El primer reporte del Índice Bravo de 2026 confirma que el endeudamiento de los hogares en la región se estabiliza en niveles altos, pero con dinámicas de riesgo claramente diferenciadas. Mientras Europa y Brasil mantienen indicadores de pago sólidos pese a montos elevados, Colombia continúa enfrentando la mora más prolongada del índice, lo que convierte al tiempo de atraso, más que al tamaño de la deuda, en el principal factor de vulnerabilidad financiera.
Un nuevo año sin ajuste estructural en Colombia
Enero abre con una deuda promedio en Colombia de $35,6 millones, prácticamente alineada con los niveles de cierre de 2025. Más que una variación puntual, el dato confirma algo más profundo: el país entró en una nueva base estructural de endeudamiento, donde los hogares operan con una carga financiera significativamente superior a la observada hace dos años.

El número promedio de obligaciones (3,5) muestra estabilidad, lo que indica que el problema no es una atomización excesiva del crédito, sino el peso acumulado por obligación. Sin embargo, el elemento que sigue diferenciando a Colombia del resto del índice es la mora promedio de ocho meses, la más alta entre los seis países analizados.
Aunque el 62,3 % de los usuarios mantiene retrasos inferiores a seis meses, la proporción restante continúa en mora prolongada, lo que revela que el ajuste no se ha consolidado. El sistema no muestra deterioro adicional frente a finales de 2025, pero tampoco evidencia una corrección clara.
Con 7.826 planes activos, la reorganización financiera sigue siendo un mecanismo relevante para los hogares, lo que sugiere que la presión sobre la liquidez persiste al inicio del año.
México y Brasil: misma región, riesgos distintos
El contraste regional es evidente.
En México, la deuda promedio se ubica en $40,2 millones, superior a la colombiana, pero con una mora promedio de tres meses y un 90,5 % de usuarios en mora temprana. Esto indica que, aunque el apalancamiento es alto, la capacidad de absorción del crédito es más estable. El riesgo en México no está hoy en la cartera vencida, sino en la tendencia ascendente del endeudamiento durante los últimos trimestres.
Brasil, por su parte, confirma su posición como el mercado más equilibrado de América Latina. Con una deuda promedio de $31,3 millones y una mora de apenas dos meses, el país mantiene el mejor perfil de pago de la región. El 95,8 % de los usuarios permanece dentro de la franja de mora inferior a seis meses, lo que reduce significativamente el riesgo sistémico.
La comparación es clara: en América Latina no es el tamaño de la deuda el que determina la fragilidad, sino la duración del atraso.

Europa: montos elevados, riesgo contenido
El panorama europeo refuerza esa misma conclusión.
España registra una deuda promedio superior a los $102 millones, Portugal supera los $115 millones e Italia mantiene el nivel más alto con $128 millones. No obstante, los tres mercados presentan moras promedio de entre uno y cuatro meses, con más del 90 % de sus usuarios concentrados en atrasos tempranos.
Italia, en particular, vuelve a demostrar que un mayor volumen de crédito no implica necesariamente mayor deterioro. Con apenas 2,1 deudas por persona y una mora promedio de un mes, su sistema muestra una estructura crediticia más consolidada y una capacidad de pago más estable.
El contraste con Colombia es evidente: el país tiene menos de la mitad del endeudamiento nominal europeo, pero una mora que multiplica por cuatro o por ocho la de esos mercados.
La señal de enero: el desafío es el tiempo, no el monto
El primer mes de 2026 deja una lectura clara para la región: el ciclo de ajuste del crédito aún no se ha completado.
En Colombia, la estabilidad en la deuda promedio no es necesariamente una señal de alivio, sino de consolidación de un nivel alto de apalancamiento. Mientras no se reduzca de forma sostenida la mora prolongada, el riesgo estructural seguirá presente.
México y Brasil muestran que es posible mantener deuda elevada con atraso controlado. Europa confirma que el tamaño del crédito no es el principal determinante del riesgo financiero. Colombia, en cambio, continúa siendo el mercado donde la duración de la mora convierte un endeudamiento moderado en una presión estructural.
El verdadero termómetro del primer semestre de 2026 no será si la deuda aumenta o disminuye marginalmente, sino si la mora promedio logra descender de forma consistente. De no ocurrir, el país podría entrar en un año de estabilización aparente, pero con una fragilidad subyacente que seguiría marcando la diferencia frente al resto del índice.
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