En buena parte del territorio colombiano, más allá de las autopistas principales y de los sistemas masivos de transporte, la actividad económica diaria depende de soluciones de movilidad más simples.
En ese contexto, el motocarro se ha convertido en una herramienta de trabajo habitual. Su presencia forma parte del funcionamiento cotidiano del comercio minorista, del transporte de mercancías y de los desplazamientos cortos en municipios intermedios y zonas rurales.
Estos vehículos, diseñados para transportar carga o pasajeros en trayectos cortos, cumplen un papel concreto y es el de conectar al productor con el comprador. Agricultores, tenderos, pequeños distribuidores y prestadores de servicios los utilizan para movilizar alimentos, materiales de construcción o encomiendas.
Diversas marcas en el país distribuyen estos vehículos siendo de los más económicos del país, puesto que se pueden conseguir desde los $12.000.000.
También permiten trasladar personas entre veredas y cabeceras municipales, especialmente en lugares donde el transporte público formal es escaso o inexistente.
Según datos de la Cámara de la Industria de Motocicletas de la ANDI, cerca del 90 % de los motocarros vendidos en 2025 fueron ensamblados en Colombia y actualmente suman alrededor de 150.000 unidades en circulación, equivalentes aproximadamente al 0,8 % del parque automotor nacional.
Dicha participación, aunque reducida frente a automóviles y motocicletas, adquiere relevancia por su uso productivo, ya que no se trata de vehículos de uso recreativo o familiar, sino de activos laborales que generan ingresos diarios.
“El motocarro es economía popular en movimiento. Cada uno es una fuente de empleo estable y una solución real de movilidad”, afirmó Iván García, director de la Cámara de la Industria de Motocicletas de la ANDI.

¿Cómo ha sido el crecimiento en ventas de los motocarros en Colombia?
Según la entidad, las cifras de comercialización evidencian una expansión acelerada. Durante 2025 se registraron 24.370 unidades nuevas, el mayor volumen histórico para esta categoría. El dato representa un aumento del 51,33 % frente a 2024 y, si se compara con 2015, el crecimiento alcanza aproximadamente el 220 %.
El incremento no solo refleja mayor demanda de transporte individual; también está relacionado con cambios en la logística de pequeña escala. El comercio local, los servicios domiciliarios y la distribución de productos en distancias cortas han aumentado en los últimos años, y el motocarro se ajusta a ese tipo de operación por su bajo consumo de combustible, mantenimiento sencillo y capacidad de circular en vías estrechas.
Si la tendencia continúa, el sector proyecta que en 2026 estos vehículos podrían acercarse al 10 % de los nuevos automotores de trabajo que ingresen al mercado colombiano.
La mayor parte del mercado corresponde al transporte de mercancías. En 2025, el 70 % de los registros fueron motocarros de carga (16.887 unidades), mientras que 7.222 correspondieron a transporte de pasajeros. La distribución revela su función principal: facilitar la logística local.
Pequeñas ferreterías, talleres mecánicos, tiendas de barrio y emprendimientos familiares dependen de este medio para abastecimiento, trasteos y entregas. En sectores urbanos populares y áreas rurales, su operación permite mantener activos negocios que no podrían costear vehículos de mayor tamaño.
Iván García explicó que su eficiencia radica en la relación entre costo y utilidad: “En muchas regiones, el motocarro es la columna vertebral del comercio local. Es de bajo costo operativo, es resiliente y se adapta a infraestructuras complejas”.




