El ahorro que puede salvar sus finanzas y que pocos hogares en Colombia tienen 

Entre arriendo, mercado y deudas, muchos hogares en Colombia viven al día sin lograr ningún ahorro. Así puede cambiar ese panorama.

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Para muchas familias en Colombia, el mes no se organiza: se sobrevive. Entre arriendo, mercado, transporte, servicios públicos y deudas acumuladas, buena parte de los hogares pasa las semanas esperando la siguiente quincena para ponerse al día con facturas, cubrir atrasos y evitar que el déficit siga creciendo, sin lograr ningún tipo de ahorro.

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Por ese motivo, hablar de planeación financiera suena lejano para quienes apenas logran cerrar el mes sin recurrir a crédito, ayudas familiares o pagos aplazados. 

Los datos oficiales ayudan a entender por qué. En la encuesta Capacidades financieras en Colombia, elaborada por el Banco Mundial con apoyo del Banco de la Repúblicael 65 % de la población manifestó que no tiene suficiente dinero para cubrir los gastos básicos, ya sea en forma habitual u ocasional.  

El mismo estudio encontró que el 72 % no usa productos de ahorro, una señal de la baja capacidad de reserva que persiste incluso cuando las personas sí participan, de alguna forma, en el sistema financiero. 

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La fragilidad no solo se refleja en la falta de ahorro, sino también en la dificultad para mirar más allá del corto plazo. El Banco Mundial encontró que 25 % de los colombianos tiene un horizonte de planificación financiera de menos de una semana, mientras 21 % planea entre una semana y menos de un mes

En otras palabras, casi la mitad de la población se mueve con márgenes temporales muy cortos, una condición que vuelve más difícil construir un fondo de emergencia o tomar decisiones financieras estratégicas. 

Qué es un colchón financiero y por qué es clave para las familias 

En ese escenario, el llamado “colchón financiero” vuelve a ocupar un lugar central en la conversación económica. Angie Katherin Bello Rueda, docente del programa virtual de Finanzas y Relaciones Internacionales de Areandina, lo resume así: “Cuando la inflación presiona alimentos, arriendos y servicios, el problema no es solo de hábitos, es que el ingreso alcanza justo”. 

La afirmación cobra sentido en un contexto donde los hogares no solo enfrentan precios altos, sino también una cultura de consumo en la que el crédito suele usarse para resolver el presente.  

El resultado, según la experta, es una dinámica conocida: se cubre el hoy con deuda y se compromete el ingreso del mañana. 

Por eso, tener un colchón financiero real no equivale a guardar dinero de forma ocasional. Implica construir una reserva capaz de cubrir gastos fijos sin acudir al endeudamiento. 

Un colchón real es la diferencia entre reaccionar con angustia y responder con estrategia”, explica Bello. 

Desde una perspectiva práctica, ese fondo sirve para absorber choques cotidianos que, en muchos hogares, terminan convirtiéndose en crisis: una urgencia médica, una reparación del carro, una caída en ventas o la pérdida temporal del empleo.  

Para el ciudadano del común, el beneficio es concreto: poder resolver un imprevisto sin desbaratar todo el presupuesto del mes ni entrar en una cadena de intereses que luego toma meses desmontar. 

Cómo empezar a construir un ahorro y tener su colchón financiero 

El primer paso, dice la experta, no es necesariamente ganar más, sino entender mejor en qué se va el dinero. Ahí aparecen las llamadas “fugas invisibles”: suscripciones que no se usan, domicilios repetidos, compras pequeñas impulsivas, pagos mínimos de tarjetas o intereses por mora.  

Aunque aislados parecen menores, juntos pueden consumir una porción significativa del ingreso disponible. Frente a eso, Bello propone un ejercicio sencillo, pero potente: registrar todos los gastos durante 30 días. 

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La educación financiera empieza cuando dejamos de justificar el gasto emocional y lo miramos con datos”, afirma. 

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La idea es clasificar luego esos desembolsos entre necesarios, ajustables y prescindibles para identificar patrones que normalmente pasan desapercibidos. 

Con ese diagnóstico en la mano, la construcción del colchón financiero puede empezar incluso en hogares con ingresos estrechos. La primera recomendación es fijar una meta inicial realista: no arrancar pensando en tres meses de gastos, sino en completar primero un mes. Ese objetivo intermedio hace visible el avance y ayuda a sostener el hábito de ahorro. 

La segunda es separar el dinero apenas entra el ingreso, aunque sea una fracción pequeña. La lógica es simple: lo que permanece en la cuenta principal tiende a gastarse. 

La tercera apunta a abrir una cuenta o bolsillo aparte solo para emergencias, idealmente sin tarjeta asociada, para reducir la tentación de usar esos recursos en consumo cotidiano. 

La cuarta recomendación es atacar la deuda más cara. En la práctica, pagar primero tarjetas de crédito o créditos de consumo con tasas altas puede liberar más rápido capacidad de ahorro que cualquier ajuste marginal en otros rubros. 

Y la quinta es automatizar lo posible: programar transferencias pequeñas e incorporar ingresos extraordinarios, como primas o devoluciones, al fondo de emergencia. 

La experta plantea además una ruta de 12 meses para pasar de la improvisación a una estructura mínima de respaldo. En los primeros dos meses, el foco debe estar en el registro de gastos y el cierre de fugas. En el tercero, en activar el ahorro automático y separar una cuenta específica. 

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Entre los meses cuatro y seis, la meta puede ser completar el equivalente a un mes de gastos y reducir deuda costosa. En los meses siguientes, el porcentaje de ahorro puede aumentar a medida que baja la presión financiera.