La advertencia del agro al Gobierno Petro: productores de granos encienden las alarmas

La producción de granos en Colombia pierde terreno frente a las importaciones. Nuevas cifras del agro revelan señales que preocupan.

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La seguridad alimentaria de Colombia vuelve a estar en el centro del debate económico y agrícola. Productores de granos encendieron una alerta sobre el creciente peso de las importaciones frente a la producción nacional, una tendencia que —según cifras del sector— se ha profundizado en la última década y plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del agro colombiano. 

El llamado proviene de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), que analizó la evolución del mercado de granos desde 2012 hasta el primer semestre de 2025.  

Los resultados muestran una caída progresiva de la participación del producto nacional en el abastecimiento interno, incluso en cultivos estratégicos como el maíz y el fríjol, pilares de la dieta colombiana y de la industria de alimentos. 

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De acuerdo con el gremio, Colombia consume anualmente cerca de 260 millones de sacos de cereales, leguminosas y soya, pero cerca del 85 % de ese volumen proviene del exterior, mientras que apenas 15 % corresponde a producción nacional.  

Esta brecha, que se ha ampliado con el paso de los años, refleja un escenario de creciente dependencia de los mercados internacionales.  

El retroceso del maíz nacional 

Uno de los ejemplos más claros de esta tendencia es el mercado del maíz, uno de los insumos clave para la industria de alimentos balanceados y la cadena pecuaria. 

Economía colombiana

En 2012, el maíz amarillo nacional representaba el 25 % de la demanda, mientras que el maíz blanco cubría el 93 % del consumo interno. Sin embargo, la participación local comenzó a reducirse progresivamente a medida que aumentaban las importaciones y se consolidaban factores como el crecimiento poblacional, la expansión del sector pecuario y la apertura comercial.  

Para 2020, la demanda de maíz amarillo alcanzó 6,65 millones de toneladas, pero la participación nacional se redujo a 14 %, mientras que el maíz blanco nacional representó apenas 50 % del mercado

Las cifras más recientes profundizan la tendencia. Durante el primer semestre de 2025, el maíz amarillo producido en Colombia participó con apenas 7 % de la demanda, mientras que el maíz blanco alcanzó 47 %, niveles considerablemente inferiores a los registrados más de una década atrás.  

El fenómeno responde a múltiples factores: precios internacionales más competitivos, reducción de aranceles, condiciones climáticas adversas y un dólar relativamente débil que favorece las compras externas. 

Los datos de 2024 reflejan con claridad el peso de las importaciones en el mercado colombiano. Ese año la demanda total de maíz —entre amarillo y blanco— alcanzó 8,38 millones de toneladas

De ese total, 81,4 % correspondió a importaciones (6,82 millones de toneladas), mientras que 18,6 % fue cubierto por producción nacional (1,55 millones de toneladas).  

Para 2025, con cifras estimadas, la participación nacional podría reducirse aún más: de una demanda proyectada de 8,99 millones de toneladas, cerca de 85,3 % provendría del exterior, mientras que el aporte local caería a 14,7 %

El giro en el mercado del fríjol 

El fríjol, otro alimento básico en la dieta colombiana, también evidencia cambios estructurales. 

En 2012, la demanda del grano era de 184.770 toneladas y la producción nacional abastecía 77 % del consumo, mientras que las importaciones representaban solo 23 %

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Durante varios años el fríjol nacional mantuvo una fuerte presencia en el mercado. Sin embargo, el panorama comenzó a cambiar en la última década. Para 2022, las importaciones ya representaban 32 % del consumo, proporción que se mantuvo hasta 2024. 

La situación dio un giro más marcado en 2025. Según las cifras del gremio, 67 % del fríjol consumido en el país provino del exterior, mientras que la producción nacional cubrió 33 % del mercado, reflejando una caída acelerada de la oferta local.  

Un comportamiento distinto en la soya 

A diferencia del maíz y el fríjol, la soya ha mostrado una dinámica parcialmente más favorable para la producción nacional. 

Entre 2012 y 2024, la producción local de este grano creció de forma sostenida y acumuló un incremento cercano al 137 %, lo que permitió que el abastecimiento nacional cubriera 35 % de la demanda de grano de soya en 2024

No obstante, cuando se analiza el mercado total —que incluye la transformación industrial y derivados como la torta de soya— la dependencia externa sigue siendo significativa. 

En 2024, la demanda total de soya en Colombia alcanzó 2,95 millones de toneladas, de las cuales 92 % fueron importadas y apenas 8 % correspondieron a producción nacional. Para 2025, las estimaciones muestran una participación local cercana a 7,2 %.  

El llamado de los productores de granos al  

Ante este panorama, Fenalce ha insistido en la necesidad de adoptar medidas estructurales que fortalezcan la competitividad del agro colombiano. 

La advertencia del agro al Gobierno Petro: productores de granos encienden las alarmas

El gerente general del gremio, Arnulfo Trujillo Díaz, señaló que el país requiere un marco normativo y políticas que respalden la producción nacional. “Se debe analizar la ley actual del sector agropecuario; necesitamos una ley fuerte que respalde el sector”, afirmó. 

El dirigente también planteó la necesidad de impulsar instrumentos como créditos oportunos, seguros de cosecha eficientes, infraestructura de almacenamiento y secado, acceso a maquinaria y contratos de cosecha a futuro, con el fin de mejorar la rentabilidad del productor y reducir la dependencia de importaciones.  

Entre las propuestas del gremio también figura la creación de un “Sello Nacional de Abastecimiento” para empresas que prioricen la compra de materias primas agrícolas colombianas, así como el diseño de acuerdos de comercialización entre productores e industria. 

Para el sector productivo, el desafío no se limita a aumentar las áreas de siembra, sino a mejorar la productividad, fortalecer la infraestructura rural y cerrar brechas tecnológicas en prácticas agrícolas. 

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Con el país entrando en un nuevo ciclo político y económico, la seguridad alimentaria podría convertirse en uno de los temas centrales de la agenda pública. El comportamiento de las importaciones, los incentivos a la producción local y las decisiones de política agrícola serán factores clave para determinar si Colombia logra reducir su dependencia externa o si esta tendencia continuará ampliándose en los próximos años.