Las proyecciones más recientes de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por su sigla en inglés) confirman lo que gremios y analistas del sector vienen advirtiendo desde hace más de dos años: Colombia dejó de ser un actor relevante en el mapa petrolero regional.
Mientras Brasil, Argentina e incluso Guyana —un país que hace una década prácticamente no producía crudo— aceleran su producción, Colombia se estancó y, según las cifras, podría ceder terreno también frente a Ecuador en los próximos años.
De acuerdo con el reporte de la IEA, la producción colombiana de crudo pasaría de un promedio de 0,76 millones de barriles diarios (mbd) en 2025 a 0,74 mbd en 2026 y a apenas 0,71 mbd en 2027, con una trayectoria descendente que se profundiza trimestre a trimestre.

En contraste, Brasil —ya el gigante regional— seguiría escalando de 7,0 mbd en 2025 a más de 8 mbd en 2027, consolidándose como el mayor productor de Suramérica por un margen abismal.
Pero el dato que más debería encender las alarmas colombianas es el de Argentina. El país austral pasaría de 0,94 mbd en 2025 a 1,06 mbd en 2026 y 1,15 mbd en 2027, es decir, ya produce más crudo que Colombia y la brecha se ampliará año tras año gracias al boom no convencional de Vaca Muerta.
Ecuador, por su parte, tendrá una producción de 0,45 mbd en 2026 siendo un país bastante más pequeño que Colombia y en donde se ha mantenido el impulso.
Destaca el caso de Guyana que hace apenas una década no tenía una industria petrolera desarrollada y que hoy produce 0,71 millones de barriles diarios y en el 2027 ya superará el millón de barriles dejando a Colombia relegado en la competencia regional.



La causa: cinco años sin nuevos contratos de exploración
El hecho de que Colombia se quedó atrás entre productores de petróleo de América Latina no es casualidad ni un simple ciclo de mercado: es el resultado directo de una decisión de política pública.
Desde su llegada al poder, el Gobierno de Gustavo Petro suspendió la firma de nuevos contratos de exploración de hidrocarburos como parte de su estrategia de transición energética, una medida que —según la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas (ACP)— ha provocado una caída de más del 60 % en la actividad exploratoria durante los últimos tres años.
El gremio advierte que al país solo le quedan 70 pozos comprometidos para perforar entre 2026 y 2030, y que sin nuevos incentivos la actividad exploratoria podría prácticamente extinguirse antes de que termine la década.
A esto se suma una carga tributaria creciente sobre el sector, con reformas que han incrementado el peso fiscal sobre las petroleras justo cuando se necesitaba lo contrario: previsibilidad para atraer capital de riesgo.
La ACP calculó que la inversión en exploración y producción de petróleo y gas cayó a US$4.330 millones en 2024, un 10 % menos que el año anterior, y el gremio proyecta una nueva contracción en 2026.
El resultado es un círculo vicioso: menos pozos exploratorios, menos reservas repuestas —las de gas ya cayeron 57 % en una década— y una producción que, según la propia ACP, entraría en caída acelerada a partir de 2027.
El contraste con Vaca Muerta en Argentina
Mientras Colombia asfixió a su industria petrolera con impuestos y veda de contratos, Argentina hizo exactamente lo contrario. A través del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), creado en 2024 para dar estabilidad tributaria y cambiaria a proyectos de gran escala, el país atrajo compromisos de inversión que ya rondan los US$140.000 millones, según cifras del Ministerio de Economía.
Solo en el sector de hidrocarburos, YPF -empresa de mayoría estatal- presentó un proyecto de US$25.000 millones en Vaca Muerta que proyecta generar más de US$100.000 millones en exportaciones durante su vida útil, mientras Chevron y Pluspetrol sumaron otros US$22.000 millones en nuevos compromisos.
Ese es el contraste que la tabla de la IEA deja en evidencia: no se trata de que Colombia carezca de potencial geológico, sino de que la política energética de los últimos años apagó el incentivo a invertir justo cuando los vecinos lo encendieron.
Cada barril que Colombia deja de producir no solo es una cifra menor en la estadística internacional; es menos regalías, menos impuesto de renta del sector, menos divisas y menos autosuficiencia energética para un país que, de seguir esta tendencia, podría convertirse en importador neto de crudo antes de lo que muchos anticipan.
El gobierno entrante de Abelardo de la Espriella ya anunciado que, pese a que heredará un sector con las reservas más bajas en años y una ventana de tiempo cada vez más estrecha para revertir la tendencia, generará los espacios para recuperar la confianza, la inversión y la producción de petróleo y gas.
Eso irá acompañado de la reactivación de los proyectos de fracking en zonas como el Magdalena Medio en donde, según cálculos de los expertos, podría cuadruplicar las reservas de gas y duplicar las de petróleo.




