Tecnología y envejecimiento, principales retos del mercado laboral de Latinoamérica

183

De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el tsunami tecnológico que representa la cuarta revolución industrial y el envejecimiento de la población serán las dos grandes tendencias que marcarán el futuro del trabajo en América Latina y el Caribe.

“Aunque existe el mito de que vivimos en una región joven, la realidad es que estamos envejeciendo más rápido que el resto del mundo”, explicó Carmen Pagés, jefa de la División de Mercados Laborales del BID.

De acuerdo con el BID, el futuro del trabajo tiene formidables repercusiones económicas, sociales y políticas a nivel mundial y, en especial, para los países de América Latina y el Caribe, donde va a ser un tema particularmente importante, dado que la región se encuentra en un momento bisagra: las decisiones tomadas hoy pueden cambiar el destino de los países, de sus trabajadores y de todo su sector productivo.

“En Francia, Reino Unido o Estados Unidos, el porcentaje de adultos mayores sobre el total de la población se duplicó (pasó del 10% al 20%) en más de 60 años, mientras que países como Nicaragua, México o Chile recorrerán ese mismo camino en apenas dos décadas. En este contexto, se necesita repensar el estado de bienestar, utilizando a la tecnología como una aliada”, subrayó Pagés.

Por otro lado, aunque los adelantos tecnológicos se propagan ahora a más velocidad que en el pasado, a América Latina y el Caribe llegan más despacio.

“El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe no es un escenario predefinido, sino una realidad en construcción. Cómo sea el mercado laboral del mañana dependerá de cómo actuemos a todos los niveles”, indicó Carmen Pagés.

La cuarta revolución industrial es una oportunidad que la región no puede dejar
pasar. Hasta qué punto esto se convierta en una realidad dependerá, en parte, de
qué tan transformadoras sean las nuevas tecnologías, así como del ritmo al que los
gobiernos, empresas y trabajadores sean capaces de adoptarlas y absorberlas. La
gran promesa de todos estos avances es que van a incrementar la productividad de
las economías y, por ende, a mejorar las vidas de los ciudadanos. Esto será posible
siempre y cuando se tomen acciones para adoptar las tecnologías más prometedoras
y se invierta en las personas para acompañar estos cambios.

El documento finaliza asegurando que “no sabemos con exactitud qué sucederá en el siglo XXI, pero hay motivos para pensar que los seres humanos seguiremos teniendo trabajo. Algunos estudios sobre los impactos de la automatización dan por hecho que esta tiene el potencial de destruir ocupaciones completas, lo cual es poco probable”.