Por: John García Rendón, docente investigador de la Universidad EAFIT
El sector eléctrico colombiano depende predominantemente de la generación hidroeléctrica (un 82 % en promedio entre 2017 y 2019), lo que lo vuelve muy vulnerable a las condiciones climáticas. Esta dependencia provoca que, durante fenómenos como El Niño, el precio de la energía en el mercado mayorista aumente, ya que es necesario utilizar recursos más costosos como el gas, el carbón y los combustibles fósiles para garantizar el cubrimiento de la demanda.
Gráfico 1. Generación real por tecnología en Colombia (% – Eje izq) y Niño Fuerte (ONI), 2015-2024

Pero desde la organización industrial del sector este no es el único determinante del funcionamiento del mercado eléctrico colombiano para garantizar la confiablidad en la prestación del servicio. Otro aspecto relevante del funcionamiento de este mercado es la institucionalidad del sector. Por tanto, el objetivo de esta columna es mostrar la importancia que tienen las instituciones en el funcionamiento del mercado y cómo el resquebrajamiento de estas puede ser una de las principales causas del posible apagón que tendremos en un futuro cercano, si no se dan las señales adecuadas para revertir la tendencia de la caída de la inversión privada requerida para abastecer la demanda.
Las instituciones, definidas por Douglass North, uno de los premios nobel en economía, como las reglas del juego que determinan el desempeño de una economía, son determinantes clave en la transición energética. Gracias a las reformas institucionales de las Leyes 142 y 143 en 1994, impulsadas por el apagón de 1992-1993, el sector privado ha realizado las inversiones necesarias para enfrentar sin apagones más de cinco fenómenos de El Niño fuerte desde 1995, garantizando la confiabilidad del servicio. A nivel mundial, las instituciones sólidas han dado las señales claras a los inversionistas mediante una regulación estable y flexible que valora el riesgo, atrayendo las inversiones necesarias para la transición energética.
No obstante, en los últimos años se ha evidenciado un resquebrajamiento de la institucionalidad en Colombia bajo el actual gobierno. Esto se refleja en el significativo retraso de los proyectos de infraestructura del sector.
Según información del Centro Nacional de Despacho, de los 123 proyectos del Sistema de Transmisión Nacional y Regional registrados hasta 2024, el 55 % (68 proyectos) presenta demoras respecto a su fecha de entrada en operación.
La situación es aún más crítica en la generación de energía. En los últimos cinco años, la tasa real de entrada de nueva capacidad no ha superado el 28 % de lo planeado. Específicamente, en 2023 y 2024 solo ingresó el 17 % y el 25 % de la capacidad esperada. Esta baja incorporación compromete el abastecimiento, sobre todo porque una parte importante de los nuevos proyectos son plantas solares, que no aportan potencia firme para los periodos de máxima demanda.
Esta incertidumbre ha propiciado que la brecha entre la demanda comercial, que ha crecido en los últimos años en promedio a una tasa cercana del 4 %, y el factor de planta se esté cerrando, aún con una tendencia decreciente en los últimos años, comprometiendo la prestación del servicio, si no se dan señalas claras para realizar las inversiones necesarias por parte del sector privado necesarias para abastecer la demanda.
Este problema no se limita solo al sector eléctrico; la incertidumbre institucional ha provocado caídas considerables en la inversión a nivel nacional. Como ejemplo, según información del Banco de la República, la Inversión Extranjera Directa en el sector Petróleo cayó por encima del 20 % entre 2022 y 2024.
Gráfico 2. Crecimiento de la demanda comercial (GWh) (eje izquierdo) y el factor de planta (%) (eje derecho) 2000- 2025

En el marco de la transición energética, la integración de energías renovables variables como la solar y la eólica, introduce desafíos debido a su alta incertidumbre e intermitencia. Para gestionar esta variabilidad, los recursos energéticos distribuidos y los servicios de flexibilidad son fundamentales.
Sin embargo, para impulsar su integración de manera eficiente, es crucial que existan señales institucionales claras y se desarrollen mercados que ofrezcan las señales económicas adecuadas para la recuperación de los costos de capital (CAPEX) y de operación (OPEX).




