En Colombia, durante la última década, se ha registrado una caída significativa de la inversión tanto como proporción del Producto Interno Bruto (PIB) como en términos reales, de acuerdo con el Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana.
Sin embargo, el Gobierno proyectó en el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP) de 2026 que la tasa de inversión aumentará desde los niveles actuales, cercanos al 17 % del PIB, hasta alcanzar un 23,4 % en el año 2035.
El informe del observatorio señala que esto implica recuperar cerca de 6,4 puntos porcentuales del PIB en tan solo diez años. Pero los académicos dudan de la viabilidad de este supuesto “teniendo en cuenta que de él dependen las estimaciones de crecimiento, recaudo tributario, deuda pública y cumplimiento de la regla fiscal”.

Para proyectar la tasa de inversión de Colombia y permitir comparaciones internacionales consistentes, el centro de pensamiento analizó la serie de la Formación Bruta de Capital (FBK) como porcentaje del PIB desde 1990.
Según ella, en 2025, Colombia registró una tasa de inversión de apenas el 17 % del PIB, ubicándose como uno de los niveles más bajos de las últimas dos décadas y quedando muy por debajo del promedio histórico del 18,6 % registrado desde 1990.
Así, el incremento proyectado por el MFMP sería casi equivalente a la pérdida sufrida en la última década, periodo en el que la inversión se desplomó entre 6,7 y 6,8 puntos porcentuales tras haber alcanzado un 23,8 % del PIB en el año 2015.
Las épocas doradas de inversión en Colombia
Históricamente, Colombia sí ha logrado incrementos iguales o superiores a los 6,4 puntos porcentuales de la inversión en periodos de diez años. Sin embargo, el Observatorio Fiscal fue enfático en que estos episodios ocurrieron en condiciones excepcionalmente favorables que hoy no existen.
Dichos incrementos se concentraron específicamente entre 1999-2009 y 2005-2015. En esos años, la economía se benefició de la recuperación posterior a la crisis de finales de los noventa, una mejora sustancial en las condiciones de seguridad nacional y un fuerte aumento de la inversión extranjera directa.
Bajo ese escenario favorable, la inversión aumentó un promedio de 8,4 puntos porcentuales del PIB, mientras que el PIB real se expandió un 55,1 %.
Para los expertos, hoy, la situación es radicalmente distinta. El retroceso de la inversión entre 2015 y 2025 no se debe únicamente a que la economía haya crecido a mayor ritmo que la inversión, sino a una contracción real en el volumen de los recursos invertidos.
Las cifras lo demuestran: mientras que el PIB real de Colombia aumentó un 27 % entre 2015 y 2025, la formación bruta de capital real sufrió una contracción del 9,1 % en el mismo lapso.
De hecho, el análisis histórico señala que cinco de los nueve mayores episodios de expansión de la inversión en Latinoamérica (registrados en Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú) alcanzaron su auge entre 2000-2010 y 2003-2013.
Este repunte coincidió con el auge de los precios de las materias primas (commodities), lo que sugiere que las etapas de mayor dinamismo inversor en la región no han sido necesariamente el resultado de políticas internas de los países, sino que dependieron de condiciones internacionales favorables que Colombia hoy no tiene garantizadas.
Colombia rezagado frente a sus pares en inversión
Además, al comparar la situación de Colombia con la de otros países de América Latina entre 2015 y 2025, se evidencian profundas asimetrías.
El Salvador lidera la región con una expansión del 122,4 % en la Formación Bruta de Capital, muy por encima del incremento del 28,6 % de su PIB. Por su parte, Paraguay, República Dominicana y Guatemala registraron avances más modestos pero positivos, logrando incrementos de +6,9 pp, +3,6 pp y +3,1 pp, respectivamente, con una inversión real creciendo más rápido que el PIB.
Argentina en cambio se mantuvo estancada, en consecuencia, el crecimiento de la inversión real y del PIB fueron prácticamente equivalentes.

Finalmente, Brasil, Ecuador y Perú, aunque redujeron su tasa de inversión como porcentaje del PIB, lo hicieron de manera relativa, es decir, su PIB creció más rápido que su inversión, pero sus economías continuaron ampliando su capacidad productiva real.
De este grupo de economías pares, Colombia fue el único país donde la pérdida de participación de la inversión estuvo acompañada por una reducción efectiva y real del volumen invertido (-9,1 %). Esto significa que el país no solo enfrenta un rezago comparativo, sino que debe revertir un retroceso material en su base productiva, de acuerdo con el centro de pensamiento.
Un crecimiento económico sin cimientos
Para el Observatorio Fiscal, este patrón de comportamiento económico donde el PIB crece mientras el capital físico se contrae abre un debate crucial sobre la sostenibilidad del desarrollo del país.
Según los expertos, la evidencia apunta a que el crecimiento económico de Colombia ha estado impulsado principalmente por el consumo de los hogares y no por la acumulación de capital productivo.
Este comportamiento es característico de una economía que consume más de lo que invierte para producir. De prolongarse en el tiempo, este modelo plantea serios interrogantes sobre el futuro de la productividad nacional, la competitividad frente a otros mercados y la generación de empleo de calidad.
A esto se suma el hecho de que, en el contexto actual, el país enfrenta múltiples vientos en contra que limitan la recuperación de la inversión, como el menor dinamismo de la inversión privada, los mayores niveles de incertidumbre a nivel internacional, las fuertes restricciones fiscales que acotan el margen de maniobra del Estado para impulsar la inversión pública y los rezagos persistentes en la ejecución presupuestal de proyectos clave de infraestructura.
En consecuencia, los académicos creen que para que Colombia regrese a una tasa de inversión cercana al 23 % del PIB, el país necesita revertir una década entera de contracción de inversión pública y privada, logrando que este indicador crezca a tasas muy superiores a las del PIB durante varios años seguidos.
Ante esta realidad, el nuevo Gobierno asumirá el reto estructural de crear las condiciones macroeconómicas y de confianza necesarias para transitar hacia un modelo de desarrollo respaldado por la inversión productiva.
“Esto exige orientar la política económica hacia inversiones públicas y privadas más eficientes y estratégicas, capaces de elevar la productividad, promover un crecimiento sostenible y traducirse en mayor bienestar para la población”, refiere el documento.
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