrementa el riesgo político de mediano plazo, incluso si en el corto plazo el gobierno parece sólido.

Visas migrantes en EE. UU.
Donald Trump, presidente de EE. UU. suspende trámites de visas de migrantes. Imagen: Flickr Donald Trump.

El Estado como instrumento político

A diferencia de 2017, Trump regresó al poder con una administración preparada para ejecutar. El resultado fue una reingeniería acelerada del Estado federal. Según the United States Office of Personnel Management, durante 2025, más de 317.000 empleados federales dejaron sus cargos, mientras solo 68.000 fueron recontratados. La reducción neta, cercana a 250.000 puestos, no tiene precedentes recientes.

El objetivo era lograr una mejor eficiencia, pero, el ajuste institucional no se tradujo en un ajuste fiscal real. Pese a la promesa de ahorrar hasta US$2 billones mediante el Departamento de Eficiencia Gubernamental, las propias cifras oficiales reconocen que el ahorro efectivo apenas alcanzó unos US$160 millones en los primeros meses. Al mismo tiempo, el gasto público siguió creciendo y la deuda federal continuó su trayectoria ascendente.

En materia económica, según la Energy Information Administration, el precio promedio de la gasolina cayó cerca de 6 % interanual, un alivio tangible para los consumidores. Sin embargo, otros costos básicos siguieron aumentando: la electricidad subió cerca de 5 % y el gas natural más de 5 %, lo que limita el impacto neto sobre el costo de vida.

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El mercado laboral ofrece una señal aún más reveladora. Datos del Bureau of Labor Statistics muestran que el crecimiento mensual del empleo se desaceleró de forma sostenida, pasando de niveles superiores a 250.000 nuevas plazas mensuales en años anteriores a rangos cercanos a 50.000 y 70.000 empleos durante 2025.

El problema del segundo mandato no es macroeconómico, sino distributivo y perceptivo. Aunque la inflación es menor que en los picos pospandemia, sigue por encima del objetivo del 2 % de la Reserva Federal, y, según encuestas de YouGov, tres de cada cuatro estadounidenses consideran que sus ingresos no crecen al ritmo del costo de vida.

Inflación en EE. UU.
Estados Unidos. Foto: Flickr White Hoise.

Trump habla desde los indicadores agregados; el votante evalúa su economía cotidiana. Esa brecha explica buena parte del malestar.

Políticas de inmigración

Si hay un frente donde Trump ha cumplido con su promesa de campaña, son las políticas de inmigración. En su primer año, el Immigration and Customs Enforcements (ICE) reportó más de 622.000 deportaciones formales y cerca de 1,9 millones de auto-deportaciones. A enero de 2026, unas 73.000 personas permanecían detenidas por ICE, el nivel más alto registrado, con aproximadamente la mitad sin antecedentes penales.

Protestas Los Ángeles
El Departamento de Policía de Los Ángeles declaró ilegal la protesta en el centro de detención de inmigrantes. Foto: tomada de X @MAGAVoice

Según Customs and Border Protection, en la frontera sur, los cruces ilegales cayeron 96 %. Desde el punto de vista operativo, la política fue eficaz. Desde el punto de vista político, profundizó la polarización, generó conflictos con gobiernos estatales y multiplicó los litigios judiciales.

Política exterior: transacción y coerción

En el plano internacional, Trump sostiene que ha reducido los conflictos armados. El balance es ambiguo. Logró avances diplomáticos, como el alto al fuego entre Israel y Hamas, pero al mismo tiempo generó choques en el plano internacional.

Durante su primer año, Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro y asumió control operativo sobre infraestructura petrolera clave en Venezuela. Además, llevó a cabo más de 34 ataques contra embarcaciones en el Caribe y el Pacífico. A esto se suman ataques directos contra instalaciones nucleares iraníes y una presión sin precedentes para adquirir Groenlandia, incluso sin descartar el uso de la fuerza.

El deshielo en el Ártico está ampliando rutas marítimas y reforzando el valor estratégico de Groenlandia para EE. UU. y Europa. Imágenes: White House y Canva.
El deshielo en el Ártico está ampliando rutas marítimas y reforzando el valor estratégico de Groenlandia para EE. UU. y Europa. Imágenes: White House y Canva.

Estados Unidos opera bajo una lógica distinta: menos reglas multilaterales y más relaciones transaccionales, donde el poder económico y militar se usa de forma explícita como herramienta diplomática. El resultado no es un colapso del orden internacional, sino un sistema más volátil y menos predecible.

Trump gobierna hoy sin horizonte de reelección. Esto modifica sus incentivos. Ya no se trata de ampliar apoyos, sino de consolidar cambios difíciles de revertir. El problema es que el trumpismo carece de una sucesión clara, lo que introduce incertidumbre sobre la continuidad de sus políticas más allá de 2028.

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Para empresas y gobiernos extranjeros, esto se traduce en acuerdos tácticos, no estratégicos: gestionar a Trump hoy, sin asumir que sus decisiones sobrevivirán mañana.

Estados Unidos sigue siendo la principal potencia global. Pero su principal activo histórico, instituciones estables y confianza, muestra señales de erosión. Ese costo no aparece en los discursos ni siempre se refleja en los mercados, pero pesa en el largo plazo.

Un año después, Trump 2.0 no es repetición, sino profundización. Más poder, menos consensos y un mundo más incierto. La pregunta de fondo no es lo que Trump dice, sino cuánto aguanta el sistema con este tipo de liderazgo.