Por: Felipe Child, Socio, McKinsey & Company
La educación superior colombiana se enfrenta a una pregunta profunda cuando se discute la incorporación de la inteligencia artificial agéntica. ¿Qué tipo de universidad necesita el país para formar profesionales capaces de desenvolverse en un entorno donde personas, agentes de IA y sistemas inteligentes colaborarán de manera cotidiana? La respuesta difícilmente depende de quién adquiera primero la herramienta más sofisticada y depende más de la capacidad institucional para transformar la manera en que enseña, investiga, opera y toma decisiones.
La adopción avanza con enorme rapidez, mientras la creación de valor continúa siendo limitada. El 92 % de los estudiantes encuestados por McKinsey en América Latina utiliza inteligencia artificial con regularidad, una cifra superior al promedio mundial registrado en 2024 y el 84 % de los líderes administrativos universitarios manifiesta preocupación por el efecto que la IA tendrá sobre los empleos de entrada. Además, el 65 % de los estudiantes teme que el aprendizaje se vuelva más superficial, y el 64 % de los líderes administrativos anticipan una transformación profunda de la educación superior.
¿Dónde se ubica Colombia?
La IA agéntica no debe entenderse como una colección de aplicaciones aisladas y debe responder a objetivos estratégicos claros, fortalecer la misión institucional, potenciar la enseñanza, el aprendizaje, la gestión y la toma de decisiones, siempre preservando el papel central de la experiencia humana. Este punto resulta especialmente pertinente para Colombia. Durante años, numerosas instituciones han incorporado herramientas digitales mediante proyectos piloto que rara vez logran escalar.
Intentar transformar toda la institución simultáneamente suele resultar excesivamente complejo, mientras que concentrarse únicamente en casos de uso aislados produce impactos demasiado pequeños. El equilibrio aparece en la transformación de dominios completos durante horizontes de entre seis meses y un año.
Enseñanza, investigación y asistentes virtuales
McKinsey explica que una primera transformación ocurre en la enseñanza y el aprendizaje, donde la IA agéntica tiene el potencial de redefinir por completo la experiencia educativa. No se trata únicamente de incorporar tutores inteligentes o plataformas digitales, sino de construir un modelo capaz de acompañar al estudiante durante todo su recorrido académico. La combinación de sistemas de alerta temprana, analítica predictiva y acompañamiento personalizado pueden fortalecer la retención y el éxito estudiantil.
La segunda transformación se produce en la investigación con el fin de multiplicar la capacidad de generación y transferencia de conocimiento de las universidades. Más allá de acelerar tareas como la revisión de literatura o la preparación de propuestas de investigación a través de LLMs, esta tecnología permite fortalecer capacidades estratégicas que determinan la competitividad de una institución. Desde el desarrollo de infraestructura especializada y plataformas compartidas de IA, hasta la creación de alianzas con la industria, la IA puede convertirse en un catalizador para ampliar el alcance de la investigación. A ello se suma la posibilidad de impulsar la comercialización del conocimiento mediante patentes y spin-offs, así como atraer y desarrollar talento especializado en inteligencia artificial.
La tercera transformación tiene lugar en la operación institucional. La IA agéntica puede convertir a la universidad en una organización mucho más ágil, eficiente y sostenible. La automatización inteligente de procesos administrativos, la optimización del ciclo financiero, la asignación dinámica de becas, la gestión de cobranzas, y el fortalecimiento de los servicios estudiantiles mediante asistentes virtuales permiten elevar simultáneamente la productividad y la experiencia del usuario. Esta transformación consiste en liberar capacidad institucional para que la universidad pueda concentrar más recursos, talento y tiempo en aquello que realmente constituye su misión, formar mejores profesionales, generar conocimiento relevante y ampliar su contribución al desarrollo del país.
¿Cómo medir el éxito de estas transformaciones? Tomemos como ejemplo la retención de estudiantes y la captación de solicitantes de ingreso. Con la implementación de las características de la primera transformación, podríamos reimaginar procesos y workflows completos para lograr pasar de 88.1% a 93% y de 25% a más del 80%, respectivamente. Un salto enorme.
Una promesa en construcción
Las universidades de Colombia se rigen en un mercado más maduro y con poco crecimiento presencial año con año. Por lo tanto, las transformaciones que las universidades puedan adoptar para la educación online serán clave y un vector de crecimiento importante. Otros aspectos importantes que deben considerar las universidades son, siguiendo el ejemplo anterior, las estrategias de retención y los beneficios al estudiante en cuanto a servicios. Cabe recordar que Colombia tiene menos apoyo estatal que otras naciones latinoamericanas, como Chile, en este aspecto educativo.
No obstante, la promesa de la IA en nuestro país se materializará sólo si las universidades asumen la transformación como una decisión estratégica de largo plazo. El diferencial está en quién logre rediseñar su universidad alrededor de nuevas formas de enseñar, investigar y gestionar, colocando siempre a las personas en el centro de esa transformación.
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