Almacafé, empresa de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), tiene un objetivo en la mira: convertirse en un eje de transformación del café colombianos para generar más valor a la agricultura.
Para lograrlo, la firma viene apostando por la innovación en temas, como la producción de cápsulas para diversificar el sector y democratizar el acceso a nuevas tecnologías, y la apertura de un nuevo centro de industrialización para acompañar al caficultor en todos los procesos.
Iván Galindo, gerente general de Almacafé, explicó cómo avanzan en ese objetivo
¿Cómo han contribuido las cápsulas a la diversificación del café?
Las cápsulas son un modo de consumo que viene creciendo en el mundo. En Colombia todavía no está tan penetrado, pero en Estados Unidos y Europa más de la mitad del café que se consume es en cápsulas. Es una manera de generar valor, para hacerse una idea, un kilo de café verde convertido a cápsulas incrementa su valor 15 veces y lo que queremos es que ese valor se quede cada vez más en el país.
Por eso, el año pasado decidimos adquirir máquinas de última tecnología y hacer todo el proceso de aprendizaje de cómo producir estas cápsulas. Con la industria local habíamos hecho algunos intentos, pero los resultados no eran los que buscábamos para obtener la mejor calidad posible.
Hoy en Almacafé tenemos la última máquina de cápsulas y un molino de cuatro pasos, que permite que la extracción sea la ideal. Con eso estamos logrando un producto diferenciado, con perfiles que exaltan la calidad del café de Colombia. De hecho, ya estamos produciendo a nivel industrial, por ejemplo, en este momento estamos haciendo 300.000 cápsulas para Juan Valdez y estamos poniendo esta tecnología al servicio de la industria local.
El gerente de la FNC mencionaba que esta tecnología no está reservada solo para grandes marcas. ¿Cómo se acercan a pequeños y medianos productores?
Lo que decidimos fue poner un lote mínimo de 4.200 cápsulas; parecería mucho, pero es menos de un saco de café convertido y creamos una línea de insumos estándar (cápsulas con colores definidos y foil estándar) y solo cambiamos la caja donde van para permitir pequeñas producciones.
Si un caficultor quiere un color o foil específicos, sí existen volúmenes mínimos más altos porque las cápsulas importadas se producen en grandes lotes. Pero en Almacafé tendremos estándares genéricos que nos dan la flexibilidad de producir desde 4.200 cápsulas, que equivalen aproximadamente a 420 cajas en presentaciones de 10 unidades, que es como se comercializa en el mercado.
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¿Cómo promover esta cultura de consumo de cápsulas de café en Colombia?
La primera limitante suele ser el costo de las máquinas. La más económica está alrededor de $400.000. Sin embargo, hay muchas marcas que están importando máquinas que hacen la misma extracción a precios mucho más asequibles. La limitante es esa, pero ya existen medios para masificar estas máquinas y llegar a precios más accesibles para el mercado colombiano.
Este tipo de productos usa plásticos y aluminio. ¿Cómo manejan la sostenibilidad?
Tenemos dos líneas: la máquina permite utilizar cápsulas con material compostable, que eliminan ese riesgo, y también tenemos una línea de reciclaje para las cápsulas de aluminio, lo que nos permite garantizar economía circular. Este último programa lo estamos diseñando en conjunto con las tiendas Juan Váldez.
Hace poco lanzaron la plataforma Cafenlace. ¿Cómo ha sido el recibimiento?
Cafenlace nace en una coyuntura muy importante, que fue cuando Estados Unidos cerró los envíos de pequeñas cantidades, o los famosos minimis, que era como venían exportando los caficultores a este mercado, bajo una modalidad, digamos, de régimen simplificado.
La plataforma permite entonces entrar a EE. UU. bajo régimen regular, vía aérea, con un proceso de importación tradicional. Eso elimina la limitante de peso y permite operaciones para fines comerciales. Lanzamos el proyecto inicialmente para caficultores, pero a partir de enero del próximo año quedará abierta para cualquier marca o empresa, tanto para café verde como para tostado.
La acogida ha sido bastante buena: llevamos más de 500 solicitudes de exportación y estamos muy enfocados en Estados Unidos y Canadá por cercanía, costos y la fuerte red aérea.
¿Qué debe hacer un productor para integrarse a la plataforma?
Ingresar a la página de la Federación, donde hay un enlace a Cafenlace. Allí están los pasos de registro, videos e instructivos. También hay correos para acompañar el proceso, especialmente en el primer envío, que suele generar más nerviosismo.
Inauguraron un nuevo centro de industrialización en Santander. ¿Qué encuentran los productores allí?
Estamos creando centros de industrialización en todo el país. La meta es llegar a 15; hoy tenemos tres y tenemos en la mira abrir cinco más el próximo año. Ya operan en Neiva, Caldas y Santander.
Estos centros cuentan con trilla, empaque al vacío, tostión, empaque de marca terminada y logística para exportar. Además, incluyen acompañamiento industrial, como diseño de perfiles, curvas de tostión y ampliación de microlotes.
Queremos crear un sistema neuronal que conecte regiones para exportar productos con valor agregado.
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¿En qué más trabajan para fortalecer el acceso del café colombiano a nuevos mercados?
La Federación es la que abre los mercados mediante la gerencia comercial. Desde Alma Café acompañamos ese proceso en dos vías: industrialización y logística.
El reto, o el llamado que estamos atendiendo, y la transformación que venimos impulsando en la empresa, es que Almacafé se convierta en ese eje de transformación del café de Colombia: un generador de valor para la agricultura local. La meta es pasar de lo que históricamente hacíamos (exportar contenedores de café verde o materia prima para que se procesara en otros países) a asumir aquí, en Colombia, ese eslabón de industrialización que permita exportar producto terminado. A esto se suma todo el acompañamiento logístico para que el proceso se realice de la manera más eficiente.
En cifras, ¿cómo esperan cerrar el año y qué proyectan para el próximo?
Este año vamos a lograr superar los $150.000 millones en ingresos, duplicando los de hace dos años.
En utilidad operativa cerraremos arriba de $33.000 millones y en utilidad neta por encima de $19.000 millones. Para tener una referencia, las utilidades de este año son superiores a las de los últimos diez años, y las utilidades operativas de los dos últimos años son el doble de las generadas en la década anterior.
Este resultado se debe al enfoque en industrialización y a la renovación de marca. La apuesta para los próximos años es fortalecer tostión, cápsulas y desarrollo de productos con valor agregado, desde centrales de beneficio, cápsuslas, café tostado, hasta bebidas listas para tomar.
La meta: duplicar las utilidades en los próximos tres años.




