El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado lunes 10 de agosto ha sumido al país en un estado de emergencia económica, declarado por el presidente Abelardo de la Espriella solo tres días después de su posesión.
Con un epicentro localizado en San José del Palmar, Chocó, este desastre es considerado el sismo más potente que ha golpeado a la nación en este siglo, dejando hasta el momento una centena demuertos y al menos la misma cantidad de heridos.
El impacto físico del sismo ha sido devastador para la conectividad del país. Se han reportado cierres totales y parciales en corredores viales críticos de los departamentos de Tolima, Quindío, Caldas y Valle del Cauca.
Entre los daños más graves destaca la caída del puente Mariano Ospina en el corredor La Unión-La Victoria y cierres totales en las vías Pereira-Chinchiná y Cali-Loboguerrero.
El puerto de Buenaventura, nodo vital por donde transita más del 60 % del café colombiano de exportación, se encuentra en una situación crítica. Aunque se ha habilitado un paso controlado para vehículos livianos y de emergencia en el corredor Buga-Buenaventura, la operación exportadora permanece pausada.
Según Gustavo Gómez, presidente de Asoexport, no hay un cronograma claro para la reapertura total, lo que pone en riesgo el despacho de unos 250.000 sacos de café a la semana.
¿Un impulso al crecimiento económico?
A pesar de la destrucción, los analistas proyectan un efecto mixto en el Producto Interno Bruto (PIB). Oxford Economics estima un impacto directo de 0,2 %-0,4 % al PIB debido al sismo, aunque mantiene su pronóstico de crecimiento anual en 3 % para 2026, confiando en que el gasto en reconstrucción compensará la caída inicial de la demanda privada.
Por su parte, Munir Jalil, economista jefe para la región Andina en BTG Pactual, señaló que, si bien habrá una disrupción negativa inmediata, el impacto de reconstrucción es 100 % positivo como fuente aceleradora del PIB en el mediano plazo.
En una línea similar, Luis Fernando Mejía, CEO de Lumen Economic Intelligence, afirmó que “la reconstrucción de infraestructura pública y de viviendas debería generar un impulso al PIB, principalmente a través de la construcción”, aunque advirtió que este crecimiento no compensa la pérdida de bienestar y vidas humanas.
El desafío fiscal: Un margen de maniobra reducido
La mayor preocupación reside en las finanzas públicas. El país ya enfrentaba un panorama fiscal tenso antes de la tragedia. Luis Fernando Mejía detalló que el costo de la reconstrucción podría ubicarse entre el 1 % y el 2 % del PIB (aproximadamente entre $19 billones y $38 billones), un reto enorme considerando que el choque ocurre con un déficit cercano al 8 % del PIB.
Andrés Pardo, responsable de la estrategia macroeconómica para América Latina en XP Investments, recordó que en el terremoto de 1999 los recursos para reconstrucción sumaron cerca del 1 % del PIB distribuidos en tres años y subrayó que, aunque Colombia cuenta con instrumentos como una línea de crédito del Banco Mundial por US$450 millones (0,1 % del PIB) y otra del BID por US$400 millones, las necesidades finales podrían ser mucho mayores.
Desde Oxford Economics advierten que el gasto extra “plantea desafíos al ya amplio déficit fiscal”, el cual proyectaban en 7,1 % del PIB para este año antes del evento. Mejía añadió que un Estado con márgenes fiscales reducidos tiene también “una menor capacidad para reaccionar”, lo que podría obligar a revisar la promesa de no aumentar impuestos.
Inflación y comercio bajo presión
En cuanto a los precios, se anticipan presiones temporales. Munir Jalil explicó que los cierres de vías generan un problema de logística y de distribución que “puede llevar a que los precios en un primer momento se incrementen”, especialmente en productos importados y alimentos. Jalil prevé un impacto visible en las mediciones de inflación de agosto y septiembre.
No obstante, Oxford Economics mantiene su previsión de inflación para el cierre de 2026 en 6,2 %, considerando que cualquier disrupción en la oferta será mínima a nivel macroeconómico. Luis Fernando Mejía coincidió en que los efectos en precios de alimentos serán “transitorios y específicos a las zonas afectadas”, sin cambiar sustancialmente las expectativas generales.
Para mitigar el golpe, el gobierno ha creado el Fondo Milagro para canalizar recursos hacia la recuperación de hospitales, escuelas y vías, además de anunciar subsidios de arriendo y alivios en servicios públicos para los damnificados. La recuperación total de la economía colombiana dependerá ahora de la celeridad con la que el Ejecutivo logre ejecutar estos fondos sin desestabilizar aún más el precario equilibrio fiscal de la nación.




