Eduardo Galeano decía que la utopía es como el horizonte: se caminan dos pasos y ella se aleja otros dos, recordando que su sentido no es alcanzarse, sino impulsar a avanzar. Desde la filosofía, la utopía se asocia al principio de la esperanza: la conciencia de que el mundo está inacabado y se construye en la tensión permanente entre lo que es y aquello que aún no existe, pero que tiene la posibilidad —y la promesa— de llegar a ser.
En esta entrevista se conocerá Utopía, una universidad rural de los hermanos de La Salle y en la cual Bancolombia acaba de entregar la primera beca a perpetuidad. ¿Qué es y por qué a un banco le interesa estar? María Camila Osorio, directora de la Fundación Bancolombia, contó.
“Utopía es un proyecto de la Universidad de La Salle que busca llevar educación superior de alta calidad a jóvenes rurales de las zonas más afectadas por la violencia en Colombia. Aunque Utopía como universidad lleva alrededor de 16 años funcionando, su origen es mucho más profundo: nace de una reflexión que empezó hace casi 40 años con el hermano Carlos, quien se preguntaba por qué a la ruralidad siempre le llegaban las peores oportunidades educativas. Desde ahí surge la idea de crear la primera universidad del agro en Colombia, pensada exclusivamente para jóvenes campesinos”, explicó Osorio.
¿Qué problema específico buscaba resolver Utopía desde su origen?
El problema central era —y sigue siendo— la falta de acceso a educación digna y pertinente para los jóvenes rurales. El hermano Carlos decía que la única forma de “robarle jóvenes a la guerra” era ofreciéndoles oportunidades reales para quedarse en el campo, estudiar y tener un proyecto de vida. Utopía responde a esa necesidad, dignificando al joven rural y reconociéndolo como un actor relevante para el desarrollo del país.
¿Qué hace diferente a Utopía frente a otras iniciativas educativas?
Utopía es distinta porque no traslada a los jóvenes a la ciudad, sino que lleva la universidad al territorio rural. El campus está en Yopal, en un entorno completamente campesino, lo que evita el desarraigo y fortalece el vínculo con la tierra. Además, el modelo cubre absolutamente todo: formación académica, alimentación, alojamiento, uniformes y acompañamiento integral. Aquí los jóvenes no solo se forman como ingenieros, sino como líderes y gerentes de sus propios proyectos productivos.
¿A quiénes está dirigido Utopía y cómo se seleccionan los estudiantes?
Está dirigido a jóvenes de zonas rurales profundamente afectadas por el conflicto armado. Las convocatorias no se hacen en ciudades; los equipos van directamente a los territorios, incluso a zonas de muy difícil acceso. Se trabaja de la mano de las comunidades y el proceso de selección busca jóvenes que realmente vengan del campo y quieran regresar a él a implementar lo aprendido en proyectos productivos. Al inicio, uno de los mayores retos fue generar confianza en las familias.
¿Cómo funciona el modelo educativo de Utopía?
El programa dura cuatro años. Durante los primeros tres, los estudiantes viven en el campus: en las mañanas trabajan la tierra y en las tardes estudian. El cuarto año desarrollan un proyecto productivo en sus territorios con capital semilla y ahí ce cierra el ciclo, cuando regresan a su entorno a generar empleo y a mejorar las condiciones de vida de sus comunidades. Las carreras que se ofrecen actualmente son Ingeniería Agronómica e Ingeniería Agropecuaria.
Desde la Fundación Bancolombia, ¿cómo ha sido el acompañamiento a Utopía?
Desde 2013, Bancolombia ha creído de manera consistente en este proyecto. A través de donaciones directas, hemos acompañado la formación de más de 251 jóvenes y hoy hay más de 70 estudiantes activos. La inversión histórica supera los $8.000 millones, incluyendo compromisos futuros para que quienes están estudiando puedan culminar su proceso. Para nosotros, Utopía es un proyecto que funciona y transforma país.
Recientemente se habló de una beca a perpetuidad. ¿Qué significa esto?
La beca a perpetuidad es un paso hacia la sostenibilidad de largo plazo. Consiste en la creación de un patrimonio que no se toca, pero cuyos rendimientos anuales financian una beca completa de manera indefinida. Es una apuesta por hacer el sistema más antifrágil, para que el proyecto no dependa de coyunturas, liderazgos o crisis futuras, sino que esté garantizado en el tiempo.
¿Por qué este modelo es relevante en el contexto actual?
Hoy vemos cómo muchos programas sociales desaparecen cuando cambian las condiciones políticas o de cooperación internacional. Lo que buscamos con Utopía y con este tipo de mecanismos financieros es que los proyectos sociales verdaderamente transformadores puedan sostenerse, incluso en contextos adversos. Esto es coherente con nuestra visión de pasar de la filantropía tradicional a la inversión de impacto.
Más allá de las cifras, ¿cuál es el mayor valor de Utopía?
El mayor valor es la transformación de las personas. Muchos de estos jóvenes regresan a sus territorios como líderes, capaces de sostener conversaciones, de emprender y de movilizar a sus comunidades. Utopía se ha convertido en un verdadero laboratorio de paz, con jóvenes de todo el país, incluso de comunidades indígenas, que llegan sin hablar español y salen con una visión completamente distinta de sí mismos y de su futuro.
Para cerrar, Utopía tiene un decálogo que lo moviliza. Son diez principios. ¿Cuáles son?
Al final, la utopía no es una idea lejana, sino una forma concreta de pararnos frente a la vida y al trabajo: sus principios suenan así: la vida es sagrada, lo que hacemos debe hacerse a tiempo y bien hecho, y siempre podemos ir más allá del deber. Creemos en el valor de la palabra, en el trabajo en equipo y en la solidaridad, en la proactividad y la creatividad como motor, y en una profunda pasión por la tierra que habitamos. Somos grandes ante la dificultad, constantes y perseverantes, porque sabemos que nada cansa cuando se hace con voluntad y entusiasmo.
Esa es, en esencia, la manera de construir futuro todos los días desde esta increíble universidad rural.




