Tras el cierre del viernes pasado en $3.720, el mercado cambiario colombiano retoma operaciones con una leve presión al alza, abriendo hoy en $3.725. La divisa amanece en medio de un torbellino de versiones encontradas: mientras Washington pregona avances diplomáticos, los ataques en Medio Oriente recrudecen, manteniendo al petróleo por encima de la barrera de los US$100.
A pesar de la volatilidad en las fronteras, el billete verde a nivel internacional muestra una calma técnica notable. Según JP Tactical Trading, el índice DXY mantiene un movimiento lateral, respetando con precisión los niveles de soporte (98,50 puntos) y resistencia (100,40 puntos).

Según la firma, este «descanso» global sugiere que los inversionistas están procesando la información fragmentada antes de tomar una dirección definitiva.
Para Colombia, los analistas de Credicorp Capital anticipan una tendencia alcista después de la ruptura del soporte de $3.712 que podría empujar la tasa de cambio hasta los $3.780, “movimiento que puede continuar influenciado por el desarrollo del conflicto en Irán y la noticia de la investigación en EE. UU contra el presidente Petro”.
Esta semana, el peso colombiano intentará digerir si el alza del petróleo actúa como un flujo de divisas favorable o si la aversión al riesgo global termina empujando al dólar hacia el techo de los $3.750. La atención también estará puesta en cualquier confirmación sobre el estado de la infraestructura en Arabia Saudita tras los ataques de anoche.
Brent recupera los US$100 tras ataques nocturnos
La tregua en los precios fue breve. Luego de una corrección que llevó al WTI hasta los US$88, la madrugada de este martes devolvió el nerviosismo a las pantallas de trading debido a una nueva escalada bélica.
Los precios del petróleo, que han sido el centro de la atención de los mercados desde el estallido de la guerra a finales de febrero, volvieron a subir por encima de los US$100 por barril. Los futuros con vencimiento en mayo del crudo Brent, el referente mundial del petróleo, subieron un 1,2 % hasta los US$101,12 por barril.
Las autoridades de Israel reportaron impactos procedentes de Irán en Tel Aviv. Simultáneamente, se registraron ataques con drones en Kuwait y Arabia Saudita, elevando el riesgo de suministro en los principales hubs de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
El Estrecho de Ormuz sigue virtualmente cerrado. Al bloquear esta vía (por donde pasa el 20 % del crudo mundial), Teherán mantiene bajo presión especialmente a las economías asiáticas, grandes importadoras de energía.
El presidente estadounidense asegura que las conversaciones van «por buen camino» y extendió a Irán un plazo de cinco días para reabrir el Estrecho de Ormuz. Sin embargo, Irán ha desmentido categóricamente la existencia de negociaciones, advirtiendo que no habrá cese al fuego hasta recibir una compensación total por los daños sufridos.
Esta contradicción mantiene a los inversionistas en un estado de cautela extrema, pues mientras el discurso político habla de desescalada, la realidad militar en el terreno muestra ataques sobre objetivos estratégicos en Líbano e infraestructura energética, de acuerdo con analistas de mercado.
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