A primera vista, el mercado laboral colombiano atraviesa un momento de dinamismo excepcional, con una tasa de desocupación del 9 % entre enero y junio de 2026, la cifra más baja para este lapso desde comienzos del siglo XXI. Sin embargo, detrás de este aparente optimismo agregado se esconde una realidad mucho más compleja y preocupante.
Un análisis del centro de pensamiento económico ANIF advierte que, aunque el país parece consolidar una senda de recuperación sobresaliente, con un crecimiento de la ocupación del 2,8 % en lo corrido del año y una tasa de informalidad que ha descendido hasta un mínimo histórico de 54 %, el mercado de trabajo colombiano padece un agudo deterioro estructural.

El documento señala que el país atraviesa por dos fenómenos críticos: la compresión salarial y la pérdida de calidad en los nuevos empleos creados. Por ello, los expertos sugieren revisar no solamente cuántos puestos se generan, sino en qué condiciones y bajo qué niveles de remuneración.
Más empleo, pero menos gente en el mercado
A pesar de que los números gruesos del desempleo son favorables, el análisis muestra que la creación de empleo viene perdiendo fuerza de manera acelerada. Mientras que en el acumulado de enero a junio de 2026 la ocupación creció a un ritmo de 2,8 %, en el mismo periodo del año anterior este indicador avanzaba a una tasa notablemente superior del 3,7 %.
Así mismo, la caída de 0,5 puntos porcentuales (pp) en la tasa de desocupación refleja una desconexión estructural: el aumento en la tasa de ocupación explicó una reducción de -1,4 pp al desempleo, pero la tasa global de participación contrarrestó parcialmente este efecto positivo con una contribución de 0,9 pp. Esto evidencia un patrón característico de la pospandemia en el cual el empleo crece, pero la participación laboral permanece estancada.
El dinamismo reciente tampoco es generalizado, sino que se concentra en sectores de baja tracción industrial. El 71,1 % del aumento de los ocupados en lo corrido del año se explica únicamente por tres ramas de actividad económica: administración pública, actividades profesionales y actividades artísticas y de entretenimiento.
Por el contrario, los sectores tradicionales con mayor capacidad de encadenamiento productivo y generación de valor agregado muestran aportes casi nulos o contractivos. El sector agropecuario registró una contribución negativa de -0,5 pp, el comercio retrocedió -0,1 pp, y la industria apenas logró un aporte marginal de 0,1 pp a la variación del empleo.
Muchos trabajadores ganando solo un mínimo
Uno de los hallazgos más alarmantes de ANIF es la consolidación de la compresión salarial, definida como una creciente concentración de trabajadores en torno al salario mínimo. El ingreso básico legal opera actualmente como un imán, atrayendo a este umbral a personas que antes percibían ingresos superiores y desplazando hacia abajo la distribución de ingresos generales.
La comparación anual entre 2025 y 2026 ilustra la velocidad de este declive, evidenciando diferencias marcadas entre los trabajadores según su tipo de vinculación.
Mientras los trabajadores asalariados que ganan menos de un mínimo pasaron de representar el 28,6 % en 2025 al 30 % en 2026, los que reciben más de este monto registraron un retroceso significativo, cayendo del 36,5 % en 2025 al 33,8 % en 2026.

Por su parte, los trabajadores independientes con un ingreso inferior al mínimo aumentaron levemente del 69,5 % en 2025 al 69,9 % en 2026 y aquellos que estaban por encima de esta referencia disminuyeron del 20,7 % en 2025 al 19,8 % en 2026.
Este comportamiento, según ANIF, demuestra una incapacidad estructural del mercado laboral para generar puestos de trabajo con remuneraciones competitivas y superiores a la base legal. Así, en la práctica, aunque el salario mínimo intente mejorar el ingreso de algunos asalariados formales de baja remuneración, el mercado colombiano está perdiendo la facultad de sostener salarios medios y altos.
A esto se suma el hecho de que, de acuerdo con el análisis, la masiva desaparición de puestos de trabajo con salarios superiores al mínimo sugiere que las nuevas ocupaciones se concentran en sectores poco productivos y de baja remuneración.
Esto se convierte en una bomba de tiempo silenciosa frente a la transición demográfica del país. En los próximos años, la progresiva disminución de la fuerza laboral disponible en Colombia implicará que el crecimiento de la economía nacional dependa en menor medida del volumen de personas empleadas y dependa de forma crítica de la productividad de cada trabajador activo.
La propuesta de ANIF para corregir el rumbo
El informe de ANIF es enfático en que si el empleo continúa precarizándose en actividades de baja productividad, la capacidad productiva del país enfrentará limitaciones severas para sostenerse en el mediano y largo plazo.
Además, pese a la reducción agregada, la informalidad laboral se mantiene en el 54 %. “Que más de cinco de cada diez colombianos sigan trabajando en el sector informal restringe sustancialmente su acceso a la seguridad social y los condena a una alarmante desprotección de cara a la vejez ante la falta de cotizaciones regulares al sistema de pensiones”, advirtió ANIF.
Superar la compresión salarial y el estancamiento de la productividad en Colombia exige, según ANIF, una acción decidida en políticas de capital humano y adopción tecnológica.
Sus propuestas orientadas a subsanar estas fallas estructurales incluyen el desarrollo de un sistema educativo flexible que prepare de manera continua a la población para las habilidades que verdaderamente está demandando el mercado, robustecer esquemas de formación técnica ágiles y programas de certificación que faciliten la movilidad laboral, y priorizar de manera transversal el aprendizaje de destrezas digitales, analíticas, relacionadas con IA y de habilidades socioemocionales clave en el nuevo entorno corporativo internacional.
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