Multas de hasta $2.600 millones: el riesgo que enfrentan miles de empresas en Colombia 

Multas de hasta $2.600 millones comienzan a poner en alerta a empresas en Colombia tras un cambio regulatorio que pocos han dimensionado. 

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Para miles de empresas en Colombia, el mayor riesgo en 2026 no está necesariamente en el mercado, la inflación o la competencia, sino en algo menos visible: el cumplimiento normativo que podría generar multas millonarias.  

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Un cambio reciente en las reglas de juego está elevando la presión sobre compañías de distintos tamaños, que ahora podrían enfrentar sanciones millonarias por no ajustar sus procesos a tiempo. 

Lo más relevante es que no se trata de un tema aislado o técnico. Las decisiones que tomen hoy las empresas frente a este nuevo escenario pueden impactar directamente su operación, su reputación y, en casos extremos, su continuidad en el mercado.  

En un entorno donde el cumplimiento se vuelve cada vez más exigente, ignorar estos cambios ya no es una opción. 

Multas que superan los $2.600 millones 

El foco está en la actualización del Sistema de Administración del Riesgo de Lavado de Activos y Financiación del Terrorismo (Sarlaft), que fue reforzado por la Superintendencia de Transporte. Esta modificación elevó el nivel de exigencia para empresas de carga, pasajeros, transporte especial, concesionarios e infraestructura. 

Reforma Laboral

El régimen sancionatorio es contundente. Según el artículo 46 de la Ley 336 de 1996, las compañías vigiladas pueden enfrentar multas de hasta 2.000 salarios mínimos mensuales legales vigentes (SMMLV).  

En términos actuales, esto significa sanciones que pueden superar los $2.600 millones, dependiendo de factores como la gravedad de la infracción, la reincidencia y la capacidad económica de la empresa.  

Este nivel de sanción convierte al cumplimiento en un factor crítico dentro de la gestión empresarial, especialmente en un sector altamente regulado y transaccional como el transporte. 

Qué cambió y por qué ahora es más exigente 

La actualización del Sarlaft no se limita a ajustes formales. Introduce un cambio estructural en la forma en que las empresas deben gestionar el riesgo. 

Entre los principales cambios se destaca la exigencia de un enfoque basado en riesgo real y medible, lo que implica que las matrices deben estar sustentadas en datos y actualizarse de manera periódica. Además, se refuerza la debida diligencia, obligando a las compañías a profundizar en el conocimiento de clientes, proveedores y aliados estratégicos

Otro punto clave es el monitoreo permanente. Ya no basta con tener políticas documentadas: las empresas deben demostrar evidencia verificable de que los controles funcionan de manera activa. A esto se suma la integración con programas de ética empresarial (PTEE), lo que amplía el alcance del análisis hacia riesgos de corrupción y soborno. 

En la práctica, el Sarlaft deja de ser un requisito documental para convertirse en un sistema vivo, que debe resistir auditorías, revisiones y procesos de supervisión. 

El impacto del incumplimiento no se limita a la sanción económica. Las consecuencias pueden incluir la suspensión de actividades, la cancelación de habilitaciones, restricciones para contratar con el Estado e investigaciones administrativas que afectan la reputación de la empresa. 

Este último punto es especialmente crítico en un entorno donde la confianza se convierte en un activo estratégico. La capacidad de acceder a financiamiento, establecer alianzas o participar en licitaciones puede verse comprometida si la empresa enfrenta cuestionamientos regulatorios. 

Para Cadena, compañía especializada en confianza digital y cumplimiento normativo, el reto es más profundo de lo que muchas organizaciones perciben. 

Impuestos en Latinoamérica

“El regulador ahora exige evidencia técnica y jurídica de que los controles funcionan. La trazabilidad digital y la validez probatoria de los procesos electrónicos se vuelven determinantes para mitigar el riesgo sancionatorio”, explica Manuel del Corral, vicepresidente de la compañía.  

El nuevo escenario está obligando a las empresas a replantear su enfoque frente al cumplimiento. Ya no se trata de cumplir por obligación, sino de integrar estos sistemas como parte central de la estrategia corporativa. 

Desde Cadena advierten que muchas compañías aún están en proceso de ajuste y podrían estar subestimando la magnitud del riesgo. 

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“El error más común es creer que el Sarlaft se resuelve con un documento. Hoy se trata de demostrar monitoreo, auditoría y capacidad de respuesta. Las cifras de las multas son contundentes, pero el verdadero riesgo está en la afectación operativa y reputacional”, señala del Corral.  

En un sector clave para la economía colombiana, donde las transacciones son constantes y los riesgos elevados, el cumplimiento normativo empieza a perfilarse como un elemento diferenciador de competitividad.