Moody’s confirma calificación de Brasil; mantiene perspectiva estable

Este martes Moody’s Investors Service afirmó las calificaciones de emisor a largo plazo de Ba2 y las calificaciones de bonos sénior no garantizados del Gobierno de Brasil, las calificaciones de estantería sénior no garantizadas (P)Ba2 y mantuvo la perspectiva estable. Lea más en noticias económicas internacionales.

De acuerdo con la compañía, los impulsores clave de la afirmación de las calificaciones fueron tres. En primer lugar, tuvieron en cuenta que los cambios estructurales en los marcos de política fiscal y monetaria “respaldarán el desempeño económico y la consolidación fiscal en los próximos años”.

Asimismo, indicó que mejorar el desempeño fiscal ayuda a mitigar el impacto del aumento de las tasas de interés en la dinámica de la deuda. Es de recordar que en la reunión de marzo el Banco Central de Brasil elevó la tasa de interés anual hasta el 11,75%, máxima desde 2017. Por último, Moody’s tuvo en cuenta que la sólida posición externa y las reservas de divisas respaldan el perfil crediticio de Brasil.

“La perspectiva estable refleja las expectativas de Moody’s de que las reformas recientes a los marcos de política fiscal y monetaria son de naturaleza estructural y se preservarán en gran medida contra el riesgo de un desfase fiscal y un crecimiento débil que afecten la consolidación fiscal”, anotó la calificadora de riesgo.

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Moody’s explicó que los techos país de Brasil permanecen “sin cambios”. Anotó que el techo país en moneda local está ubicado cuatro escalones por encima de la calificación soberana en Baa1, “lo que refleja el gran tamaño y la diversificación de la economía, y los limitados desequilibrios externos y riesgos macroeconómicos, pero también la gran huella del gobierno en la economía”.

Entre tanto, un escalón por debajo, el techo país de moneda extranjera de Baa2 refleja una política cambiaria “efectiva y grandes reservas de divisas, lo que indica que el riesgo de restricciones a las transferencias y la convertibilidad en tiempos de tensión sigue contenido”.

Primer impulsor

Debido a que el gobierno recuperó el impulso de la economía brasileña en 2021 al aprobar reformas fiscales y estructurales clave, logrando un importante repunte del PIB (5%) y mejoras en las métricas fiscales del año anterior, Moody’s prevé que “se mantengan las reformas fiscales, mejorando gradualmente los resultados fiscales y estabilizando la carga de la deuda”.

Pese a lo anterior, entendiendo el endurecimiento de las condiciones financieras y “un consumo más débil a medida que la alta inflación erosiona el poder adquisitivo”, la calificadora cree que en 2022 la economía de Brasil se desacelerará “notablemente”.

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“Sin embargo, existe un potencial alcista para el desempeño del crecimiento a mediano plazo dado el fuerte repunte de la inversión privada en 2021 y más compromisos de inversión para proyectos de infraestructura en los próximos años”, aclaró.

Segundo impulsor

De acuerdo con Moody’s, luego de que en 2020 el gobierno brasileño recurriera a un gasto público “excepcionalmente alto” para mitigar el impacto de la pandemia de la Covid-19 en la actividad económica, “se contuvo el aumento de la deuda pública y el índice de deuda disminuyó significativamente como porcentaje del PIB a fines de 2021”.

Explicó que con un 80,3% del PIB, la carga de la deuda del gobierno ha aumentado alrededor de cinco puntos porcentuales desde su nivel de 2019. Además, la carga de la deuda alcanzó un pico del 89% del PIB en 2020 y cayó nueve puntos porcentuales en 2021 cuando el gobierno reanudó el cumplimiento del techo de gastos y la economía se recuperó.

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“Moody’s espera que la carga de la deuda se mantenga en torno al 82% del PIB este año como resultado de los mayores pagos de intereses y el estancamiento del crecimiento del PIB real. Un crecimiento del PIB nominal relativamente sólido de alrededor del 11% en 2022 respaldará la recaudación de ingresos y mantendrá contenido el aumento de los indicadores de deuda”, acotó.

Asimismo, prevé la carga de intereses del gobierno aumentará en 2022, alcanzando casi el 23% de los ingresos, y disminuirá a menos del 20% de los ingresos “a medida que la política monetaria cambie a una postura más neutral más adelante en 2023”.

Tercer impulsor

La calificadora de riesgo destaca que la vulnerabilidad externa de Brasil es limitada, tratándose de una característica de vieja data que respalda el perfil crediticio del soberano.

Por un lado, el déficit de cuenta corriente se redujo a 1,7% del PIB en 2021 desde el 3,5% observado en 2019. Entre tanto, la inversión directa sigue siendo sólida y” se espera que la inversión directa neta supere el déficit de cuenta corriente en 2022”.

Asimismo, la vulnerabilidad externa general de Brasil es “muy baja debido a una fuerte reserva internacional posición, que proporciona una cobertura de liquidez más que suficiente para gestionar los shocks financieros externos”, dijo la calificadora.

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Además, la deuda denominada en moneda extranjera representa menos del 5% de la deuda del gobierno federal, lo que llevó a Moody’s a afirmar que “el balance del gobierno es, por lo tanto, resistente a los shocks del tipo de cambio, y el gobierno tiene una exposición limitada al endurecimiento de la liquidez mundial”.

“Los sólidos amortiguadores externos de Brasil y su posición como exportador de materias primas son particularmente importantes como factor de respaldo crediticio en el entorno actual de restricción de la liquidez mundial y mayor aversión al riesgo relacionada con el conflicto militar entre Rusia y Ucrania”, añadió.

“La perspectiva estable incorpora las expectativas de Moody’s de que los recientes cambios positivos en los marcos de política fiscal y monetaria son de naturaleza estructural y se mantendrán en gran medida, reduciendo materialmente el riesgo de que los ajustes al techo de gasto puedan comprometer el camino de la consolidación fiscal. Se espera que las reformas estructurales fomenten un aumento sostenido de la inversión privada y aumenten potencialmente las tasas de crecimiento, que se han visto obstaculizadas por la débil inversión en infraestructura y el crecimiento de la productividad”, concluyó la calificadora.

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