Una escalada en las tensiones comerciales entre Colombia y Ecuador se presentó este jueves 26 de febrero cuando el Ministerio de Producción, Comercio Exterior e Inversiones del vecino país comunicó un aumento del 50 % a la tasa de seguridad de las importaciones provenientes de Colombia.
El comunicado compartido informa: “Tras constatar la falta de implementación de medidas concretas y efectivas en materia de seguridad fronteriza por parte de Colombia, Ecuador se ve en la obligación de adoptar acciones soberanas”.
Por eso, “a partir del 1 de marzo, se dispone el incremento de la tasa de seguridad a las importaciones de Colombia, pasando del 30 % al 50 %”.

La medida responde, indicó el ministerio, a criterios de seguridad nacional enfocados en enfrentar la presencia del narcotráfico en la frontera.
Por su parte, Gustavo Petro, presidente de Colombia, ha sido acusado en múltiples ocasiones por su supuesta falta de cooperación para combatir el narcotráfico, razones que han obligado a Ecuador a adoptar diversas medidas para reforzar la seguridad.
La guerra comercial entre los países se remonta al pasado 21 de enero cuando Ecuador impuso el arancel del 30 % a las importaciones, el cual fue respondido por el Gobierno Petro con el mismo incremento a 20 productos provenientes de ese país.
El martes 24 de febrero, Colombia oficializó la imposición del arancel a 73 subpartidas arancelarias provenientes de ese país. Al tiempo, ordenó restricciones adicionales al ingreso terrestre de varios productos sensibles por las fronteras de Ipiales y Puerto Asís.
Cabe resaltar que en diciembre de 2025, Ecuador restringió pasos fronterizos con Colombia, dejando habilitado únicamente los pasos internacionales de Rumichaca (Centro Nacional de Atención Fronteriza).

Adicionalmente, el petróleo ha recibido medidas. Ecuador subió 900 % la tarifa para el transporte de petróleo colombiano. A su vez, el sector agro es otro que se ha visto afectado.
Así las cosas, lo anterior plantea un nuevo escenario para las relaciones bilaterales, las cuales se encuentran fragmentadas sin encuentros ni conversaciones entre los presidentes de los países involucrados.




