El sistema de salud colombiano atraviesa uno de sus momentos más complejos por cuenta del aumento en los costos de atención, la presión financiera sobre EPS, hospitales y clínicas, y el crecimiento sostenido de enfermedades crónicas y de alta complejidad.
En medio de ese panorama, un tipo de medicamentos comienza a ganar protagonismo silenciosamente en Colombia por su potencial para ampliar el acceso a tratamientos y, al mismo tiempo, aliviar parte de la carga económica del sistema: los biosimilares.
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Aunque todavía muchas personas no los identifican plenamente, estos medicamentos ya se están convirtiendo en una de las principales apuestas de la industria farmacéutica y de autoridades sanitarias en distintos países. Su importancia radica en que permiten ofrecer terapias biológicas altamente complejas —utilizadas en cáncer, artritis reumatoide, enfermedades autoinmunes e inmunológicas— con costos significativamente menores frente a los medicamentos originales.
Y las cifras detrás del problema muestran por qué el tema comienza a tomar relevancia en Colombia. Actualmente, el mercado farmacéutico nacional alcanza los $29,6 billones y el 70,4 % de los medicamentos en valor son importados, según información presentada durante el VII Foro Biosimilars LatAm Colombia 2026.

Esa dependencia externa, sumada al aumento de enfermedades crónicas y tratamientos de alto costo, es uno de los factores que hoy tensiona la sostenibilidad financiera del sistema de salud colombiano.
Qué son los medicamentos biosimilares y por qué comienzan a tomar fuerza
Los biosimilares son medicamentos biológicos altamente similares a tratamientos originales ya existentes, sin diferencias clínicas en calidad, seguridad o eficacia, pero con estructuras de costos más eficientes.
A diferencia de los medicamentos tradicionales de síntesis química, estos tratamientos son desarrollados a partir de organismos vivos y suelen utilizarse en enfermedades de alta complejidad.
Luis Alfonso Díaz, presidente de Pharmetique Labs, compañía del grupo Carval, aseguró que “la competitividad se construye con miras a un objetivo prioritario: la seguridad sanitaria, con base en la sostenibilidad de los sistemas de salud”.
La empresa lleva cerca de una década desarrollando este segmento en Colombia para terapias relacionadas con reumatología, dermatología, gastroenterología y oftalmología.
El crecimiento mundial de este mercado muestra la dimensión que está tomando esta industria. De acuerdo con cifras de Mordor Intelligence citadas durante el foro, el mercado global de biosimilares está valorado en US$41.970 millones en 2025 y se proyecta que alcance US$97.320 millones en 2030. Eso implica una tasa de crecimiento anual compuesta del 18,32 %.
Europa lidera actualmente este mercado con una participación regional de 37 %, mientras Asia-Pacífico registra el crecimiento más acelerado, con tasas cercanas al 24 % anual.
Además, las aplicaciones oncológicas representan cerca del 55 % de los ingresos globales del segmento, aunque los tratamientos para enfermedades autoinmunes e inflamatorias crónicas son los que más rápidamente están creciendo.
Uno de los principales motores de este auge es el vencimiento masivo de patentes de medicamentos biológicos de alto costo. Según los datos presentados en el evento, entre 2025 y 2034 vencerán patentes asociadas a ventas cercanas a US$400.000 millones en medicamentos de referencia.
El contexto colombiano explica por qué los biosimilares empiezan a verse como una alternativa estratégica. “El sistema de salud colombiano enfrenta una encrucijada. Con más del 70 % de los medicamentos en valor importados y una presión creciente por parte de las enfermedades crónicas y de alta especialidad, la sostenibilidad financiera del sistema depende, en buena medida, de encontrar alternativas terapéuticas eficientes”, afirmó Díaz.

El director general del Invima, Francisco Rossi, también advirtió sobre la necesidad de acelerar este proceso. “El mayor reto no es si los biosimilares son relevantes —lo son de manera indiscutible— sino qué tan rápido podremos desarrollarlos y ponerlos al servicio de los pacientes colombianos”, señaló.
Un ejemplo ayuda a entender la dimensión del tema. Un paciente con artritis reumatoide o ciertos tipos de cáncer puede requerir terapias biológicas de muy alto costo durante años. En muchos casos, esos tratamientos representan millones de pesos mensuales para el sistema de salud.
Con la entrada de biosimilares, el mismo tratamiento podría mantenerse bajo estándares equivalentes de calidad y eficacia, pero con costos considerablemente menores.
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Según datos citados en el foro, programas desarrollados en Brasil evidenciaron ahorros superiores al 50 % cuando pacientes estables fueron cambiados a biosimilares.
Eso no solo tendría impacto presupuestal, sino también en acceso. Más pacientes podrían recibir terapias oportunamente y reducir interrupciones asociadas a costos.
Uno de los anuncios más importantes del VII Foro Biosimilars LatAm Colombia 2026 fue la presentación de la llamada Declaración de Río. Se trata de un acuerdo entre Colombia, Brasil, México y Chile orientado a impulsar la convergencia regulatoria de medicamentos biosimilares en América Latina.




