Uber, el salvavidas financiero para miles de hogares en América Latina: así es el impacto de la plataforma

La mayoría trabaja a tiempo parcial, utilizando Uber como complemento de otros ingresos o como una forma de adaptarse a circunstancias cambiantes.

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Las aplicaciones de transporte llegaron para quedarse. Esta es una tendencia que no solo acoge a conductores sin experiencia, formación profesional o empleo; personas que necesitan ingresos extras con flexibilidad de horarios se inclinan por este oficio.

Sin embargo, hay algo más profundo detrás de esta nueva modalidad. Si bien es cierto que no es una alternativa al desempleo que atraviesa la región, sí muestra una realidad que muchas veces es ignorada: la informalidad y la dificultad para conseguir ingresos estables que permitan cubrir los costos de vida.

Un estudio que realizó el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sector sectorial, llamado “Conduciendo a través de la economía gig en América Latina: perspectivas y opiniones de los conductores de Uber sobre necesidades, riesgos y oportunidades”, reveló una realidad de cómo se está moviendo el mercado laboral y las fisuras que este tiene para la población.

La encuesta tuvo en cuenta a 13.000 conductores de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, República Dominicana y México.

Informe Uber conductores BID

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Ingresos extras en medio de la incertidumbre económica de los hogares

El primer dato arrojado se relaciona con el tipo de conductor que se encuentra en la aplicación. Aunque hay una marcada heterogeneidad en la fuerza laboral que se apoya en esta alternativa, se ve que el conductor promedio de Uber es hombre y tiene poco más de 40 años, y más de la mitad ha completado educación terciaria.

Para este grupo poblacional, las aplicaciones de transporte no son su primera opción. Tal como se mencionó, es un trabajo que les permite sortearse en la incertidumbre económica o los periodos donde se encuentran sin empleo.

Nivel educativo conductores Uber

Un dato clave que vale la pena resaltar es que cerca del 8 % son migrantes. Sin embargo, en países como Chile la proporción es significativamente mayor: casi el 30 % de los conductores proviene del extranjero. Para este grupo, las plataformas pueden ofrecer una vía de generación de ingresos inmediatos.

La flexibilidad es un factor que lo vuelve atractivo. La mayoría trabaja a tiempo parcial, a menudo entre 10 y 30 horas semanales, utilizando Uber como complemento de otros ingresos o como una forma de adaptarse a circunstancias cambiantes.

Casi la mitad afirma que no cambiaría el trabajo en plataformas por un empleo asalariado si el ingreso fuera equivalente. Esta preferencia desafía la idea de que los trabajadores gig solo lo hacen mientras encuentran un empleo tradicional. Para muchos conductores, la autonomía de poder decidir cuándo y cuánto van a trabajar es una de las mayores ventajas.

El golpe de realidad que preocupa. Estos ingresos extras que generan los conductores de Uber son indispensables para poder cubrir los gastos a fin de mes de un hogar. El informe del BID revela que cerca de dos tercios de personas dependen de ellos para cubrir necesidades básicas.

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Al mismo tiempo, la fragilidad financiera es generalizada: se estima que los ingresos promedio por hora rondan los US$7, aunque con variaciones importantes por país. Dado que su perfil de endeudamiento es similar al de la población promedio, el margen para el ahorro o la planificación a largo plazo es limitado.

Esto hace que el trabajo en plataformas funcione menos como una carrera y más como un amortiguador frente a los choques económicos y a las necesidades de corto plazo. “Los conductores recurren a Uber durante recesiones, períodos de desempleo o crisis personales. La plataforma ofrece inmediatez y liquidez, pero no necesariamente estabilidad”, aclara el informe.

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Protección social: el muro que frena a las nuevas tendencias laborales

No todo puede ser perfecto. Aunque Uber sea una fuente de ingresos de gran valor para las personas, la pensión, salud y otros beneficios no entran al juego.

El estudio arroja que solo un tercio de los conductores aporta a un sistema de pensiones, mientras que la mayoría no tiene acceso estable al sistema de salud. “La planificación para la jubilación existe más como intención que como realidad: aunque muchos dicen pensar en el futuro, pocos disponen de mecanismos efectivos para asegurarlo”, señala el BID.

Contribución sistema pensiones conductores Uber BID

Lo que alerta es que lo anterior no solo acoge a los conductores de esta plataforma, sino que revela un problema más amplio en América Latina: los sistemas de protección social siguen estando mayoritariamente ligados al empleo formal y asalariado. Los trabajadores independientes, ya sean conductores, freelancers o pequeños emprendedores, suelen quedar fuera.

En ese contexto, el BID alerta que los sistemas de seguridad social no se han adaptado a las necesidades cambiantes de la fuerza laboral. 

Ante esa necesidad, el informe propone avanzar hacia una protección social con beneficios portables, contribuciones flexibles y herramientas financieras que acompañen a los trabajadores a lo largo de distintos empleos y plataformas.

Finalmente, el estudio presentado por el Banco Interamericano de Desarrollo pone en la mesa una radiografía que muchas veces no se alcanza a notar: en América Latina y el Caribe, los conductores de Uber no son precisamente un símbolo del futuro del trabajo. Sus experiencias muestran cómo millones de personas ya navegan entre ingresos inestables, redes de protección débiles y la necesidad constante de adaptarse.

“Los conductores ya dieron su respuesta: la autonomía importa, pero la protección también. El desafío es construir sistemas capaces de ofrecer ambas para mejorar la vida de los trabajadores”, concluye la publicación.