El cierre prolongado del Estrecho de Ormuz, que comenzó el 28 de febrero, podría extenderse hasta mediados de abril, según analistas. Esta interrupción motivó una revisión al alza las proyecciones del crudo Brent, lo que se traduce en un aumento de la inflación, según Goldman Sachs.
Un reciente informe advierte que los precios del petróleo alcanzarán picos más altos y mostrarán un descenso mucho más lento de lo previsto debido a la necesidad de reponer las reservas estratégicas globales. De hecho, señala que, en el escenario más pesimista, los daños a la infraestructura energética podrían reducir la capacidad de producción mundial durante años.

Los cálculos de Goldman Sachs anticipan que el aumento en los costos de la energía disparará la inflación general global en el corto plazo entre 0,8 puntos porcentuales (pp) en un escenario base y hasta 2 pp en un escenario severamente adverso durante el próximo año.
Sin embargo, a diferencia de la crisis de 2021, se espera que la inflación subyacente se mantenga más controlada, con incrementos de entre 0,2 pp y 0,5 pp según la gravedad del escenario. Esto se debe a que las interrupciones actuales están concentradas exclusivamente en la energía del Medio Oriente y a que la demanda global actual es moderada, lejos de los niveles expansivos de la pospandemia.
El banco anticipó que Europa será la región más afectada por el incremento adicional en los costos de calefacción y electricidad, mientras que China sentirá un impacto menor debido a su mayor dependencia del carbón.

De otro lado, habría un impacto negativo sobre el Producto Interno Bruto (PIB) global, restando entre 0,4 pp y 1,2 pp al crecimiento mundial, de acuerdo con el informe. Países como India y otros de la Eurozona verían las contracciones más fuertes, mientras que Estados Unidos experimentará un crecimiento por debajo de su tendencia, situándose entre el 1,25 % y 1,75 % para la segunda mitad del año.
Latinoamérica en una posición atípica
Las proyecciones de Goldman Sachs muestran una excepción notable para Latinoamérica.
A diferencia de la tendencia global, se proyecta que la región experimente un impacto positivo en su crecimiento económico, con un incremento de 0,5 pp en el escenario base que podría llegar hasta 1,2 pp en el escenario más adverso.

Este impulso se debe a su posición como exportadora de materias primas, lo que compensaría los efectos negativos del encarecimiento energético.
No obstante, la región no escapará a las presiones inflacionarias, con un aumento previsto de hasta 1,2 pp en su inflación general si la crisis se agrava.
Además, el enfriamiento económico global tendría repercusiones directas en el mercado laboral. En Estados Unidos, por ejemplo, se espera que la tasa de desempleo suba hasta el 4,6 % en el escenario base, pudiendo alcanzar el 4,9 % si las condiciones empeoran.
Esta debilidad cíclica podría verse agravada por la creciente automatización impulsada por la IA, ya que las empresas suelen buscar eficiencias durante periodos de desaceleración.
En cuanto a la política monetaria, los bancos centrales enfrentan caminos divergentes. Por un lado, sobre la Reserva Federal se mantienen las previsiones de dos recortes de tipos de 25 pb para finales de 2026, aunque los mercados han sobrereaccionado recientemente apostando por subidas.

Por otro, es probable que el Banco Central Europeo (BCE) realice un par de subidas de 25 pb en los próximos meses ante su mayor exposición al choque energético, mientras que no se esperan recortes para este año en el Banco de Inglaterra, incluso existe la posibilidad de una subida de tipos en abril.
Finalmente, el mercado de divisas muestra un dólar estadounidense comercialmente plano. Aunque se espera que la moneda inicie un descenso a largo plazo, los analistas advierten que esta tendencia no se materializará hasta que comience una desescalada real en el conflicto del Medio Oriente.
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