Para muchos colombianos, un dólar en niveles cercanos a los $3.000 vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que va más allá de cuánto cuesta viajar o comprar por internet: ¿es momento de comprar dólares o incluso invertir en ellos pensando que pueden seguir subiendo después? La cotización actual resulta atractiva frente a los niveles que se observaron meses atrás, pero expertos llaman a no confundir un precio favorable con una garantía de ganancias.
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Este martes 25 de agosto, el mercado cambiario colombiano mostró justamente por qué esa precaución es importante. La divisa abrió alrededor de $3.050, llegó a un mínimo intradiario de $3.043 y posteriormente aumentó hasta tocar $3.093. Al cierre de la jornada, la cotización reportada fue de $3.090,15, un repunte de $33,15 frente a la sesión anterior, cuando había terminado en $3.057.
La diferencia frente al comienzo de 2026 es considerable. El 2 de enero, la TRM del dólar se ubicó en $3.757,08. Es decir, el dólar está hoy $700,57 por debajo del nivel con el que comenzó el año, una reducción de 18,6 %.
Los riesgos de invertir con el dólar barato sin pensar en otras variables
Un dólar más bajo tiene un efecto directo para quienes necesitan comprar bienes o servicios en moneda estadounidense. Un viaje al exterior, una reserva de hotel, una compra internacional, una suscripción o determinados servicios cotizados en dólares pueden requerir menos pesos cuando la tasa de cambio disminuye.
Pero también puede despertar interés entre personas que no necesitan dólares inmediatamente y que piensan comprarlos como una inversión, esperando venderlos posteriormente a un precio mayor.

Ahí aparece la primera advertencia: comprar dólares no garantiza una rentabilidad. Si después el peso continúa fortaleciéndose y el dólar baja, quien compró la divisa podría terminar vendiéndola a un precio inferior.
El análisis sobre el comportamiento del dólar realizado por Bravo, plataforma de solución de deuda, plantea precisamente que la coyuntura favorable puede ser aprovechada por quienes ya tienen planeado un gasto en dólares, pero no debería convertirse en una razón para asumir obligaciones financieras adicionales.
“Una tasa de cambio favorable puede representar una oportunidad para quienes ya tienen planeado un gasto en dólares, pero no debería ser el motivo para asumir una nueva deuda”, explican los expertos de Bravo.
Para una persona que necesitara comprar US$1.000, por ejemplo, la diferencia sería significativa: con una tasa de $3.056,51, esos dólares representarían cerca de $3,06 millones. Al precio de referencia de comienzos de enero, el mismo monto habría costado alrededor de $3,76 millones.
Sin embargo, ese cálculo sirve para entender el ahorro potencial de una tasa baja, no para asumir que el dólar necesariamente volverá a subir. Ese es precisamente el riesgo para quien compra dólares únicamente con la expectativa de obtener una ganancia posterior. Si la tasa continúa bajando, la inversión puede perder valor cuando se convierta nuevamente a pesos.
La situación cambia todavía más cuando el consumidor necesita financiar la compra. Bravo advierte que el hecho de que un producto, un viaje o un servicio resulte temporalmente más económico en pesos no significa que sea conveniente pagarlo mediante crédito. En una compra realizada con tarjeta en dólares, además, el valor final puede depender de la tasa aplicable a la operación y de las condiciones específicas de la tarjeta.
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Por eso, antes de diferir una compra internacional, el consumidor debería mirar cuánto terminará pagando en total, y no únicamente cuánto representa la cuota mensual. Por ejemplo, una persona puede encontrar hoy un viaje que le cuesta US$1.500 y considerar que el dólar bajo es una oportunidad. Si tiene el dinero presupuestado para viajar, la tasa puede jugar a su favor. Pero si necesita financiar esos US$1.500 con una tarjeta y posteriormente el dólar sube, podría enfrentar simultáneamente un mayor costo en pesos y los intereses propios de la financiación. En ese escenario, el supuesto ahorro cambiario puede terminar siendo mucho menor de lo esperado.
¿Qué pasa con quienes quieren comprar dólares para invertir?
Aquí también es necesario separar dos decisiones. Una persona que compra dólares porque tendrá un gasto futuro en Estados Unidos está adquiriendo una moneda que necesita. En cambio, quien compra dólares únicamente esperando venderlos posteriormente más caros está tomando una posición frente al comportamiento de la tasa de cambio.
La segunda decisión implica riesgo. El dólar puede subir, pero también puede bajar. Factores internacionales, los precios de las materias primas, los flujos de capital, las decisiones de bancos centrales y las condiciones económicas de Colombia pueden modificar la relación entre el peso y la moneda estadounidense.
Por eso, un precio bajo por sí solo no permite determinar que una inversión sea conveniente. El análisis de Bravo recomienda pensar en distintos escenarios y no asumir que las condiciones actuales permanecerán indefinidamente. “La tasa de cambio puede subir o bajar por factores externos e internos, y el Banco de la República ha descrito recientemente el comportamiento del peso como volátil”, señala la firma.

La cotización sí tiene un efecto tangible sobre el presupuesto de los viajeros colombianos. Según el Travel Trendline 2026 de Mastercard citado por Bravo, 81 % de los viajeros encuestados en Colombia afirma que las tasas de cambio influyen en la elección de sus destinos.
Eso significa que una tasa favorable puede convertirse en una oportunidad para quienes ya tenían previsto viajar y cuentan con recursos destinados para hacerlo. En ese caso, una estrategia prudente puede ser establecer primero cuánto dinero se puede gastar, comparar precios y aprovechar el nivel de la moneda sin comprometer recursos que deberían cubrir otros gastos.
La diferencia está en que el dólar barato puede ayudar a optimizar un presupuesto que ya existe, mientras que endeudarse para aprovecharlo convierte una ventaja cambiaria en una nueva obligación financiera.
Los especialistas de Bravo recomiendan revisar cuánto dinero queda disponible después de cubrir gastos básicos y otras deudas antes de asumir una nueva obligación. Una reducción temporal del dólar no modifica la capacidad mensual de pago de una persona.
La pregunta, por tanto, no debería ser únicamente cuánto cuesta hoy el dólar, sino si la compra seguiría siendo sostenible si la tasa cambia. Esto resulta especialmente relevante para los hogares que no cuentan con un ahorro suficiente para enfrentar imprevistos.
Como concluyen los expertos de la firma: “El mejor momento para aprovechar un dólar bajo es cuando la compra cabe dentro del presupuesto, no cuando obliga a crear una nueva deuda”.
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En otras palabras, un dólar barato sí puede representar una oportunidad para el ciudadano, pero no necesariamente una señal para invertir o endeudarse. La clave está en aprovechar la tasa cuando existe una necesidad real y capacidad de pago, sin asumir que el comportamiento favorable del peso está garantizado.




